Por Carolina Alduvín
El domingo 1 de diciembre, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador completó su primer año de gobierno, celebrado con una magna concentración en el zócalo capitalino que, para llenarlo, el partido de gobierno recurrió a la gastada fórmula del acarreo de “simpatizantes”, evidenciado con los cientos de autobuses estacionados en calles y avenidas cercanas y múltiples denuncias. Mientras que, de manera espontánea y convocada por redes sociales, una marcha de opositores, igualmente multitudinaria, partió de la columna de la Independencia en Reforma y terminó en un acto de protesta pacífica en el Monumento a la Revolución. La pregunta que surge es: ¿los mexicanos tienen algo que celebrar? Veamos.
Después de 5 meses de transición, en los que los representantes de México se ausentaron de numerosas reuniones oficiales internacionales, debido a la incertidumbre que ocasionan los cambios de partido en el poder; de entrada AMLO cancela la ya iniciada construcción del nuevo aeropuerto capitalino en Texcoco, desechando una inversión estimada en 200 mil millones de pesos, alegando corrupción, sin dar un solo nombre y mucho menos iniciar procesos contra los presuntos responsables y, en seguida favorecer la construcción de otro, aledaño a una base militar, donde firmas consultoras contratadas por el mismo gobierno, han dictaminado que las supuestas ventajas comparativas son inexistentes y no aterrizarán aviones comerciales.
Luego, declara la guerra a la sustracción ilegal de combustibles, conocida como huachicoleo, sin haber estructurado plan alguno, se limita a ordenar el cierre de las válvulas de los oleoductos y ocasiona desabasto en una tercera parte del territorio, la muerte de 137 víctimas en la explosión de una estación de paso, y para maquillar el desastre, asigna a sus allegados la distribución de hidrocarburos por medio de pipas adquiridas sin transparencia alguna, mientras el robo sigue.
Los hospitales públicos sufren escasez de medicamentos, AMLO culpa a las farmacéuticas transnacionales y para “arreglar”, compra en el extranjero saltándose los procedimientos y pagando mucho más por ellos. En su cacareada “austeridad” recorta millones al deporte, ciencia, tecnología, cultura y otros, para pasarlos a programas que generan votos, como las becas a quienes no estudian ni trabajan. Renuncian el titular de Hacienda y el director del IMSS.
Impone a incondicionales que no reúnen los requisitos en la Comisión Nacional de Derechos Humanos y otros organismos autónomos. Cancela recursos a refugios para víctimas de violencia, programas de detección temprana de cáncer y guarderías infantiles. A los normalistas que secuestran autobuses los premian con plazas, los sindicatos de maestros se toman las carreteras y les entregan la función educativa, cuya calidad se deteriora cada día.
En Culiacán se registra el operativo antidrogas peor planeado de la historia, el cártel de Sinaloa se toma la ciudad y el gobierno se rinde al soltar a Ovidio Guzmán, humillando de paso al ejército. No se sabe cómo pactaron y ha resultado el año más violento, con más de 30 mil asesinatos no esclarecidos, incluyendo a mujeres y niños. El proyecto del Tren Maya no es más que un capricho del presidente, destruirá miles de hectáreas de selva, hábitat de muchas especies nativas y grupos indígenas, sin beneficio económico alguno; igual que la refinería Dos Bocas, además de innecesaria, nadie serio quiere construirla y el terreno sufre inundaciones periódicas.
El avión presidencial sigue sin venderse y el gobierno sigue pagando por su arriendo sin usarse; la sociedad se ha polarizado entre quienes condenan estos desaciertos y quienes se tragaron que vivirían mejor. Lo cierto es que se reporta crecimiento económico del 0%, se han perdido más de 75 mil empleos entre los recortes y el haber ahuyentado a los inversionistas extranjeros; la corrupción sigue tan rampante como en los mejores tiempos del PRI, hay reconocidos corruptos entre sus protegidos. Canceló el Seguro Popular, lo que está dejando muchas muertes por cáncer, incluyendo niños. No hay becas para universitarios, seguridad, posturas firmes ante USA, desarrollo económico o apoyo al campo; en política exterior se otorga ayuda a otros países, antes que a los nacionales, no hay servidores públicos preparados, apoyo a la sociedad civil organizada, se da refugio a un dictador y un largo etcétera. Nada que celebrar mexicanos.