Por Óscar Lanza Rosales
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En la primera parte de este artículo, comencé a explicar el estallido social violento que se ha producido en el último año, en más de 20 países del planeta, principalmente de Latino América (LA), tomando como base un análisis bajo el título de “América Latina en crisis: Razones y detonantes de una revuelta que sacude la región”, y que contiene la opinión de académicos en ciencias políticas y sociales de prestigiadas universidades del mundo.
Ya dijimos que frente a esa ola generalizada de descontento social, estos especialistas académicos han detectado ciertas cuestiones en común, relacionados con la desigualdad económica, incapacidad de las democracias para responder a los desafíos, crisis generalizada de los partidos políticos, surgimiento de nuevos liderazgos y la reaparición de los militares.
Concluimos, según estos académicos, “que ni los gobiernos progresistas o neoliberales de LA, fueron capaces de generar bienes públicos. Que las protestas tienen demandas múltiples, sobre las cuales los gobiernos no tienen respuestas; y que la hiperconectividad ha generado un efecto contagioso, de simultaneidad y carencia de interlocutores”.
Que uno de los reclamos es la desigualdad. En setenta años, LA no ha podido combinar crecimiento con igualdad, en varios aspectos. Que estas protestas, los analistas las ven, como una reacción social frente al agotamiento de los modelos neoliberal y el populista, y las asocian como una rebelión de las clases medias.
María Esperanza Casullo, de Georgetown y de Río Negro, expresa que hay una frustración a las promesas de aquellas flamantes democracias de los 80s que “se focalizaron en fortalecer la legalidad, los aspectos políticos y pusieron entre paréntesis las aspiraciones de igualdad”.
Agrega que tampoco “los sectores más fuertes de la democracia han podido construir nuevos liderazgos a la altura de los nuevos desafíos de la globalización”: Como el avance meteórico de las nuevas tecnologías, precarización del empleo formal, desmantelamiento de los restos del Estado de Bienestar, el capitalismo financiero voraz pero pobremente regulado, el cambio climático y las migraciones masivas, entre otros.
Para Andrea Oeslner, de la London Schools of Economics y San Andrés: “Hay un deterioro de la democracia liberal a nivel internacional. Para Juan Gabriel Tokatlian, de la Johns Hopkins han surgido líderes con “tentación autocrática”. “Figuras carismáticas”: que “quieren convertirse en gobernantes perpetuos, que por lo general, terminan en una nueva frustración”.
La mayoría de los académicos reconocen la reaparición del protagonismo de las fuerzas armadas, como se vio durante las protestas de Ecuador, Bolivia y Chile. También en Venezuela, donde hay un régimen cívico-militar, pasando por México y Colombia, y hasta Brasil, donde Bolsonaro y su gabinete son de origen castrense. Los analistas difieren en el alcance de esta presencia. Tokatlian “cree que son jugadores claves en momentos de crisis política, que pueden empujar a un gobierno al abismo”. Para Andrés Malamud, del Instituto Universitario Europeo, su reaparición “como poder arbitrador es una mala señal”. Por su parte, Andrea Oeslner considera que “los gobiernos latinoamericanos se recuestan en los militares para sostenerse” y cuando pierdan su apoyo caen, pero que eso no significa que los militares “vayan a dar un golpe para hacerse del gobierno”.
El redactor del reportaje se pregunta: ¿hacia dónde se dirige LA? ¿Seguirá la inestabilidad? ¿Es posible resolver estas tensiones? Los académicos rechazan la posibilidad de hacer pronósticos certeros, pero en general se muestran escépticos. “Con el desmantelamiento de los partidos políticos, países con menos recursos, una recesión internacional creciente y desaceleración del comercio, vamos a seguir teniendo enormes dificultades -opina Tokatlian”. Federico Merke, de San Andrés suma a este escenario la falta de cooperación regional para enfrentar las dificultades de forma colectiva: “No soy optimista y en cuanto a LA en general, el año que viene va a ser muy difícil: veo crecientes niveles de polarización en la política interna de los países”. Casullo “ve niveles de violencia muy alto, porque las élites no están planteando procesos de cambio que hagan frente a las demandas” de la ciudadanía. María Matilde Ollier, de Notre Dame y San Martín, sostiene que a pesar de todas las dificultades, la democracia se va a mantener. Agregando que “el avance de la tecnología ha sido tan brutal, que es muy difícil sostener un régimen autoritario por mucho tiempo. Los liderazgos personalistas serán un capítulo breve, porque la actual ciudadanía impedirá los regímenes autoritarios”.
Con este análisis, ya sabemos lo que no espera, si nuestros políticos y élites no cambian, y siguen actuando como en el pasado.