Honduras subió el índice de desarrollo humano pero sigue dentro del promedio de países rezagados con un 3 por ciento de su población y 36 de conectividad frente al 92 por ciento de los países ricos, según el informe del Índice de Desarrollo Humano (IDH) que será publicado hoy por el Fondo las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Entre las conclusiones claves, el informe destaca que las desigualdades continúan siendo generalizadas y traspasadas de una generación a otra por patrones familiares relacionados al ingreso y al poder político.
En promedio, según el documento, el IDH muestra una mejora considerable, en la esperanza de vida al nacer, debido, principalmente, a fuertes descensos de la tasa de mortalidad entre los niños menores de 1 año.
Desde 1990, el IDH a escala mundial ha aumentado un 22,4%, lo que equivale a un promedio de crecimiento anual del 0,72%. En todo el mundo, el mayor crecimiento se produjo entre 2000 y 2010 (a un ritmo medio del 0,84% anual).
En el caso de Honduras, el IDH pasó de .0505 en 1990 a 0.555 en el 2000 y a 0.598 en el 2010 hasta situarse en 0.613 en el 2015. En el 2016 pasó a 0.618, en el 2017, 0.621 y en el 2018, 0.623 para un crecimiento del 0.78 entre 1990 y 2018.
Las cinco primeras posiciones en la clasificación mundial del IDH las ocupan: Noruega (0,954), Suiza (0,946), Irlanda (0,942), Alemania (0,939) y Hong Kong (0,939). En el otro extremo, los países situados en las cinco últimas posiciones son: Burundi (0,423), Sudán del Sur (0,413), Chad (0.401), República Centroafricana (0,381) y Níger (0,377).
BRECHA EDUCATIVA Y TECNOLÓGICA
El documento detalla que el 42 por ciento de los adultos que viven en países con desarrollo humano bajo poseen estudios primarios, frente al 94% en el caso de los países con desarrollo humano muy alto. Las diferencias alcanzan a todos los niveles educativos, recalca.
Así, en los países con desarrollo humano bajo tan solo un 3,2% de las personas adultas tienen estudios superiores, en comparación con el 29% en los países desarrollados, detalla el informe.
En lo que se refiere al acceso a la tecnología, los países en desarrollo presentan una tasa de 67 suscripciones de telefonía móvil por cada 100 habitantes, la mitad que en los países con desarrollo humano muy alto. En cuanto al acceso a la banda ancha, los países con desarrollo humano bajo no llegan siquiera a una suscripción por cada 100 habitantes, frente a las 28 suscripciones por cada 100 habitantes en los países con desarrollo humano muy alto.
POBREZA GENERACIONAL
El informe del PNUD afirma también que los ingresos y las circunstancias de los progenitores afectan a la salud, la educación y los ingresos de sus hijas e hijos.
Las gradientes de salud -es decir, las disparidades en salud entre los diversos grupos socioeconómicos- comienzan a menudo antes de nacer y, si no se corrigen, pueden acumularse al menos hasta la edad adulta, advierte.
A juicio del PNUD, las niñas y niños nacidos en familias de ingreso bajo son más propensos a padecer de mala salud y a alcanzar niveles de estudios más bajos. Igualmente, aquellos con menos estudios accederán probablemente a salarios más bajos, al tiempo que los menores con peor salud tienen mayor riesgo de no poder asistir a la escuela. Si en la adultez forman una pareja con otra persona de un estatus socioeconómico similar, las desigualdades pueden transmitirse a la siguiente generación, subraya.
El PNUD concluye en su informe que la desigualdad continúa siendo muy elevada en cuanto al poder que ejercen hombres y mujeres en el hogar, el trabajo o el ámbito político.
En el hogar, explica, las mujeres realizan más del triple de trabajo de cuidados no remunerados que los hombres y, pese a que en muchos países hombres y mujeres votan por igual, existen diferencias en cuanto a las cuotas de poder político. Cuanta más alta es la esfera de poder, más amplia es la brecha en términos de paridad, que se eleva al 90% en el caso de las jefaturas de Estado y de Gobierno.
El PNDU también considera que se necesita una nueva generación de mediciones para cubrir las numerosas carencias de datos, medir los diferentes tipos de desigualdades y, desde un punto de vista más general, ir más allá de los promedios de forma sistemática.
Gobiernos deben garantizar continuidad de políticas públicas: Richard Barathe
El representante del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el francés Richard Barathe, consideró que el problema del desarrollo humano pasa porque muchos países no se aseguran de la continuidad suficiente de las políticas públicas.
“Se critica todo y entonces el que viene nuevo trata de reinventar todo y obviamente eso no se puede porque los países que progresan son los que pueden garantizar políticas públicas en una continuidad de largo plazo, corregir lo que se ha hecho mal y continuar y seguir apostando”, recalcó el funcionario quien ejerce el cargo desde junio en Honduras.
Dijo que se han producido más de 600 informes de IDH desde 1990 y muchos países los han adoptado para sus políticas públicas, unos con mayores contundencias que otros a pesar que se tratan de documentos con rigor técnico y académico y no son informes sectarios.
“No es un informe hecho por cuatro economistas sentados en Nueva York, en Washington o Kualalampur, estos informes capitalizan su reconocimiento global del PNUD y sus socios”, agregó.
A su juicio, el desafío de los países como Honduras está en construir políticas públicas que respondan a desigualdades ya identificadas.
Por su parte, Sergio A. Membreño Cedillo, asesor en políticas del PNDU, destacó el avance del IDH desde 1990 al 2019 pero recordó que los problemas estructurales se acumulan y hasta se pueden repetir.
El especialista está de acuerdo en la continuidad de las políticas públicas a largo plazo pero también de la compresión del problema, tener claro qué es lo que está limitando el desarrollo.