LA REPRESA

ALLA por el mes de julio de 2013, se habló de construir la “Planta de cemento más grande de Centroamérica”. Todo aquello parecía bien, en tanto que los proyectos gigantes en toda la región, pero particularmente en Honduras, habían sido abandonados desde la década del setenta. La represa hidroeléctrica de “El Cajón”, por ejemplo, que por lo menos en teoría vendría a llenar casi todas las expectativas energéticas de la región ístmica, poco a poco fue evidenciando que se trataba de un proyecto gigante pensado para las necesidades de la década del setenta, según las realidades demográficas e infraestructurales de aquel momento. Hoy sabemos que el proyecto de “El Cajón” fue acertado y saludable, con los bemoles temporales imprevistos.

Los proyectos grandes han sido sustituidos, por diversas razones y sinrazones, por cosas pequeñas de corto plazo. Naturalmente que veremos, en el futuro, qué cosas devienen a partir de que en algún momento remoto comience a funcionar “Patuca III”; o como se le quiera denominar más tarde. Sin embargo, en la capital de Honduras pareciera que ya se nos olvidó la crisis de agua potable experimentada hace pocos meses, provocada por incendios forestales pero, sobre todo, por negligencias plurales de los unos y de los otros, incluyendo a todos los “capitalinos” de reciente data.

Cualquier estadista hipotético del futuro del centro neurálgico de Honduras, tiene que manejar en su carpeta el proyecto de una nueva represa de agua dulce para Tegucigalpa y Comayagüela. Cualquier otro discurso, por muy bonito o floreado que sea, habrá de convertirse en un dislate si acaso deja por fuera esta necesidad monumental de la capital hondureña. No se puede, simplemente, vivir sin agua. Tampoco sin comida. Algo debe comenzar a hacerse en el corto plazo, ya se trate de las instituciones centrales o descentralizadas.

Por supuesto que todo deberá ser concebido científicamente. El lugar apropiado para la represa. Las fuentes de agua dulce, incluyendo las subterráneas. Los pobladores cercanos a la represa deberán ser respetados, siempre y cuando se les aclare que los proyectos del Estado se encuentran en ligamen con los intereses de las mayorías. Las reforestaciones sistemáticas. No ocasionales, etc. Todo deberá ser un conjunto armónico con las estrategias de las autoridades y los intereses del conglomerado capitalino.

Como para Tegucigalpa y Comayagüela el tema de una represa gigantesca habrá de convertirse en un asunto de vida o muerte, la carpeta debiera ser abierta cuanto antes para debatir civilizadamente todos los ángulos del problema. A la par de la represa deben considerarse opciones alternas de recolección o reservorios de aguas-lluvias en cada barrio, en cada aldea y en cada colonia. No con pequeñas soluciones aisladas, sino con pequeños proyectos alternos sistemáticos, ya que en la zona central a veces caen aguaceros monumentales y toda el agua se pierde casi de inmediato, miserablemente. En el valle de Amarateca, pegado a la capital, se observan los riachuelos espontáneos que se forman después de cada tormenta. Da tristeza cómo perdemos toda esa agua, pudiéndola recolectar para redistribuirla después. Ya quisieran en el Cuerno de África o en el desierto de Kalahari recibir aunque sea un aguacero de este tipo una vez al año. El problema está planteado. Veremos qué hacen los posibles dirigentes hondureños por salvaguardar, sin estridencias, a la capital de Honduras.