Biografía crítica del general Gregorio Ferrera de Jesús Evelio Inestroza

Por: Salvador Navarrete Melghem

Ha salido a la luz pública una documentada como crítica biografía del general Gregorio Ferrera, caudillo intibucano que al frente de sus seguidores indígenas luchó por la libertad de sus pueblos irredentos hasta ofrendar su vida producto de la traición de los poderes públicos, que muchas veces no representan a los pueblos. Una época no muy lejana de las guerras intestinas, las luchas por el poder y el sempiterno como ambicioso de los grupos fácticos y oligárquicos por mantenerse en el poder se refleja en este estudio. Los detractores de Ferrera afirman que se lanzaba a la guerra solo por el placer de convulsionar a la nación, producto de sus ambiciones personales. Pero leyendo el libro encontramos y reafirmamos nuestra convicción personal de que la lucha de Ferrera era emprendida en pos de ideales incumplidos, como ser la libertad, la igualdad y sobre todo la soberanía popular, conculcada por los gobiernos contra los cuales escenificaba la protesta armada. Hay que considerar que en Honduras la clase política, una burguesía elitista vive a expensas del erario público, esa clase apoya a todos los gobiernos, es parte de todos los partidos políticos y usufructúa el poder con los gobiernos habidos y por haber. Ferrera como hombre honesto tenía animadversión a esa clase política que han usufructuado los recursos del país desde el siglo pasado y anterior, por eso se explica su conducta siempre en protesta contra el establisment. Ferrera no era un hombre improvisado, había madurado su pensamiento en varios manifiestos, proclamas y directrices. Evelio Inestroza los pone de relieve en su libro. Ejemplos:
El 12 de septiembre de 1925, dirigió una carta al Secretario de Estado de EEUU plasmando un ideario de 6 puntos entre ellos; sufragio libre, libertad de pensamiento, orden público, cultura pública, estado sin bebidas embriagantes, solidaridad colectiva. Asimismo, ordenó un ordenamiento táctico con instrucciones a sus jefes de columna dirigida a Gregorio Ochoa, muerto en combate en la campaña de 1924 y se le encontró en sus bolsillos esta referencia documental.

Hay que comprender las actitudes del general Ferrera, fue traicionado el 19 y el 24. Sus ideales no se llevaron a la práctica, continuó la deleznable costumbre de repartirse el poder como hacienda pública, mientras el pueblo en sus aspiraciones de libertad y justicia, continuaba sediento al igual que la inmensa masa de indígenas que le seguía que no solo no les cumplieron sus aspiraciones, al contrario, fueron objeto de la persecución y la represión más inicua. Es indudable que el general Ferrera, fue un hombre honrado cuando le tocó desempeñar puestos públicos lo hizo con total entereza ciudadana. Ahora bien, porque lo seguían los indios de Intibucá y La Paz en todas sus correrías que atracción tenía para que le acompañasen en sus guerras y alzamientos. Debemos retroceder retrospectivamente a las primeras campañas, donde ya emerge como caudillo, jefe de columna y del ejército sobre todo en las revoluciones del 19 y el 24. Destacándose en el sitio de Tegucigalpa como táctico al frente de verdaderos grupos de ejércitos. Pero la oligarquía y sobre todo los cariístas se encargaron de denigrar al caudillo, por eso hay que entender sus posiciones de lucha perpetua contra el fraude, la imposición y las maniobras encaminadas a entronizar a políticos desafectos del calor popular. Vamos a seguir las conclusiones del autor de esta biografía. Los analistas de la época se refieren a Ferrera como un hombre honrado, valiente y temido. Nadie niega su militancia liberal siendo así la convención liberal de 1932 le tributó reconocimiento ya muerto como un símbolo contra el transfuguismo y el oportunismo. Ferrera tenía un cariísta especial para las masas indígenas, es relevante la opinión de la tía Chelina Bonilla en su artículo “Una ceremonia indígena”. (Anales del Archivo Nacional).

“En el mejor año de sus correrías militares, entró en una mañana de sol, a proveerse de vituallas al pueblo de Marcala, que le era adicto… Resonó el grito: “Viene Ferrera con los indios…”. “La gente acudía como hormigas; todos ansiaban conocerlo… y algunos decían: “Aquel puesto botas rodilleras, ese es él…”.

Una turba de viejos fanáticos, con sus indias y chiquillos cargados a la espalda lo llevaron en procesión hacia la iglesia para conjurarlo contra el peligro…

Humo espeso y perfumado salía en chorros por los agujeros de los rústicos incensarios de barro intibucano, que pasaban de mano en mano en ronda interminable, y en medio de ellos el general se dejaba zahumeriar y bendecir entre imploraciones y preces. Nueve veces los ancianos dieron la vuelta misteriosa a su alrededor y luego, las mujeres, de tres en tres, se acercaban con pasos rítmicos llevando sendos manojos de yerbas especiales que levantaban en alto con velas de cera vegetal para pasarlas luego sobre su cabeza, pecho y espalda, deteniéndose junto al corazón; en tanto, sus labios trémulos musitaban plegarias: “Oh Espíritu Blanco, que todo lo puedes, para que la bala del mulato no lo toque a mi general…” para que la mano de mi general no pierda su valor…”, “para que los pieses de mi general no tropiecen en el camino y caiga en las trampas del mulato…” y así, con los ojos en alto, cada uno imploraba favores del cielo para aquel hombre que llegó a ser para ellos un enviado santo que los liberaría de las calamidades.

Ni antes ni después se ha visto en aquellas regiones un fanatismo igual tras de ningún hombre… Y después de aquella ceremonia, lo creyeron invulnerable a las balas enemigas, siguiéndolo día y noche por encrucijadas y peligros en todas sus jornadas bélicas, sumisos, obedientes y fieles hasta más allá de la muerte, ya que pasaron años y años, sin creer en la realidad de la muerte; lo esperaban siempre y se repetían sus mensajes y sus historias al calor de la lumbre de sus pobres hogueras, en las frías noches invernales de sus espesas y crudísimas montañas…”. Hasta aquí esta apreciación de Marcelina Bonilla.

Como militar y guerrero la apreciación de Chuy Inestroza es juiciosa y magnífica. El biografiado logró aglutinar un cuerpo de ejércitos de tácticas de columna y de guerrillas.

Habrá algún esbozo de Pancho Villa y sin tener la comprensión de los modernos conductores como Mao Tse Tung, Vo Nguyen Giap o el Che Guevara. Supo emplear tácticas guerrilleras que causaban el pavor a sus contrincantes con soldados desarrapados y armas primitivas definitivamente. Aunque sea aparentemente incomprensible siempre en contra del desorden establecido debe estudiarse a profundidad las razones de su lucha y los frecuentes alzamientos es porque los políticos y politicastros no actúan con honradez y pretendían engañar al caudillo intibucano, ya que la rebatiña por el poder público y los hechos consumados contra toda lealtad y principios democráticos propiciaban la protesta del caudillo intibucano que en los cerros con las armas en la mano pugnaba por deshacer los entuertos de la política vernácula.

Hay unas referencias importantes tras el asesinato de Ferrera; el camino le quedó libre a Carías para entronizarse en el poder 16 años. Carías no hubiera triunfado a pesar de contar con la mayoría de municipalidades y los poderes del Estado Legislativo y Judicial, si viviera un Ferrera así Justo Umaña no se hubiera alzado contra el fraude del 32, otro caudillo asesinado por Ubico en Guatemala, con la complacencia, del cariísmo.

Es indudable la influencia de la revolución mexicana, en el general Ferrera, ya que hay un aspecto social en su ideología cuando habla de la solidaridad colectiva y la cultura pública. Medardo Mejía atribuye esta influencia al general Ladislao Santos, veterano de la revolución mexicana y luego lugarteniente de Ferrera en el alzamiento de 1931, que fue una revolución social según dice Amaya Amador en sus escritos.

Según Marroquín Rojas, Memorias de Jalapa, Orellana el presidente de Guatemala estimuló la rebelión de Ferrera de agosto de 1924, pero al llegar a la frontera en Ocotepeque solo le entregaron unas 80 Remington 43, y no así El Salvador que envió armamentos y asesores militares a Tosta para derrotar a Ferrera en Ajuterique.

Sobre el apoyo de las bananeras a Ferrera eso está por escudriñarse porque es sabido que en la costa norte todo empleado del gobierno o funcionario con mando recibía sueldo de las bananeras mientras ocupaba el cargo. Los caudillos fruteros fueron Manuel Bonilla a quien la frutera le fletó un barco con mercenarios y armas para derrocar el gobierno legítimo y no hablemos de Carías, reconocido caudillo frutero que llegó y se mantuvo en el poder con el apoyo de la United Fruit Company.