Por: Mario E. Fumero
Una de las características más peculiares del mundo moderno es el aumento de los suicidios en líderes religiosos. Esto es algo insólito e inaceptable desde el punto de vista de la fe cristiana, pues la Palabra nos enseña que debemos de echar todas nuestras ansiedades en Jesús, según 1 de Pedro 5:7. Pero últimamente vemos con asombro cómo muchos pastores, aparentemente exitosos y con familias, han optado por quitarse la vida.
Enumeraré algunos casos peculiares de los muchos que han trascendido a los medios de comunicación.
1) El pastor Jim Howard, líder del campus de Valencia de la Real Life Church en California, cuya iglesia contaba con más de 6,000 miembros, se suicidó un miércoles 23 de enero de 2019, Jim Howard, un pastor amado y joven.
2) También tenemos el caso del pastor Jarrid Wilson, que acudió al suicidio el 9 de septiembre de 2019. El colmo de este caso es que él ayudaba a personas que padecían de depresión y ansiedad.
3) Otro caso es el del pastor Rusty George, el cual después de una prolongada batalla contra una enfermedad mental, se propinó un mortal tiro en la cabeza.
4) Jarrid Wilson, pastor de la Iglesia Evangélica estadounidense, Harvest Christian Fellowship, se quitó la vida a los 30 años de edad.
5) John Gibson era un pastor y profesor en el seminario Teológico Bautista de Nueva Orleans y estaba casado y con dos hijos, un día su nombre apareció en la lista de usuarios de Ashley Madison, una web que fomenta el adulterio, y la cual le fue hackeada, por lo que cayó en depresión y se suicidó.
Pudiéramos citar muchos casos más, pero estos son suficientes para afirmar que la responsabilidad de un pastor al manejar vidas y situaciones conflictivas dentro de una iglesia lo puede llevar a la angustia y la depresión, ya que el pastorado, cuando se toma en serio, desgasta y aflige a los que ponen su corazón en la obra de Dios. No es fácil bregar con personas, y máxime cuando son conflictivas. Además los pastores son blanco del ataque diabólico, y aunque usted no lo crea, tienen que vivir luchando espiritualmente, no solamente con influencias espirituales negativas, sino también con la presión social y de la iglesia dentro del marco que le rodea.
Tristemente los pastores que no se suicidan, y se entregan a la obra en cuerpo y alma, terminan solos y enfermos del corazón, porque como bien dijo San Pablo, sufren de angustias y tribulaciones. (Rom 2:9), ya que el amor a la obra nos hace sufrir, y muchas veces el sufrimiento socaba nuestra capacidad emocional y si el ministro no está bien arraigado en la Palabra, fácilmente puede sucumbir a un estado depresivo agudo que le lleve a desear morir.
En la Biblia tenemos el caso de un profeta que cayó en depresión y quería la muerte, fue el profeta Elías. Él confrontó a los falsos profetas de Baal en el Monte Carmelo, para demostrar que Dios era Dios, y no los ídolos, y al descender fuego del cielo que consumió el sacrificio de Elías, el pueblo aparentemente despertó, y apareció un leve avivamiento, apartándose algunos de la idolatría, pero el problema del pueblo hacia los ídolos persistía, por la imposición de la perversa Jezabel, la cual desencadenó su ira contra Elías, e inició una persecución contra el profeta, pidiendo su cabeza. (1 Reyes 19:2). Elías tuvo que huir, cayendo deprimido debajo de una higuera de enebro: “Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres”. 1 Reyes 19:4. El desear la muerte es el estado más agudo de una crisis depresiva. Entonces Dios intervino, y le hizo ver a Elías que había muchos, más de 7,000 personas que no habían doblado las rodillas delante de Baal. (1 Reyes 19:18).
No juzgo a los pastores que tomaron el camino falso, comprendo sus luchas y ataques, pero sí creo firmemente que si estamos confiando en Cristo, y predicamos lo que enseña la Biblia, jamás optaremos por la salida fácil y errónea de acudir al suicidio.
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