Al menos 20 muertes violentas de personas de la comunidad Lésbico, Gay, Transexual, Bisexual e Intersexual (LGTBI) se han suscitado en Honduras en lo que va del año y casi todas permanecen en la impunidad, según organizaciones que monitorean los homicidios y defienden los derechos de ese sector de la población.
El defensor de derechos humanos y activista de la comunidad LGTBI, Erick Martínez, explicó que a este tipo de muertes se les llama crímenes de odio “debido a la forma en cómo a las víctimas se les trató previo a provocarles la muerte y posterior a ella…”.
“…aun cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) instó al Estado a promover la justicia y monitorear los patrones de los crímenes en este segmento vulnerable de la sociedad, las autoridades responsables no estan haciendo nada”, lamentó Martínez.
Desde 2009 han matado a 337 víctimas del odio, según registros de defensores de derechos de la comunidad LGTBI.
CIFRAS ALARMANTES
Según el monitoreo de la Red Lésbico – Gay Cattrachas, de las 337 muertes violentas u homicidios impunes, 39 tuvieron como víctimas a lesbianas, 107 a transexuales y 190 gais y un desaparecido.
Además de estos datos, el Comisionado Nacional de Derechos Humanos (Conadeh) reporta más casos a finales de septiembre y en octubre se reportaron cuatro muertes violentas más, que ampliarán la estadística del último semestre de 2019.
Para el caso, se cumplen tres meses del crimen de Brayan Mejía Riera, quien apareció muerto en un extremo de la carretera que conduce al antiguo basurero público, en el barrio Suyapa, en el violento municipio de Choloma, Cortés. Según la Policía, se trataba de una persona miembro de la Comunidad LGTBI, aunque la familia no aceptó tal aseveración.
La escena del crimen, el pasado 7 de octubre, en horas de la mañana, era dantesca e indignante, evidentemente lo habían torturado, lanzaron su cuerpo desde un vehículo en marcha, según los datos recabados preliminarmente por agentes de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI), quienes acordonaron el área a la espera de un fiscal de turno y peritos forenses para el reconocimiento del cadáver.
Su cuerpo estaba semidesnudo, bajaron hasta sus rodillas su ropa interior, sus piernas atadas con una cuerda color azul que rodeaba también su cuello, desde donde se sostenían sus pies y manos con un nudo torniquete, seña particular en que los criminales dejan la mayoría de los cadáveres en Honduras. De esa manera evidenciaron un odio extremo, aún con todo esto, del caso no se sabe más que su causa y manera de muerte, “homicidio por estrangulación desde el punto de vista médico legal”. (SA)