SIN PACIENCIA

EL 19 de noviembre se registró la llegada del primer hondureño a Guatemala, procedente de Estados Unidos, regresado, bajo el acuerdo de “tercer país seguro” suscrito entre ambos países. El acuerdo permite que migrantes salvadoreños o hondureños que hayan pedido asilo en Estados Unidos, regresen a esperar a Guatemala, mientras se procesan sus solicitudes. A inicios de esta semana, llegaron al vecino país otros dos migrantes hondureños. Los 3 compatriotas fueron recibidos en el centro de recepción para ser trasladados al albergue. “Los centroamericanos tienen la opción de solicitar protección en Guatemala o bien aplicar para el retorno voluntario asistido, a su país de origen, que tiene el apoyo de la Organización Internacional de Migrantes (OIM)”. Así funcionan los acuerdos de “cooperación de asilo” suscritos por los países del Triángulo Norte con el gobierno norteamericano. Con muy poca probabilidad de resolución favorable a la solicitud de asilo tramitada en los Estados Unidos, lo que obligará a los peregrinos, en el momento cuando les nieguen su pedido, bien quedarse asilados en alguno de los países centroamericanos o regresar al país de donde partieron.

Otros datos que igualmente son de interés sobre el tema de los flujos migratorios. La deportación de inmigrantes hondureños, principalmente de Estados Unidos y México, aumentó un 45% en lo que va del año. Fueron devueltos 101,646 compatriotas que permanecían indocumentados, unos 38,715 procedentes de Estados Unidos y 62,478 de México. Están también los casos de los que cruzaron la frontera, pero fueron devueltos a México a esperar el trámite de su solicitud de asilo. Debido a las bajas temperaturas y a todo el tiempo que deben permanecer allá esperando, prefirieron regresar voluntariamente a Honduras. Las cortes estadounidenses pueden tomarse en resolver entre 12 y 24 meses las solicitudes. “Así lo informó el embajador de Honduras en México, quien realizó un recorrido por los albergues y campamentos instalados en Matamoros (Tamaulipas) y en Ciudad Juárez (Chihuahua), donde están instalados más de 27,000 hondureños que están a la espera de que las autoridades estadounidenses den respuesta a su solicitud de asilo”. Así que esas murallas virtuales que se extienden desde el Triángulo Norte, pasando por México –donde el gobierno de AMLO ha desplazado 25,000 guardias nacionales para detener migrantes y evitar que crucen hasta arriba– hasta los puntos fronterizos norteamericanos, ahora son los disuasivos materiales que ponen a prueba la capacidad de resistencia de los migrantes, cuyo efecto es atajar todo flujo migratorio. ¿Qué hará el país ahora que se cierra totalmente la válvula de escape a la desocupación?

¿Cuál es la estrategia gubernamental para crear fuentes de empleo en la cantidad que se requiere a modo de absorber la demanda de trabajo de los que ahora no pueden marcharse, como de los que se habían ido y obligada o voluntariamente regresan al país? Algo debiese haber en cartera mientras aguardan los fondos de otro plan ofrecido por Washington –si es que llegan y no resulta ser un fiasco como el financiamiento al Plan de Alianza para la Prosperidad– para lidiar con los problemas causantes de la migración en los países de origen.

Pese a que no hay esfuerzo que no valga la pena hacerlo, como la gestión del dinero para ese plan, lo mejor sería depender de lo que pueda hacerse internamente. Está bien que vayan a esos foros del cambio climático a cobrar lo que dizque países industrializados le deben al país –eso que denominan fondos verdes– por daños ocasionados al medio ambiente consecuencia de sus tóxicas emisiones. Mientras todo eso que vayan a dar o que nos deben, son supuestos, el desempleo es palpable, evidente; grosero con los que no encuentran trabajo, sin paciencia para tanto esperar.