La crisis de América Latina y los académicos 1/2

Por Óscar Lanza Rosales
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Con relación a los estallidos sociales que se han producido en los últimos meses y se siguen dando, en más de 20 países del mundo, como Argelia y Guinea en África; España y Francia en Europa; Hong Kong y Pakistán en Asia; Irak, Líbano e Irán en el Medio Oriente; y muchos países de América Latina, quiero compartir con mis amigos lectores, el punto de vista resumido -para comprender mejor este fenómeno social de nuestros días- de académicos en ciencias políticas y sociales de reconocidas universidades, contenidos en un interesante reportaje de La Nación, GDA, y reproducido por El Mercurio de Chile, bajo el título de: “América Latina en crisis: Razones y detonantes de una revuelta que sacude la región”.

Según este reportaje, en esta crisis, América Latina cruje y una ola generalizada de descontento sacude la región. Se repiten las movilizaciones de miles y miles de ciudadanos que ocupan las calles durante días, ponen en jaque a gobiernos de todo el arco político y, en muchos casos, terminan con heridos o muertos debido a los violentos enfrentamientos y a la represión de las fuerzas de seguridad. Los reclamos se multiplican -contra la corrupción, la desigualdad, por una mejor salud o educación- y los grupos que los impulsan son heterogéneos y no pueden ser comprendidos sin tomar en cuenta las particularidades de cada país. Sin embargo, los especialistas académicos han detectado ciertas cuestiones en común, en aspectos relacionados con la desigualdad económica, la incapacidad de las democracias para responder a los desafíos de la globalización, una crisis general de los partidos políticos, el surgimiento de nuevos liderazgos y la reaparición de las fuerzas armadas.

“En América del Sur, la popularidad presidencial y la estabilidad democrática dependen del precio de las materias primas y la tasa de interés internacional” afirma Andrés Malamud, del Instituto Universitario Europeo y de la Universidad de Lisboa. “Tuvimos una enorme bonanza y las mejoras fueron frágiles. Hubo gobiernos progresistas que alentaron el consumo y generaron posibilidades a sectores desprotegidos; hubo gobiernos neoliberales que impulsaron inversiones y mayor competitividad. “Pero ni unos ni otros pudieron generar bienes públicos” dice Juan Gabriel Tokatlian, de la Universidad Johns Hopkins. Y agrega, el resultado es que son “sociedades genuinamente movilizadas pero con niveles de frustración enormes” que se potencian cuando las expectativas se derrumban.

“Las demandas son múltiples, no hay una sola bandera, y los gobiernos no dan respuestas. No tienen instrumentos para asegurar una ampliación de los derechos o la sustentabilidad del acceso al mercado, y los problemas de corrupción no se resuelven, opina Federico Merke, de la Universidad de San Andrés”.

Y agrega que “Hay muchas demandas insatisfechas y eso coloca a la gente en la calle”. La hiperconectividad genera un efecto contagioso entre puntos distantes y eso explica, en parte, la simultaneidad de las protestas latinoamericanas. “Pero es un arma de doble filo” advierte. Las redes sociales ponen mucha gente en la calle rápido pero detrás no hay un trabajo de actores de base y a veces los políticos no tienen interlocutores en esos espacios de protesta. Es algo volátil y no hay que concluir que porque haya una manifestación masiva va a haber un cambio”.

Una de las deudas más sensibles -que se reitera en los reclamos- es la desigualdad. “En setenta años, en América Latina ha sido imposible combinar crecimiento con igualdad, y sigue siendo la región del mundo más desigual a pesar de no ser la más pobre”, explica Tokatlian. No es una cuestión puramente económica: “Hay desigualdad de ingresos y de acceso a la justicia, en términos étnicos o de género. Es un manojo de desigualdades que se han ido acumulando”.

“Lo que yo veo es una reacción social frente al agotamiento de dos modelos, el modelo neoliberal y el populista -según María Matilde Ollier, de la Universidad de Notre Dame y de la Universidad Nacional de San Martín. Lo distintivo es que parece una suerte de rebelión de las clases medias. No quiere decir que no haya otros sectores incluidos, pero es como si la clase media hubiera vuelto a surgir como actor político”.

Continuaré en el próximo artículo en la caracterización de estos estallidos sociales por parte de los académicos sociales y políticos.