Lucem Aspicio

Por Rafael Jerez Moreno
Twitter: @RafaJerezHn

Cuando entré a la “U” venía de pasar quince años en una escuela que también fue mi casa. Inicié el camino como cualquier otro, con muchos sueños y anhelos. Muchas personas me preguntaron por qué no me fui del país, o por qué no entré a una universidad privada, muchos ¿por qué? Al finalizar este camino puedo afirmar que la “U” me abrió los ojos, la mente, me cambió para bien y también, es mi casa.

Como dicen, se encuentra de todo. La universidad es una representación de la sociedad en su diversidad. Hay personas de buen corazón y otras con no muy gratas intenciones. Hay profesores brillantes que sirven de inspiración y motivación; y otros, que no pueden (o no quieren) enseñar. Un día llegan y otro no, pero siempre están a tiempo para cobrar. Sin duda alguna me quedo con las buenas personas y los brillantes profesores. Dios puso en mi camino personas que me enseñaron a mantener firmes mis ideales, en momentos en los que con mucha facilidad pude perderlos. Profesores que me enseñaron que más allá de cualquier logro académico, siempre tendrá mayor valor ser una mejor persona.

Giro la vista hacia atrás y le puedo decir al joven de dieciocho años que entró a la carrera de Derecho, que valió la pena. Cada esfuerzo para lograr cada meta. Sé que Dios ha sido tremendamente bueno conmigo. Me regaló una familia que es la verdadera autora de todo, mentores que me han formado sin reserva alguna y amigos que nunca me abandonaron. Durante todos estos años comprendí lo afortunado que he sido, no solo por las personas que me han rodeado, sino de las oportunidades que he tenido. Estudiar, aprender y crecer es un privilegio que tenemos, y que frecuentemente no valoramos. Desde pequeño he tenido una vida llena de felicidad y plenitud; una madre y un padre que han dado su amor y esfuerzo por que a mis hermanas y a mí no nos faltara nada. Debido a ello, cada meta que emprendí, me aventuré sabiendo que alcanzar los primeros lugares era lo menos por lo que podía luchar, pues así es como mi familia ha luchado por mí.

En mi mente llevaré la bondad de algunos de mis compañeros con los que compartí. Muchos de ellos con un enorme sacrificio llegaron a la meta. Algunos partieron desde sus hogares en distintos departamentos del país para perseguir un anhelo en el Distrito Central, otros desafiando las limitaciones que enfrentaron mantuvieron la perseverancia, entre muchas otras historias. A muchos de ellos nunca les conocí a profundidad, pero siempre recordaré su vigor y su esfuerzo. Jamás olvidaré a mis profesores de ciencias políticas, sociología, filosofía del derecho, derecho internacional, derechos humanos, civil y penal. En estas asignaturas viví momentos que llevaré conmigo siempre. También atesoraré que, fue en medio de este viaje, que comencé a escribir en Diario LA TRIBUNA.

Lucem Aspicio. Termina una etapa, pero no me voy. Seguiré aspirando y buscando la luz, y volveré, a devolver a la educación pública, lo que la universidad me dio a mí. Hace algún tiempo emprendí un viaje apasionante, luchando por una sociedad más justa, y en ella continuaré mientras la vida me coloque en otro tren. Mi mensaje para todos los jóvenes: nunca se es muy joven para demostrar que sí se puede.

Gracias a todos los que fueron parte de esta aventura. A mi madre, padre, mis hermanas, mis amigos y mi país: esto es de ustedes. Una dedicatoria especial a mi querido amigo, Gaspar Vallecillo Molina, quien desde el cielo sé que está celebrando conmigo, esto también es de él. ¡El camino continúa!