¿DEJAR DE TOMAR?

A nadie debería causar asombro. Pero esa calma que priva en Uruguay pese a la apretada diferencia de votos, ni siquiera los 29 mil, que pueden definir quién gana las elecciones, es asombrosa. Que ninguno haya convocado a sus parciales a las calles a demandar el triunfo o a proferir invectivas contra los rivales por el obvio fraude electoral perpetrado. Que la autoridad electoral –con el 98% de las urnas escrutadas– ofreciera datos favorables al candidato opositor, pero no oficializando nada, hasta no computar los votos “observados” –unos 32 mil– en un tedioso proceso que puede durar hasta finales de semana. Y que los candidatos y sus partidos, esperen con civilizada paciencia, que acabe el proceso, sin maldecir la autoridad electoral ni deturpar al contendiente. Incluso los funcionarios y empleados electorales que cuentan los votos se dieron feriado, para reponerse del cansancio. Y la sociedad uruguaya espera el conteo definitivo de los votos, con calma y sin incidentes.

“En el segundo escrutinio, además, cada partido puede reclamar que se validen los votos anulados, que fueron 53,619 en el balotaje. Cada caso se analiza en forma individual y si los delegados partidarios no aceptan el fallo de la autoridad electoral de la circunscripción donde se emitió ese sufragio, la controversia es laudada por la propia Corte Electoral”. Así que ese desenlace podría ir para largo, aunque ya casi se acepta que ganó el opositor que inició, para no perder más tiempo, organizando su gabinete. Pero con toda la incertidumbre por lo ajustado de los resultados electorales, no hay clima tensado ni amenazas de calentarlo. Decimos que no deja de sorprender esa actitud política, como la pasividad demostrada por toda la sociedad, conociendo lo que ha sucedido en otros lugares. Después de semanas de agitación en las calles desconociendo los resultados un año duró aquí en Honduras un diálogo –con la mediación de habilitadores ajenos, que al final no paró en nada– intentando sofocar a los quejosos. En Bolivia ni digamos. Con manifestaciones violentas y un empujoncito del ejército y la policía, le aguaron la fiesta a Evo que se reelegía por cuarta vez consecutiva para mandarlo con las cajas destempladas al exilio mexicano. Después de renunciar, ya estando en México denunció que fue un “golpe”, que sus compañeros de viaje de izquierda censuran, pero que las derechas aplauden. Pero lo que ha costado tragarse es la prolongada perturbación en Chile. No hay nada que no haya entregado Piñera –lo último fue convocar un plebiscito, después una constituyente para hacer otra Constitución– que complazca a los protestantes.

En Ecuador los insurrectos tuvieron a Lenín sitiado, en alas de cucaracha, por varias semanas. Casi lo botan. Y en Perú donde Vizcarra disolvió el Congreso con algarabía y aplausos de la afición, ahora es que su popularidad viene cuesta abajo. Se encuentra enfrentado a huelgas, a paros y a molotes callejeros. La buena noticia es la que da el presidente electo en Argentina. Pese al descalabro económico, asegura que no va a acudir al FMI. Cuando le preguntaron qué haría con un desembolso programado, que el FMI pospuso su entrega, esperando la llegada del nuevo gobierno, dijo que no. “Si tenés un problema porque estás endeudado la solución no es endeudarse más”. “Es como un tipo que tomó mucho y está un poco borracho –fue la respuesta que dio a un periodista– lo que debe hacer no es seguir tomando, sino dejar de tomar”.