Fredis Mateo Aguilar Herrera
En la actualidad la región sur Honduras, experimenta una transformación o degradación de los ecosistemas a consecuencia de la desertización a raíz del uso de técnicas tradicionales de tala y quema de los bosques para la práctica de sus actividades agrícolas y pastizales. De acuerdo a relatos de campesinos consideran que se están perdiendo varias especies animales y vegetales que antes eran abundantes, por ser aquellos tiempos mejores en todo.
Según don Nacho, agricultor y ganadero a pequeña escala de manera amena nos comenta que bien recuerda que en su lugar allá por los años 60’s, habían bandadas de lapas y loros, pero hoy no mira ninguno y se están perdiendo otras aves, tales como el pijullo, colchón, cheje, perico, urraca, chorcha, paloma azulona, alas blancas y torita o toñita, estiquirín, zoropopo, bobo, alma de perro, copetón, chiro, monjita, víctor, pájaro león y otras que se han perdido por completo tales como la gallina de monte, culuca de monte, juancao, cacalote, rey zope, chacha y tampoco se ven manadas de alzacuanes, quienes al pasar sobrevolando era señal que se asuraban los cultivos.
Sigue relatando que también se están perdiendo algunos animales de monte como el pizote, zorrospino, tepezcuintle, león de montoña, tigrillo, cusuco, guazalo, mapachín, gato melero, cuya, coyote, comadreja, onza, gato de monte y ardilla. Entre los reptiles poco se mira coral, tamagás, masacuate, zumbadora, mica, cascabel, pansigua, bejuquilla, iguana, garrobo y pichete.
Dicho interlocutor interrumpe el diálogo al gritarle que vaya a ordeñar o sacarle el charquito de leche a la vaca parda, la cumba y la mocha, porque están mamando los terneros. Don Nacho atiende el llamado y me dice disculpe, solo voy a ir a hacer lo que me piden y después desapartar las vacas e irlas a encerrar al potrero, pero confíe que en el camino voy a ir pensando de las plantas perdidas y que la juventud de hoy ni las conoce ni las volverá a ver, pero que es importante recordar.
Al buen rato aparece nuevamente don Nacho, listo para continuar con la plática de la vegetación que ya no miramos en el campo, como por ejemplo la berbería, de la cual se hacían monumentos para fin de novenario, flor amarilla, cordoncillo usado para té, quesillo, pitaya, petatillo, chilindrón, chilillo, tigüilote, champerna, manzanilla, ojuste matasano, tapaculo, anona, guayaba, guayabilla, coyol, manzana, nance, carao, guapinol, almendro (frutos comestibles), salvia santa y siguapate de utilidad medicinal, chilamate, bejuco de chupamiel, zuncuya, floricunda, carreto, cedro, caoba, guarumo, henequén, maguey, tabaquillo, frijolillo, cenícero, barquillo (su fruto sirve de pegamento), butunte, quiebramuelas, matapalo (se cree que quien lo siembra muere pronto), quebrachillo, nacascolo, pochote, jocomico (con propiedades medicínales), copal, ceiba, jobo, jícaro, cipria, piñón, huesito y jiñocuago (de su madera se fabrican bateas), entre otros. Para terminar me dice, mire que hace unos 50 años en este cerro donde vivo caía mucha neblina y llovizna de forma frecuente y era más frío que el Cerro de Hula.
Todos estos nombres brindados por don Nacho son escritos tal como los conoce y pronuncia, él desconoce su nombre científico, tampoco le interesa, ni lo sabrá nunca. Posiblemente dichas especies sean conocidas con otros nombres en otras regiones del país, pero que están sufriendo similar impacto natural a causa del uso de herbicidas, insecticidas, abonos químicos, agotamiento del suelo producto de la quema, sumado a la deforestación que repercute en la ausencia de lluvias y consecuentemente sequía.
Estos relatos demuestran que entre la naturaleza y el hombre hay una estrecha relación, pero que al romperse la misma se genera desequilibrio ambiental y pérdida de biodiversidad a efecto del impacto negativo del ser humano. Implica que la naturaleza se puede volver intacta sin la presencia del hombre, mismo que no puede sobrevivir sin la naturaleza. Ante tanta problemática nos corresponde educarnos con una cultura conservacionista de nuestros recursos naturales.