Por Carlos Medrano
Periodista
Es increíble cómo un monopolio de energía eléctrica como el que actualmente tenemos denominado Empresa Nacional de Energía Eléctrica, creada desde 1957 y quien era la responsable de la producción, transmisión, distribución y comercialización de la energía eléctrica en Honduras, está en una delicada situación económica, caótica y a punto de quebrar al país mismo.
El Fondo Monetario Internacional (FMI), tiene “entre ceja y ceja” ese hoyo financiero producido por la fijación de tarifas por debajo del costo, grandes pérdidas de electricidad, corrupción y altos costos de generación.
Los números son el principal enemigo de esta institución, el costo promedio de generación por kilovatio hora es de 13.7 centavos de dólar y el costo idóneo sería 10 centavos de dólar, las pérdidas en distribución a junio pasado sumaron 28.63% y el consorcio honduro-colombiano, EEH, apenas ha logrado reducir las pérdidas en 3.32% durante 30 meses, por debajo de la meta de 20% para los tres primeros años de la operación del contrato.
La estatal de energía debe 49,949 millones de lempiras en deuda pública (capital e intereses) y 13,867 millones en atrasos con proveedores, resultando un global de 63,816 millones.
El hurto, la falta de toma de lectura de medidores, errores en el proceso de facturación, falta de medición en los abonados, cálculos de consumo mal estimados y conexiones directas, forman parte del rosario de problemas que tiene la ENEE y que arrastra al país, que ya de por sí tiene una crisis compleja, entre gobernabilidad y desaceleración de la economía global y local.
Las alternativas para solucionar la crisis van desde aumentar las tarifas de energía eléctrica, que no creemos que sucederá debido a que esto agregaría más impopularidad de la que ya tiene el actual mandatario hondureño o eliminar el contrato con EEH, como para echarle la culpa a alguien sobre la crisis, entre otras.
Pero todos los ciudadanos debemos involucrarnos en la solución de esta crisis energética, cuya única alternativa pareciera ser el iniciar una cultura del ahorro de energía eléctrica, evitar el derroche, apagar las luces que permanecen encendidas de manera innecesaria.
En nuestras casas hay televisores, por ejemplo, que permanecen encendidos todo el día sin que nadie lo esté viendo, hay luces en los cuartos que sin necesidad están operando y gastando dinero y energía sin lógica, se utiliza la plancha y lavadora sin un plan estratégico para economizar la mayor cantidad de luz.
Somos irresponsables con el propio país y con nuestras propias finanzas, ya que si estuviéramos conscientes del precio y su importancia trascendental para la vida del país, lo más sensato sería el ahorro de energía.
La energía eléctrica es cara en Honduras, las costosas plantas de energía térmica funcionan en base al bunker que se paga con dólares y que históricamente mediante oscuros contratos, sale oneroso para los consumidores y para Honduras mismo.
La energía hídrica y eólica, aunque aprovechan la abundante naturaleza que arropa a este país, contienen tecnología e infraestructura que es sumamente dispendiosa para la nación.
Es un imperativo categórico el ahorro, es hacerle un bien al país, es luchar por tener una Honduras más desarrollada, más justa, más orientada al ahorro y no al desperdicio.