Por Armando Cerrato
En un afán por asegurar la comida de miles de hondureños desamparados y desesperados, el Presidente Juan Orlando Hernández Alvarado, y a petición de los afectados, decidió adjudicar 4,000 millones de lempiras a las Fuerzas Armadas para que implementen un nuevo plan agrícola.
La decisión ha despertado el interés y la satisfacción de los grupos campesinos peticionarios, pero también la protesta mezquina de grandes productores del sector agrícola-ganadero del país y de otros grupos campesinos que no participaron de la petición de que fuese el cuerpo armado el que tomara la batuta en ese plan de emergencia, que gozará de la verticalidad, disciplina y fortaleza de la formación militar.
Las Fuerzas Armadas han formado una comisión especial que trabaja a toda prisa en el diseño del plan estratégico para una producción agrícola y posiblemente agropecuaria que garantice la seguridad alimentaria de todos los hondureños y de producirse excedentes comercializarlos, no solo en el mercado nacional, sino, en el internacional.
Todos los grupos que se oponen a que sea el Ejército el que esté al frente de este nuevo plan agrícola, están organizados en cooperativas y empresas asociativas dedicadas a la producción industrial de productos que en el reciente pasado tenían precios muy rentables en el mercado internacional, pero que últimamente han caído estrepitosamente a grado tal que su producción tiene costos que superan por mucho su precio en el mercado internacional que está saturado por la producción masiva de los mismos, tales como la palma africana y sus derivados, el café, el cacao y otros.
Por efectos del cambio climático la producción agrícola hondureña se ha visto afectada en un 80%, mientras cientos de semovientes han muerto deshidratados y de hambre porque el invierno llegó tardíamente y ha sido raquítico.
Por una mala comunicación todo mundo cree que los soldados terciarán sus fusiles sobre los hombros para dedicarse a arar, barretear y sembrar semillas de maíz, frijoles, sorgo, arroz, y hortalizas en las tierras que los grupos campesinos les señalen como aptas para determinado cultivo.
Sin embargo las cosas no son así, pues las Fuerzas Armadas actuarán en combinación con las Secretarías de Agricultura, Defensa y otros entes ligados a la producción y a la adjudicación de tierras, vigilando que el dinero llegue a las manos necesitadas de asistencia económica y técnica para la producción eficaz y suficiente del cultivo escogido por sectores.
Es por ello que el gobierno ha solicitado a los sectores opositores a su plan, que se unan a él, para que así, el número de beneficiarios del mismo sea el mayor posible y la producción se vuelva rentable, además de evitar que la hambruna que ya se vive se incremente a niveles insostenibles.
Para las Fuerzas Armadas el plan agrícola que se les propone que ayuden a implementar, no es nada nuevo, pues en determinado momento y en un pasado no muy lejano, manejaron granjas agrícolas militares que no solo produjeron alimentos suficientes para los soldados de alta, sino que los excedentes fueron comercializados entre la población civil del país.
Según los grupos campesinos que solicitaron la intervención del Ejército para mejorar la producción agrícola, ellos no tienen ningún acceso a asistencia económica y técnica en sus cultivos que son de subsistencia en las laderas pedregosas, y el cambio climático este año les ha hecho perder tres veces las semillas cultivadas, por lo que la hambruna en el sector es generalizada y requiere de un tratamiento de emergencia y un mando vertical y disciplinado, pero que además les dé protección ante la renuencia de muchos terratenientes a facilitarles la tierra necesaria para el desarrollo de sus cosechas.
Licenciado en Periodismo