AHORA que estuvimos platicando con funcionarios del FMI que visitaron Tegucigalpa, repasamos las diferencias que tenemos con su política hacia estos países. Los males –reiteramos– son estructurales. No se corrigen ahogando una demanda de hambre en el filo abismal de la subsistencia. Sino que, aumentando la oferta, estimulando la producción. La inversión requiere de confianza. Entre las muchas urgencias para que el país pueda levantar cabeza, repetimos que es imperativo un plan integral –si no pueden empujado por todos los hondureños como sucedió cuando azotó el huracán, siquiera por empresarios y gobierno– para hacer frente a la inmensidad de la crisis. El comunicado que dejó la delegación antes de salir subraya que “Honduras ha realizado importantes avances en la implementación de su programa económico, que apunta a fomentar el crecimiento inclusivo a través de políticas macroeconómicas prudentes y reformas estructurales y de gobernanza”.
Reconoce que “Honduras ha experimentado una moderación en el crecimiento económico en los últimos trimestres”, pero también ofrece la esperanza “de una recuperación del crecimiento el próximo año, en línea con el mejor entorno internacional”. Sobre las medidas contenidas en el acuerdo recalcan que “las autoridades están convencidas de que estas políticas constituyen la respuesta adecuada para promover el crecimiento económico y el bienestar de todos los hondureños, con miras a reducir la pobreza y la desigualdad”. En realidad, hasta ahora, no vemos cuáles sean esas políticas de aliciente a la producción que vayan a aumentar la oferta de bienes elaborados en el país. Para con ello incrementar la generación masiva de empleo. Eso de crear fuentes de trabajo ahora que los acuerdos de “cooperación de asilo” equivalen a un muro virtual para detener la migración, es materia de la más alta prioridad. Quizás hasta ahora la autoridad monetaria prepara una medida orientada en esa línea. “La Comisión de Operaciones de Mercado Abierto (COMA) del Banco Central de Honduras (BCH) revisaría a la baja la Tasa de Política Monetaria (TPM), en un intento de reducir el interés bancario”. Se deduce que la medida también va encaminada a impulsar los propósitos contenidos en la Ley de Alivio de la Deuda. “Las autoridades –dice el comunicado del FMI– están implementando reasignaciones de gasto para proteger la inversión pública y el gasto social”. Deberían, pero a la vez haciendo público cuáles sean esos programas. Los datos recientes que da la Chico es que la industria de la construcción está deprimida. Igual ha sucedido con la inversión pública en infraestructura y en proyectos sociales.
Algo que contribuiría a impulsar el comercio y la industria nacional sería la revisión del sistema de franquicias a las maquiladoras para que puedan traer dispensada la materia prima y lo demás que sea indispensable en la operación de la industria, pero no aquello que perfectamente puedan adquirir en el mercado nacional. Lo mismo para otras actividades –incluyendo los servicios de comidas y alimentos– que gozan de esos beneficios arancelarios y que al amparo de las exoneraciones importan hasta lo superfluo. Nadie está opuesto a que se traiga de afuera lo esencial, la materia prima que ocupan las empresas para operar, pero lo que deben de revisar cuanto antes es que bajo esos regímenes de exoneración hay muchos abusos. Menciona el comunicado del FMI que desean “mejorar el clima de negocios”. Pues bien, deben comenzar por agilizar esos trámites engorrosos que empantanan toda operación comercial. Una drástica reducción de las funciones duplicadas como de la burocracia inoperante ayudaría.