TODOS RENUNCIARON

NADIE se lo esperaba. No es lo que suelen hacer los inseparables en esas autocracias represivas. Sin embargo, mientras sus otros socios del club, se resisten al relevo, atornillados a sus tronos, Evo sorprende con su reviro.

Incluso sin poner oídos sordos a las denuncias de fraude durante la primera vuelta, anuncia que los nuevos comicios se celebrarán con un órgano electoral renovado. El resultado electoral cayó bajo sospecha en el momento que la tendencia del conteo rápido indicaba –dada la diferencia menor a los 10 puntos exigidos por la ley– que irían a una segunda vuelta. Repentinamente una interrupción de la transmisión de resultados, hasta al siguiente día cuando la autoridad electoral anuncia a Evo como ganador indiscutible, con el margen suficiente, aunque apretado, para no concurrir al balotaje. Ese fue el detonante a las manifestaciones callejeras auspiciadas por los opositores, que desencadenaron en una ola de violencia. Los enfrentamientos de los protestantes con las fuerzas represivas ya cobran la vida de 3 bolivianos y dejan 384 heridos.

La OEA envió una delegación para realizar un peritaje de los votos, sin embargo, el principal líder opositor, desconoció la auditoría vinculante advirtiendo que solo aceptaría la repetición de los comicios. El informe preliminar de la MOE denuncia serias irregularidades en el proceso y estipula como “improbable” que haya habido una distancia de los 10 puntos exigidos como diferencia para evitar la realización de la segunda vuelta. Evo –parco y con el rostro serio– se presentó rodeado de representantes de los movimientos sociales a los que dijo haber consultado, en breve comparecencia ofrecida desde un hangar del aeropuerto internacional de El Alto. Allí dejó ir las buenas nuevas: “he decidido convocar a nuevas elecciones, incorporando nuevos actores políticos”. Dijo además que dispuso “la derogación de todos los miembros del Tribunal Supremo Electoral, al que la oposición y comités cívicos acusan de fraude electoral en la victoria que concedió a Morales un cuarto mandato consecutivo hasta 2025”. Será el Parlamento boliviano al que le toque renovar el cuestionado Tribunal Electoral, que iniciará próximamente el proceso para nombrar nuevos vocales. No precisó fecha para que se realicen los nuevos comicios. Lo que sí dijo es que no va a renunciar pero que la decisión de convocar a nuevas elecciones obedece a su intención de “bajar toda la tensión y pacificar Bolivia”. No hizo alusión alguna al informe de la Misión de Observadores Electorales de la OEA. No se supo si ya de compadre hablado o como recomendación independiente, pero la secretaría general del organismo hemisférico emitió un comunicado más o menos diciendo lo mismo.

Que “la primera ronda de las elecciones celebrada el 20 de octubre pasado debe ser anulada y el proceso electoral debe comenzar nuevamente, efectuándose la primera ronda tan pronto existan nuevas condiciones que den nuevas garantías para su celebración, entre ellas una nueva composición del órgano electoral”. A las horas de haber dado su primera manifestación, y como noticia de última hora, Evo anuncia que renuncia a la Presidencia de la República “para que (Carlos) Mesa y (Luis Fernando) Camacho no sigan persiguiendo a dirigentes sociales”. El vicepresidente, sentado a su lado, también anunció su dimisión: “El golpe de Estado –dijo– se ha consumado”. También dimitió el presidente de la Cámara de Diputados. En las movilizaciones del fin de semana, donde los indignados manifestantes exigían la renuncia del mandatario, el canto repetido que coreaban en las calles era: “¡No, no, no, no me da la gana una dictadura como la venezolana!”. Ya ven, ahora solo es cosa de entonar una frasecita pegajosa y a fuerza de repetirla, hacerla popular.