Nuevos detalles sobre la catástrofe ocurrida el domingo en La Estrechura, en la que perecieron siete alumnas normalistas y hubo quince heridas

Sobre la catástrofe ocurrida el domingo en La Estrechura, en la que perecieron siete alumnas normalistas y hubo quince heridas

Varios miles formaban la procesión fúnebre. Fue un acto imponente. Incontables ofrendas florales

Ampliando nuestra información de ayer sobre el doloroso suceso ocurrido antier a las cinco de la tarde en el lugar llamado La Estrechura, damos hoy más detalles a los lectores de El Cronista.

El chofer Medina interrogado

El chofer don Luis Medina, que se encuentran en el Hospital San Felipe con las piernas fracturadas, ha manifestado que el motivo que tuvo para adelantarse a los carros que le procedían fue el de que las señoritas que conducían estaban recibiendo toda la polvareda levantada por el escape de los carros delanteros. Medina no comprendió que su deber era otro, y en un momento de imprudencia llevó el carro que manejaba sobre el abismo, consumando la horrorosa tragedia que ha contemplado atónita la capital y la que ha repercutido en el país con dolorosa sensación.

La camioneta de la muerte

Tres ciudadanos, dos masones entre ellos, don José F. Gómez y don Porfirio Guardiola, y don Juan Manuel Durón, fueron los primeros en llegar al lugar del suceso. Estos caballeros se posesionaron de lo ocurrido y empezaron a dar los pasos primeros para llegar al abismo a extraer las infortunadas criaturas que yacían unas muertas y otras en una pavorosa situación. Dicen ellos que uno de los cuadros más espeluznantes era el que representaba la alumna María Inés Zepeda, que quedó colgada de un árbol en donde recibió el golpe en el vientre que le produjo la muerte. En su agonía, la señorita Zepeda, giraba su cabeza y con una mirada de tristeza pedía socorro. A salvarla se entregaron los mencionados señores, pero para ello hubo necesidad de buscar lazos y hacer un tapesco. Así pudieron llevarla a la carretera. La infortunada niña exhalaba su último suspiro.
Entretanto allá en el fondo del abismo, la camioneta estaba hecha pedazos y el chofer en estado lastimoso, clamaba socorro, pero había primero que sacar a las niñas para después salvar a los hombres.

Llegan las autoridades y médicos

Un poco después de haber llegado el señor presidente de la República, llegaron los médicos llamados presurosamente por este, entre ellos el director de la Sanidad, Dr. don José Manuel Durón; el Dr. don Alfredo Midence; el Dr. Ramón Valladares, director del Hospital y el Dr. don Antonio Vidal M. Estos facultativos iban preparando para hacer las primeras curaciones de urgencia, haciéndolo así y de manera activísima.

Actitud del Sr. presidente

El Dr. Mejía Colindres no solo se constituyó en aquel momento como el supremo jefe de la nación, sino que prestó sus atenciones de médico y de caballero. Su automóvil presidencial fue cedido para trasladar señoritas heridas. La gratitud para este es manifiesta de todas aquellas atribuladas niñas y del público en general que presenció su manera de proceder.

La llegada de los paseantes

Como en día de San Buenaventura, el pueblo de este nombre estaba de fiesta. Había en aquel lugar y El Sauce más de treinta carros de turismo, aparte de las baronesas, limusinas y camionetas. Al saberse en San Buenaventura lo ocurrido, todos se encaminaron al lugar de la muerte y su ingreso fue oportuno, pues varios jóvenes se lanzaron con ímpetu a la tarea humanitaria de salvar vidas y fueron ellos, los jóvenes, los que bajaban al abismo en busca de las infortunadas normalistas. Estuvieron ahí activísimos los jóvenes Francisco Ramón Landa, Francisco Laitano h., Nilo Valladares, un joven italiano, varios estudiantes universitarios y del Instituto Nacional y todos los demás llegados de San Buenaventura.

Se identifican las muertas

A poco rato, entre un hipar de sollozos, la directora del plantel empieza a identificar a las muertas y un ¡ay! desgarrador se escapa de todas las gargantas a cada nombre de las que ya serán para siempre solamente un triste vacío en el rol de la Normal de Señoritas: Francisca Velásquez, Clementina Cardona, Felícitas Pastrana, Ceferina Artica, Ramona Zúniga, María Inés Zepeda y Manuela Gómez.

Se constatan las heridas

Las víctimas fallecidas a un lado, mudas para siempre; a otro lado las heridas, lamentándose de sus dolores y clamando piedad al infinito. Entre las heridas se nombra a Juanita Burgos, de gravedad; Carmen Matamoros con fracturas, y las demás golpeadas, heridas, con descomposturas y fracturas considerables, Genara Chavarría, Elena García, Ernestina Rodríguez, Eva Flores, Elia Carías, Emilia Calderón y Ernestina Quesada. Las alumnas que resultaron menos golpeadas fueron las que ocupaban el lado izquierdo del carro y que estuvieron listas a tirarse a la carretera. Así pudieron salvarse de la catástrofe en que perecieron sus compañeras.

El velorio y el entierro

Tal como lo informaron ayer, la velación de cadáveres se hizo en la Normal de Señoritas. Mientras allí se velaban los cadáveres de las infortunadas niñas, en el Hospital San Felipe los cirujanos hacían curaciones y operaciones a las sobrevivientes. Su trabajo duró toda la noche, habiendo atendido debidamente a tanta víctima de la desgracia.

Para el sepelio de las normalistas circularon en profusión invitaciones de centro educativos, del gobierno, de particulares y de deudos de las fallecidas.

A las cuatro de la tarde las calles adyacentes a la Normal estaban llenas de gente. La procesión fúnebre salió entre la valla formada por todos los colegios y escuelas de ambos sexos de la capital. Era aquel desfile magestuoso, imposible de calcular en conjunto; varios miles de personas concurrieron a este desfile fúnebre.

La Banda de los Supremos Poderes uniformada de blanco; las escuelas llevando sus ofrendas florales, los poderes del Estado, las personas docentes de las escuelas y colegios, militares de alta graduación uniformados; el cuerpo diplomático y consular y distinguidas damas de nuestra sociedad. En fin, toda Tegucigalpa y la ciudad vecina se dieron cita a tribular su postrer homenaje a las normalistas que se encaminaban a su última morada. El duelo se manifestaba en todos los semblantes. Bien hizo el gobierno en decretar duelo nacional, porque efectivamente así es. Solo el general Manuel Bonilla y el Dr. Paulino Valladares han tenido un entierro igual.

En el Cementerio General

Llegada la comitiva a la Necrópolis capitalina los féretros se colocaron en el salón de la capilla y empezaron las oraciones de dar la eterna despedida a las que en plena juventud rendían su tributo a la madre Tierra. Hablaron en representación del gobierno, entidades educativas y a nombre propio, los señores profesores don Miguel Morazán don Miguel A. Navarro A., y señorita Visitación Padilla; don Marcos Carías Reyes, don Humberto Alonzo, don Emilio Gómez Rovelo, don Fausto Núñez Aguilar y varios otros jóvenes que no sabemos su nombre.
Los discursos los principiamos a publicar hoy para continuar mañana con los que tenemos en nuestro poder.

Nota final

La capital ha manifestado de cierta manera un sentimiento profundo de pesar por tamaña desgracia nacional; las ofrendas florales adornaron de manera espléndida las salas mortuorias. Todas las flores de los vergeles fueron costadas para colgarlas sobre los féretros. Las lágrimas rodaban por todas las mejillas y nadie se ocupaba más que hacer el comentario del ocurrido.

Los teatros se cerraron; el concierto se suspendió el domingo en señal de duelo; los establecimientos públicos de comercio enmudecieron sus cajas musicales y a la hora del entierro se cerraron los talleres nacionales y los particulares quedaron solos porque nadie se quedó sin ver la procesión fúnebre de ayer tarde.
Nuevamente EL Cronista hace suyo el gran pesar que embarga a la nación y envía a las madres ausentes y familiares de las víctimas su palabra de consuelo y su sentimiento de profundo pesar.

Traducción:

Sírvanse extender nuestro más sentido pésame a las familias de los que sufrieron con el accidente del domingo.
Hammilton-Brown Shoe C·
De usted Attos. SS. SS.
Walter Brothers.
Corona Fúnebre (1929). Nuevos detalles en Corona Fúnebre consagrada a la memoria de las alumnas normalistas que fallecieron el 14 de julio del año 1929. Tipografía Nacional. Tegucigalpa, Honduras.