Todos, contra Sánchez

Por: Juan Ramón Martínez

Estamos aquí en España, a dos días de las elecciones generales. Sobre la base del desacuerdo de formar gobierno, –en un sistema parlamentario desconocido y olvidado entre nosotros–, las elecciones serán el próximo domingo 10. No hay propuestas, excepto la vaga promesa de cumplir el programa histórico socialista. Aquí empero, tienen un proyecto de muy corto plazo: impedir que el PSOE pueda hacer gobierno. Incluso los catalanes independentistas, los integrantes de Podemos –que surgieron de la movilización cívica de marzo–, todos luchan por una meta de corto plazo: que el presidente en funciones, no puede tener los diputados suficientes para formar gobierno, pactando con cualquiera que, así lo prefiera. El Partido Popular, el segundo más fuerte según las encuestas, arrecia contra Sánchez, bajo el concepto mexicano que si no eres mía, no eres de nadie, con una pasión desmesurada en la cual, no se excluye la posibilidad que al final, a partir del 12 se produzca algo que no es extraño: que pacte con el PSOE. Todas las opciones, pese a la dispersión de las posturas y las durezas de los ataques, –más educados que los nuestros y con más imaginación por supuesto–, en vista que la clase política es más culta, más cercana, menos autocomplaciente y egoísta que la hondureña, son posibles. Además, aquí no se lucha por evitar la reelección o para sacar el gobernante, sino que todo lo contrario, para impedir que el presidente en funciones, logre los diputados suficientes, para constituir un gobierno estable, con mayoría en el Congreso.

Lo más interesante, ocurrirá a partir del lunes. Después de la resaca electoral, empezarán las negociaciones, –difíciles porque los españoles son complicados y rencorosos, como nosotros, aunque más realistas para negociar y no necesitan de la ONU o la OEA para ponerse de acuerdo– pero no imposibles. Aunque no sea tema de discusión abierta, es evidente que España atraviesa dos dificultades muy obvias. La primera es que la falta de gobierno, no tiene el mismo efecto que en Bélgica. Allá estuvieron 19 meses sin tenerlo y su economía creció. Aquí, por el contrario, empiezan a verse las primeras señales que pueden generar desaceleración económica y disparar el desempleo. Y la segunda, es la “revuelta” de Cataluña, frente a la cual, casi todos los partidos actúan con sumo cuidado. La derecha española, PP, Ciudadanos y Vox quieren aplicar la fuerza. PSOE y Podemos, son más cautos y todavía apuestan, en graduación diferente, a las posibilidades del acuerdo que impidan la secesión de esta región de España. Mientras tanto, el tumulto crece y la revuelta no para. El PNV, el más cercano a los independentistas, se ha distanciado de los que creen desde Cataluña, que se pueden separar “de Madrid” –un eufemismo desgastado– pasando por encima de la ley y la Constitución.

No hay nadie que crea que las negociaciones, fuera de los resultados que se alcancen, serán fáciles. Por supuesto. Si Sánchez logra convencer a los españoles que es mejor tener un gobierno de izquierda, que no tener ninguno, las cosas pueden facilitarse. También si, como indican las encuestas, el PP, Ciudadanos y Vox, por crecimiento de diputados, tienen posibilidad de un gobierno de derecha. Es factible. Aquí tienen la ventaja que las diferencias entre los españoles por más difíciles que sean –aunque muchos catalanes piensan de otra manera– las arreglan entre ellos. Desde aquí, Washington está mucho más lejos y la OEA es una figura caricaturesca y distante, fruto de la impotencia latinoamericana y nuestros afectos y desafectos con los estadounidenses.

Pero ni los más optimistas creen, que las negociaciones serán fáciles. Podemos, con Iglesias, seguirá en sus trece. Quiere participar en el gobierno, porque como sabemos, el fin de la política es lograr el poder. Pero no quiere ir en la cola de la izquierda, sino que al lado, cosa que no es posible por el peso y la fuerza del PSOE. Más bien, no hay que descartar otras dos posibilidades. Una que la derecha tenga tantos votos que pacten fácilmente y hagan gobierno. Y dos, posiblemente la más improbable –como han hecho otros partidos europeos–, las dos más grandes formaciones partidarias, PSOE y PP pacten un gobierno de unidad nacional. Lo impedirá un cadáver. El de Franco. Increíble; pero cierto.