Silvina y Wally

Por: Abog. Octavio Pineda Espinoza(*)

Generalmente escribo de política, pero acudí en estos días a la boda del hijo de uno de mis mejores amigos, el abogado Waldo Rivera y Nadia Canizales, nuestra colega y distinguida esposa de Waldo, una pareja ejemplar que conozco hace más de treinta años, es de esas relaciones amistosas en las que los amigos nos toca vivir las buenas y las malas, una suerte de privilegio de amistad, en estos tiempos en los que nadie creé en eso. Tuve la suerte de estar presenta en la boda original de Waldo y Nadia, los padres de Wally, el nuevo contrayente, la vida y Dios quiso que nuestras fortunas como las de muchos otros conocidos, amigos y amigas se dispersaran en esa diáspora irremisible que es la amistad, con sus altas y sus bajas.

Tuve la oportunidad de conversar mientras celebramos el éxito del hijo del amigo, que al final, es el éxito de los padres, con amigos de aquella época maravillosa donde todos veníamos comenzando y nuestro éxito, era más lo que opinábamos y luchábamos que nuestras cuentas bancarias; obviamente, nadie era tonto y en el tiempo y en la distancia que da la vida, las fortunas, los logros y las luchas nos definieron a cada uno de los amigos: en mi caso los iniciales, Waldo Rivera, Salvador Polanco, Jorge Serrano, Nadia Canizales, Dilma Carías, Karla Ferrera, Valentín Aguilar, Omar Casco, Jorge Valladares, Alejandro Aplícano, Miguel Cálix, Reyna Rivera Joya, Claudia Sánchez, Nick Atala y otros y otras con las que compartimos techo, expectativa y sueños y que por falta de espacio no menciono pero que, igualmente fueron compañeros, amigos y amigas entrañables, me acuerdo de Loyda Venegas, Kenneth Bodden, de las paceñas, los gracianos, en fin, de tantos compañeros y compañeras que representaban tan bien sus orígenes y sus lugares de nacimiento, les ofrezco a todos y todas hacer una recolección justa de los nombres en otra oportunidad, hoy les pido disculpas porque el espacio en el diario no me permite mencionarlos a todos y todas. Prometo hacer justicia.

Y lo digo porque el objetivo de esta reflexión va encaminado a celebrar, a jóvenes que todavía creen en Dios, en el amor y en la familia como Wally y Silvina, representan nuestra esperanza por un futuro mejor para Honduras y nuestra sociedad, desde el momento en que, como dijo correctamente el pastor Isaac Zelaya, por esas cosas de la vida, amigo y correligionario, decidieron construir una vida juntos bajo las leyes de Dios y las leyes de los hombres, justamente su notario autorizante fue otro colega y amigo, persona seria y responsable, el notario Guillermo Caballero, en pocas palabras, estos jóvenes se aseguraron de obtener todas las responsabilidades, todas las promesas de éxito, todas las bendiciones del Altísimo y todas las buenas intenciones de aquellos que creemos en el amor como el más sublime de los sentimientos y en el Señor, como el mejor garante.

Debo decir, con mi poco conocimiento, que esta es una pareja feliz que decidió unir sus vidas por cosas más importantes que las materiales, Silvina es una joven inteligente, trabajadora y activa, con mucho carácter, luchadora, como entiendo han sido sus padres y familia y, el apreciado amigo Wally, es una persona con un carácter agradable, amistoso, sincero y sensible, hay complemento entre los dos, son alegres, son jóvenes, que gran virtud!, ambos dispuestos a conocer, a entender y a escuchar esas cosas importantes de la vida que los padres compartimos con los hijos pero sobre todas las cosas, dispuestos a conocerse aún más y a aceptarse tal como son cada uno, de ahí considero, humildemente, podemos definir y entender el resto de su viaje que como amigo espero sea dichoso, impedecedero y premiado con hijos, triunfos y retos, porque no hay vida que valga la pena vivirse sin esos retos.

Finalmente, conociendo a mis amigos, sus padres, conociendo al contrayente, casi un familiar, conociendo a su novia, escuchando a sus padres en la ceremonia, celebro, escribo y aspiro a que dentro de tanto dolor que hay en Honduras, podamos todos celebrar, cada quien en su familia, esa apuesta por un futuro compartido, esa apuesta por Dios, por sus enseñanzas, por sus entregas y tribulaciones, que nos hacen más humanos, pido a Dios que, cuando me toque entregar a mi hija Samantha, que es mi mayor logro, lo pueda hacer con el sentimiento y la lealtad que ví hoy del padre y la madre de Silvina y la comprensión y sobre todo, la aceptación de mis amigos Waldo y Nadia, porque al final, cada cosa que se consagra en el nombre de Dios y de la bondad, tarde o temprano, tiene su recompensa. Felicidades a mis amigos, felicidades a los contrayentes, felicidades a todas las parejas que decidan el camino del Señor, del amor y de la lealtad incondicionales.

(*) Secretario Gral. del Partido Liberal, catedrático universitario