Juventud vibrante

Por Rafael Jerez Moreno
Twitter: @RafaJerezHn

No todos son iguales. La frase que comúnmente se utiliza para no meter a los políticos en un solo calificativo; y aunque cueste creerlo, es así. Ciertamente las decisiones de unos pocos corruptos han tenido repercusiones en la dirección que ha tomado el país, pero eso no quiere decir que no ha habido políticos de diversos partidos políticos, que han fijado oposición, verdadera oposición. Con los jóvenes sucede lo mismo, no todos “son así”.

Dada la posición que una agrupación política ha tenido en la última década, uno podría pensar que, durante el surgimiento paulatino de actos de gran corrupción, poco a poco quedarían sin adeptos, militantes y simpatizantes. Sin embargo, el poder es un tesoro que diariamente se persigue, y una vez que se conquista, para mantenerlo hay que ejercerlo, pues con el simple hecho de tenerlo el resultado -eventualmente- será perderlo. Y de ahí se alimentan todos, el tradicionalismo que todos conocemos, que aparece en la televisión defendiendo con la boca (y el estómago) lo que a través de la razón no se puede. Ellos no son los únicos. Bajo el discurso del relevo generacional, toda vieja guardia necesita de un grupo de cachorros para protegerles; el detalle radica que, así como están las cosas, esa protección es para dos cosas: o para seguir en el poder, o para evitar que duerman en las celdas de los centros penitenciarios, de acá o de Estados Unidos. Para no perder la costumbre…
No tienen conciencia. Eso también lo decimos. En realidad, sí la tienen, saben muy bien lo que está atravesando el país, frente a sus ojos se desploma la institucionalidad, las libertades, el estado de derecho, entre otras cosas. También, conocen perfectamente a quien están sirviendo, y aprenden satisfactoriamente de ellos y sus prácticas maquiavélicas para evitar enfrentar ponerse frente a la ley. Debido a su edad, todavía preservan el orgullo, caminan con la frente en alto siempre y cuando estén entre sus pares, aunque no se agraden mutuamente, entre gitanos no se leen las manos. Una vez que salen de su zona de confort, el silencio y la moderación es su etiqueta, pues no es fácil defender una mentira frente a un pueblo. Al final, se pueden cambiar las reglas, pero no los hechos.

Pero no todos son así. Es normal que creamos que todo está perdido. Encendemos la televisión y vemos las mismas caras, en la radio escuchamos las mismas voces, pues para el statu quo, los referentes siguen siendo los mismos. Claro, los mismos para seguir en lo mismo. No obstante, sostengo firmemente que, a diferencia de otros momentos puntuales, hoy tenemos una juventud cada vez más vibrante.

Vibrante, pero con cautela. Alzar la voz no es fácil en un lugar en el que históricamente, es más factible apagarla que escucharla. Lo importante es que estas nuevas generaciones han comprendido que la historia tiene dos lados, y aunque en elecciones últimamente no han respetado auténticamente su derecho a elegir, en estas circunstancias, no hay “bache” que obstaculice que usted tome una posición.

Y así lo han hecho, han asumido el riesgo, jóvenes de distintos partidos políticos, sector empresarial, estudiantil, sociedad civil, religioso, etc. Un día dejaremos de ser jóvenes, pero seguiremos siendo hondureños, y es eso lo que nos debe mantener luchando por una causa. Lo que no debemos olvidar es que, más temprano que tarde, cambiarán de sitio en las relaciones de poder los de la vieja guardia. Una por otra. Y con la nueva, vendrá una nueva camada de cachorros; con el tiempo veremos quién es quién, pero tendré mi esperanza puesta, en que esta generación, eventualmente llegará a ocupar los mismos (o más) espacios. Quizá con las mismas banderas, pero siendo mejores personas, deberá demostrar que no es “así”, sino que mejor, así como manda la Constitución, siempre del lado correcto de la historia.