SIEMPRE hemos alertado que una vez las cuestiones del estómago calientan las calles, cualquier cosa puede suceder. Como se trata que unos a la bulla y otros a la cabuya, la tentación de muchos políticos es meterle leña al fogón encendido. Más ahora cuando hay amenaza velada de “vientos bolivarianos que no tardan en convertirse en huracán”. La convulsión en Ecuador, durante semanas, tuvo sitiado al gobierno. Hasta que Lenín, cuando no pudo atajar a la gente con estado de sitio y toques de queda, derogó el decreto de ajuste. Se ofrece como un campanazo de alerta sobre lo frágiles que son las democracias en estos pintorescos países acabados. Los controvertidos programas de ajuste estructural a la economía (reducción del déficit fiscal, eliminación de subsidios, devaluación de la moneda, etc.) exigidos por el FMI, son para obtener el certificado de buena conducta que destraban los desembolsos de los prestamistas internacionales. Pero también son la chispa que enciende protestas multitudinarias que desencadenan en inestabilidad política entre las víctimas.
En Ecuador, la eliminación del subsidio a los combustibles estalló en una ola de violentas manifestaciones.
Habría que sumar el daño causado al país por la parálisis, la destrucción a la propiedad pública y privada, los saqueos, los muertos, los heridos, la represión, en fin, la mayor polarización sufrida por la sociedad. Si Lenín fue el foco central de las protestas, los indignados gritaban en la sitiada capital que “no pararían hasta que el FMI salga”. A echar pulgas a otra parte. Sobran gobiernos complacientes a los que no les queda de otras que rascarse del pulguero que les dejan. Pero como ocupan asistencia para solventar una mala situación, abren sus puertas de par en par, a las recetas del Tata Fondo y de sus quisquillosa tías las Zanatas. Pese a que, como ya hemos denunciado, esa poción para corregir desequilibrios del mercado, apretándole el pescuezo a los contribuyentes, aturde el sistema. La perturbación económica la corrigen por el lado del consumo. El fin es agenciarle más ingresos al fisco. Pero la vaina es que en estos paisajes tropicales acabados no se trata de problemas de demanda, ya que la demanda que hay es de subsistencia. El problema es de baja producción. Y la solución no consiste en extinguir la demanda sino en incrementar la oferta. Eso se logra con medidas de estímulo a los mercados. No sofocando el consumo sino alentándolo, claro, a la vez que se crean las condiciones para incrementar la oferta disponible de bienes y servicios. Con alicientes a la iniciativa privada. Para generar fuentes de empleo. Sobre todo ahora que los pactos de cooperación de “asilo”, cerraron la válvula de escape –las migraciones– a la creciente desocupación. Se quiere un modelo que aumente los ingresos, que cree trabajos, incentive la producción; que genera riqueza, no que obligue a repartir la pobreza.
Medidas de ajuste fueron las que generaron el brote tumultuario en Nicaragua. El reclamo por el recorte al sistema de pensiones rápido evolucionó a demandar la salida del comandante sandinista. Argentina en el 2001 incurrió en el default más grande de la historia al dejar de pagar bonos por un valor de US$93,000 millones. Tiempo después el FMI reconoció el mea culpa. Pero sus testarudos economistas, usualmente no admiten ni los yerros de su perspectiva económica ni la convulsión política que instigan las medidas. Ahora a Macri la política económica fracasada le cobra la factura, permitiendo el retorno de la izquierda peronista que provocó el desquicio anterior. (La broma que les juega el destino), es que ahora les tocará lidiar con lo que empezaron; nada más que hoy sin la asistencia del finado líder bolivariano durante la era abundante de los petrodólares. El heredero al trono está arrancado. El país arruinado, gracias a su destructiva gestión. ¿Habrá alguien que lleve la cuenta de cuántos gobiernos latinoamericanos tumbaron las revueltas inducidas por las medidas tóxicas de ajuste? O parecido, ¿los reveses electorales sufridos por mandatarios cuya popularidad cayó a los suelos consecuencia de los trancazos? Para que nadie se sienta aludido, aclaramos que nada de lo anterior, tiene nada que ver con la misión del FMI que anda de visita en Tegucigalpa.