Video cortesía de UNITEC
Era una fresca mañana de octubre, hace exactamente 30 años, cuando los hondureños amanecieron con la trágica noticia del más grande accidente aéreo ocurrido en el país.
Los periodistas de radio, en medio de sus alarmas de última hora, daban a conocer la fatalidad que cobró la vida de 146 personas.
Los escasos noticiarios de televisión trataban también de llevar las terribles imágenes del percance a un público deseoso de conocer lo ocurrido.
El vuelo 414 de la desaparecida aerolínea hondureña Tan-Sahsa, se estrelló en el sector de Las Mesitas, en el Cerro de Hula, a 24 kilómetros al sur de Tegucigalpa.
Aquel 21 de octubre de 1989 cambió para siempre el rumbo de la historia de la aeronática comercial en Honduras.
El avión se aprestaba a aterrizar en la pista del aeropuerto internacional de Toncontín, que salió de la ciudad de San José, Costa Rica e hizo escala en Managua, Nicaragua.
El Boeing 727-224, con número de série 19514/597, perdió contacto con la torre de control e impactó a 5,6 millas antes del aterrizaje con 146 personas a bordo, 8 tripulantes y 138 pasajeros.
Un total de 15 personas sobrevivieron a esa catástrofe. Cuatro de los tripulantes y 127 pasajeros fallecieron al instante.
Cuando los socorristas llegaron al lugar del impacto encontraron una verdadera escena dantesca, la nave quedó completamente destruida.
Los datos de investigación indicaron que el accidente se produjo debido a la condiciones meteorológicas adversas, el terreno montañoso de Tegucigalpa y que la aeronave no estaba equipada con sistemas de alerta de proximidad, según detalla el sitio web HN – Spotters News, especialista en temas de aviación.
Hoy se cumplen 30 años de esa tragedia, de la cual quedan los recuerdos y los monumentos que se levantaron hace unos años en el lugar del accidente en memoria de cada una de las víctimas.

