Por Óscar Antonio Oyuela Castellón
Ante este triste panorama de incertidumbre que amenaza con terminar arruinando nuestro pobre pero bello país, con una población descorazonada que percibe un futuro incierto, impreciso, cobra vigencia el adagio popular “en río revuelto ganancia de pescadores”, los grupos de presión y de interés hacen sus propios cálculos después de los sucesos en los tribunales de Nueva York, desde luego, si voluntariamente decide el Presidente dimitir al cargo. Los hombres de negocios y banqueros, aunque tacaños, generan empleo y servicios, les preocupan la inseguridad prevaleciente que perturba sus normales operaciones.
El COHEP ha formulado un serio planteamiento como lo ha hecho también la Conferencia Episcopal. Los que están fuera del pastel como los oportunistas disfrazados de socialistas a través del partido político que les regaló aquel presidente nacionalista de turno invocando el Acuerdo de Cartagena, ha conquistado espacios importantes en organismos electorales y el Tribunal Superior de Cuentas, en el Congreso se sospecha han vendido votos al mejor postor para inclinar la balanza legislativa, controlan ONG de maletín expertas en crear terror social amancebadas con el crimen transnacional, bajo la directriz de “estrategas” que siguen el mismo guion de los fracasados regímenes Castro- chavismo, asegurando que una vez alcanzado el poder se hará, lo que todos hoy sabemos que ha sucedido en la miserable Venezuela, que terminaron con todo lo bueno del modelo económico político liberal para instaurar un régimen fabricante de pobreza y miseria.
Estos ilusos venden fantasías a las masas que anhelan un mejor futuro para sus hijos, prometiendo el sol y las estrellas y al final todos terminan estrellados. Hasta esbirros cubanos que un día integraron cuadros de inteligencia y espionaje salieron huyendo en frágiles embarcaciones para llegar a Miami, otros salieron hacia Sudamérica camuflados como médicos, enfermeras o técnicos deportivos, bajo el programa esclavista “Cooperación Medica de Cuba”, para después, en la primera oportunidad, acogerse a los beneficios que generosamente ofrece los Estados Unidos de América, faro de la libertad, donde el migrante de cualquier nacionalidad puede hacer realidad el sueño americano, siempre que esté dispuesto trabajar sin mañas ni trucos, que cambie esas nefastas ideas conformistas que solo los “pobres alcanzarán el Reino de los cielos” y adopten principios de la Reforma Luterana y Calvinista que hacen del trabajo un principio moral y el éxito mercantil como tributo al Creador. Además, el sueño americano se alcanza pensando en inglés e integrándose totalmente al sistema, tal como lo planteó el fallecido intelectual estadounidense, profesor de Harvard Samuel Phillips Huntington, en su libro “Wo Are We”. Por todas sus virtudes Estados Unidos sigue siendo refugio de los que huyen de la tiranía. Los refugiados cubanos ya no caben en Miami, y aun así, se acomodan las decenas de miles de venezolanos, incluyendo a la casta de corruptos “boliburgueses” que huyen de la dictadura, sumado a los centroamericanos que temen ser una estadística más en sus violentos países.
En Honduras al margen de la agenda de los agitadores, nos preguntamos: ¿qué vamos hacer después de la sentencia judicial de Nueva York, que indirectamente afecta la imagen del Presidente?, ¿que termine su gobierno cuestionado o dimita y deposite el poder en uno de los designados?, o lo entregue a un gobierno provisional con apoyo de las Fuerzas Armadas responsable de la seguridad nacional, y que en un tiempo perentorio convoque al pueblo a elecciones generales en el marco de la aún vigente Constitución del 82, que manda en el Artículo 375: “Esta Constitución no pierde su vigencia ni deja de cumplirse por acto de fuerza (golpe de Estado militar), o cuando fuere supuestamente derogada o modificada por cualquier otro medio y procedimiento distinto del que ella misma dispone…”. No olvidemos el Artículo 374: “No podrán reformarse, en ningún caso…
los artículos constitucionales que se refieren a la forma de gobierno, al territorio nacional, al período presidencial, a la prohibición para ser nuevamente presidente de la República, el ciudadano que lo haya desempeñado bajo cualquier título y el referente a quienes no pueden ser presidente de la República por el período subsiguiente”.
Si el finado jurisconsulto Efraín Moncada Silva demostró que la Constitución del 82 sigue siendo eficaz y eficiente en estos tiempos, entonces, ¿qué razón tiene una Constituyente?
No nos dejemos robar lo poco de democracia que hasta hoy hemos construido. Ha llegado el momento histórico de salvar la República.