¿REELECCIONES?

EVO pudo superarlos a todos. Lleva 14 años continuos en el poder. (Solo equiparado por el comandante sandinista que rebasó el largo período de la dinastía somocista). No lo suelta. Desde que jugó enchute con su actual contendiente. Mesa, entonces vicepresidente del depuesto Sánchez de Lozada, se quedó con la silla cuando lo tumbó la guerra del gas. Al pacificar el país creció en popularidad, pero no pudo concluir el mandato, ya con la imagen devaluada. La impericia como la insensatez, cuando cabalgaba con opinión pública favorable, de menosprecio al sistema político, al que acabó hundiendo, lo botaron. En un desesperado intento de validar un referéndum de autonomías y convocar la Constituyente –sin consultar los influyentes sectores y fuerzas políticas– sitiado por manifestaciones callejeras, y las trancas de carreteras de los cocaleros de Evo, dimitió pavimentando el camino al triunfo del primer mandatario de origen indígena en Bolivia.

La reelección que busca ahora ha sido duramente cuestionada. El 2016 convocó un referéndum para modificar la Constitución y permitirle una nueva postulación. Perdió la consulta. El “NO” ganó con un 51% de los votos. Aún con ese revés el partido de Evo acudió al Tribunal Constitucional con un recurso abstracto de inconstitucionalidad contra la limitante constitucional a los mandatos consecutivos. Pese a que la Constitución boliviana establece que una persona no puede gobernar por más de dos períodos consecutivos y que Morales perdió un referendo en 2016 en el que intentó anular esa limitación, el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) emitió un controversial fallo a favor de las intenciones del mandatario. El argumento fue que limitar los períodos era una violación a los derechos humanos. (¿Alguna similitud o coincidencia con el caso hondureño?). Posteriormente el Tribunal Electoral Boliviano lo inscribió habilitando su candidatura presidencial. Un tema jurídico controvertido. El Nobel de la Paz tico –ahora bastante devaluado en su imagen– recurrió al artículo 23 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos para volverse a postular. Parecidos casos los del comandante sandinista y el hondureño. En una sorpresiva declaración para alguien que parecía abogar en contra de la reelección, el Secretario General de la OEA, en su visita a Bolivia, abrazado de Evo, le dio un espaldarazo: “Sería absolutamente discriminatorio que Evo Morales no pudiera presentarse a las elecciones de octubre en Bolivia”. Este domingo se realizan las elecciones generales. Sería la contienda más competida hasta el momento. La economía ya no es boyante como lo fue en sus primeros períodos con ingresos al fisco extraordinarios, como para gastar a manos llenas, provenientes de los altos precios de los carburantes. Los incendios de la Amazonia le cobraron factura.

La oposición son pedazos disgregados. Sin embargo, muchos bolivianos, aunque ninguno de los candidatos les atrae, apuestan por Mesa, aunque poco atractivo, es quien más logra acercarse. No es tanto un voto a su favor como en contra de Evo. Sin embargo, aún cuando Evo puntea, las encuestas muestran bastante imprecisión en los resultados. Requiere mayoría absoluta o una diferencia de más de 10 puntos sobre su más cercano rival para ganar en primera vuelta. Una encuesta reciente, Ipsos Bolivia, le da 40% de la intención de voto, con una distancia de 18 puntos de su inmediato seguidor, que llega a 22%. Con eso ganaría en la primera vuelta. El estudio de Ipsos consultó sobre la posibilidad de una segunda vuelta en la que también Morales se impondría con el 47 por ciento de votos a favor frente al 39 que obtendría Mesa”. Otra encuesta difundida por la empresa CiesMori, con estos resultados, predice que habrá una segunda tanda: Evo con el 36.2%, Mesa con el 26.9%, mientras otros candidatos obtienen apenas 7.8 y 5.8 puntos de preferencia de los electores. Pendientes, entonces, del veredicto final del soberano boliviano, si las votaciones son transparentes.