Por: Ángela Marieta Sosa
Especialista en derechos humanos
A fin de introducir el tema, actualmente en el mundo, muchas personas se encuentran en un lugar inseguro, plagado de amenazas en múltiples crisis prolongadas, los conflictos violentos, los desastres naturales, la pobreza persistente, las epidemias y las recesiones económicas que imponen privaciones y socavan las perspectivas de paz, estabilidad y desarrollo sostenible de muchas naciones. Esas crisis son complejas cuando no existe voluntad política de ordenarse y resolverlas.
Según se señala en la resolución 66/290 de la Asamblea General de Naciones Unidas, “la seguridad humana es un enfoque que ayuda a los estados miembros a determinar y superar las dificultades generalizadas e intersectoriales que afectan a la supervivencia, los medios de subsistencia y la dignidad de sus ciudadanos”. En la resolución se exigen “respuestas centradas en las personas, exhaustivas, adaptadas a cada contexto y orientadas a la prevención que refuercen la protección y el empoderamiento de todas las personas” https://www.un.org/humansecurity/es/what-is-human-security/.
Consecuentemente, el enfoque de seguridad humana consiste, en un marco de análisis y planificación de valor comprobado que ayuda a las Naciones Unidas a formular respuestas más amplias y preventivas de carácter intersectorial y a desarrollar soluciones contextualmente pertinentes y crear alianzas para contribuir a hacer realidad un mundo libre de temor, miseria y falta de dignidad, es decir, Naciones Unidas, tenía que establecer un orden estructural de las necesidades identificadas en base a determinantes sociales, y así, poder atender diferentes dimensiones, identificadas desde el criterio del enfoque de seguridad humana.
En el contexto referido, debemos aludir a Honduras,y para respetar su historia y presente, es importante decir que históricamente, nuestro país, creció en un desorden estructurado, que naturalmente se ha reflejado en una institucionalidad gubernamental y de sociedad civil, desarticulada, oligárquica, poco propositiva desde la identidad nacional, además se generó una desigualdad social evidenciada en todos los órdenes que componen nuestra sociedad. Cabe mencionar que tanto las desigualdades sociales, como el desorden institucional han sido un tema priorizado por el actual gobierno, al aprobar la Ley de eficientización de la Administración Pública, y al implementar programas integrales de desarrollo humano.
En tal sentido, Naciones Unidas en su enfoque de seguridad humana nos plantea siete dimensiones para dirigir la atención a sus estados partes, y estas son: seguridad económica, alimentaria, en materia de salud, ambiental, personal, de la comunidad y política, y de las mencionadas, es pertinente para incorporar la dimensión de convivencia, desarrollar el planteamiento de la seguridad de la comunidad que trata: “de que, la mayor parte de la población deriva seguridad de su participación en un grupo, una familia, una comunidad, una organización, un grupo racial o étnico que pueda brindar una identidad cultural y un conjunto de valores que den seguridad a la persona. Esos grupos ofrecen también apoyo práctico. Por ejemplo, el sistema de familia ampliada ofrece protección a sus miembros más débiles, y muchas sociedades tribales funcionan basándose en el principio de que los jefes de hogar tienen derecho a una parcela de tierra suficiente para mantener a su familia, de manera que la distribución de tierras se hace en consecuencia. Pero las comunidades tradicionales pueden también perpetuar las prácticas opresivas: el empleo de mano de obra sojuzgada, esclava y el tratamiento particularmente cruel de la mujer…” file:///C:/Users/Mispa-VI6/Desktop/IIDH%20SEGURIDAD%20HUMANA.pdf.
Estas dimensiones deben actualizarse, e incorporar la dimensión de convivencia, que es el desarrollo de relaciones de respeto activas en la comunidad, ya que, se estaría, visibilizando, una de las principales y más fuertes causas del deterioro del tejido social, que ha creado el rompimiento de la coexistencia pacífica, alcanzado una intervención acertada, en prevención y control, con el enfoque de seguridad humana.
Esta propuesta de inclusión sería el avance más pragmático y caracterizado socio culturalmente a nivel de cada país a intervenir con este enfoque, además se garantizaría la sostenibilidad de cualquier programa de ayuda que en base a las siete dimensiones concebidas inicialmente se implemente, puesto que de nada sirve que Naciones Unidas, invierta en proyectos y/o programas, que se verán seriamente deteriorados por los factores de riesgo que sustentan la mala convivencia.