Juicio

Por Carolina Alduvín

Aunque la vida sigue igual en el país, los churros de las diversas televisoras del continente han pasado a segundo plano; la telenovela que hoy acapara la atención en el limitado horizonte nacional es el juicio a un hermano del Presidente. Tanto los encarnizados opositores, como los que por X o por Y salen en defensa del mandatario, parecen olvidar que el acusado no es el Presidente, por muy hermano de padre y madre que el presunto narcotraficante sea; los primeros se regodean en transmitir selectivamente ciertas declaraciones de los testigos: las que se refieren a sobornos que los capos presuntamente pagaron al Presidente, mientras que los segundos deberían tranquilizarse, por la sencilla razón que el acusado no es el que llaman su líder. A menos que, como muchos, estén convencidos de que el hombre cae si refunden al hermano.

Personalmente y confesando toda mi ignorancia en materia jurídica o política estadounidense, no lo creo; me parecen ridículas ambas posiciones. A quienes repudian al actual gobierno, se les quema la miel porque el acusado sea condenado por el jurado, ya que creen que tal veredicto va indisolublemente ligado a la caída de un presidente extranjero. Ponen en los titulares las imputaciones, pero en el cuerpo de los comunicados no se ven pruebas. ¿Acaso los sobornados tienen que firmar recibos por lo que sea que hayan pagado otros por su integridad? ¿Será que los corruptores deben declarar al fisco sus ganancias y por eso necesitan comprobantes de egresos? ¿O las personas que declaran son dignas de todo crédito, al grado de no tener que demostrar lo que vierten como testimonio? Dudo que a los jurados les interese quién gobierna o deja de gobernar un territorio que probablemente ni saben dónde queda.

En cuanto a los que se manifiestan a favor de que el Presidente continúe su mandato, hay de todo: desde quienes lo apoyan incondicionalmente y de corazón, hasta quienes lo detestan pero se lo tragan y protegen su chambita aunque no quieran salir a las calles, pasando por los que lo hacen por mera disciplina partidaria, le deben algún favor o, tienen mejor cálculo político que el payaso narrador de fútbol que ya se ve sentado en la silla que dice le arrebataron hace dos años. Lo que dejan ver es temor, independientemente de si el asunto les preocupa o no.
Pase lo que pase, el nombre de Honduras no puede estar más enlodado, presentar pruebas de lo que se acusa es deber de los fiscales y aceptarlas o rechazarlas queda a criterio de los jurados, pero las reiteradas declaraciones nos afectan a todos, no solo al Presidente. Dejan ver que aquí se vale hacer de todo mientras haya con qué comprar la tolerancia o complacencia de las autoridades y de los pobladores, sin mencionar el nuevo Código Penal que dicen que está por aprobarse y que abre una permisividad que no se había visto desde la época de las montoneras. Se habla de un juicio político al Presidente en el congreso local, hay iniciativas de quienes se dicen opositores y se suman algunos más, aparentemente esperan que la caída del acusado les facilite el que el puesto nacional quede vacante para luego despedazarse entre ellos para ocuparlo, con mutuas descalificaciones que, solo llevarían a que haya más de lo mismo. No en vano, antes de preocuparse por el destino del país, les preocupa y resuelven la forma en que creen que podrán tener mayor control sobre los procesos electorales.

Por ahí se dice que todo pueblo tiene el gobierno que se merece y, no falta quien se ofenda, en lugar de llamarse a la reflexión. ¿Quién está en condiciones de exigir a las autoridades que cumplan con su deber?

Cuando faltan a sus deberes recurriendo a todo tipo de excusas, o evaden responsabilidades por aquello de “no quiero problemas”. ¿Quién tiene autoridad moral para exigir honestidad? Cuando su oficina es la papelería de donde se surten para lo que haga falta en casa o lo que piden en las escuelas de los hijos. Cuando se meten a la fuerza en las filas que los buenos ciudadanos hacen con respeto al tiempo y derecho de los demás, cuando cometen infracciones y recurren al soborno para evadir una multa. Cuando se extrañan de la rebeldía de los hijos sin recordar que les han tolerado de todo y desautorizado a los pocos maestros que aún buscan formar en valores más que informar datos.

Al final, todo pasará sin que pase nada diferente, quienes quieren llegar quitando a quien está, no dejan entrever más que una gran envidia porque hasta ahora se ha salido con la suya.