MARCHA ATRÁS

HEMOS estado entretenidos –pese a la agitación y al nerviosismo local por “el Honduras canta” ejecutado por los participantes en los juicios de la Corte de Nueva York– con los temas internacionales. No solo porque poco se puede agregar al sensacionalismo que despierta esta intrincada trama en el auditorio nacional. Sino porque hay otras cosas dignas de interés. A ratos porque se presentan como hechos espectaculares en la vecindad regional y otros porque son ilustrativos, de forma tal que permiten establecer contrastes. Similitudes y coincidencias con el patio doméstico. Digamos, como el reflejo de un espejo, del caso peruano y de la realidad hondureña. Las diferencias con Colombia, entre otras razones, por la presencia y el protagonismo allá de élites más cultas y de un liderazgo político más educado. Y además más leído. Así que –más pensando en quienes no han perdido el hábito de la lectura ni el deseo de mantenerse adecuadamente informados sobre eventos neurálgicos del entorno latinoamericano–, una sucinta actualización.

Con este mensaje en Twitter Lenín Moreno dio marcha atrás, derogando las medidas de ajuste que eliminaban el subsidio a las gasolinas –ordenadas por el FMI– que dieron inicio al conflicto: “Una solución para la paz y para el país: el gobierno sustituirá el decreto 883 por uno nuevo que contenga mecanismos para focalizar los recursos en quienes más los necesitan. ¡Se recobra la paz y se detienen el golpe correísta y la impunidad!”. Un repliegue político táctico del mandatario –aunque quitando lo que horas atrás juraba que no iba a derogar– para evitar que lo tumbaran. Algarabía en las calles. Quito, la capital, donde concurrieron los peregrinos de distintas localidades para arrinconar al gobierno, desbordó en entusiasmo. Ante el asecho, Lenín tuvo que trasladar la sede de gobierno y mudarse a Guayaquil. Después de 11 días de sangrientas protestas –4 muertos, centenares de heridos y detenidos– en violentos enfrentamientos de las fuerzas represivas con los poderosos gremios indígenas que desafiaron la suspensión de garantías constitucionales, los ecuatorianos celebraron, el fin de las hostilidades; y la victoria. El jefe del Comando Conjunto anunció que finalizaba el Estado de Excepción y el toque de queda. El arreglo entre las partes en discordia fue posible por la intercesión de representantes de la ONU y de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, que mediaron en el diálogo. Transportistas y estudiantes fueron los que iniciaron las medidas de presión contra el gobierno. Llamaron a un paro general. Sin embargo, desistieron cuando el gobierno dispuso autorizar aumento de las tarifas del transporte, en compensación por el alza de los precios de las gasolinas. Los transportistas levantaron la huelga, pero no los indígenas.

Se distanciaron de Correa quien, prófugo en Bruselas, instigaba a simpatizantes suyos a la insurrección; con miras a tumbar a su archienemigo. Lenín respondió que las acciones levantiscas tenían el fin de esconder los inconfesables “actos de corrupción cometidos por la administración anterior”. Si bien las multitudes respondían indignadas por las medidas de ajuste tomadas por su gobierno, en el molote, hubo un asalto de la turbamulta, quemando y sustrayendo documentos, a las instalaciones de la Contraloría General. Ahora, para que el país regrese a la normalidad, solo falta ver si en las gasolineras rebajan el precio que ya habían aumentado al galón de gasolina. Y si los transportistas reducen el costo del pasaje regresando a las tarifas que cobraban antes de la subida. Otro berenjenal de inestabilidad política ocasionado por las medidas impopulares que toman gobiernos débiles obedeciendo instrucciones del FMI. ¿Cómo queda el acuerdo con el FMI y las posibilidades del gobierno de salir de la crisis económica en que se encuentra, sin los ingresos que esperaba recibir cuando quitó el subsidio a las gasolinas? Seguramente en el camino arreglará las cargas. De momento la prioridad era reestablecer el orden. Lo que siempre hemos dicho. Mantener la endeble estabilidad política y social es lo imperativo en estos pintorescos paisajes acabados.