Honduras y su reputación internacional

Por Óscar Lanza Rosales
[email protected]

Cada ser humano aspira a crear una opinión favorable ante los demás, con su conducta y proyección de sus valores. Creo que son raros nuestros semejantes, que no quieran que los demás los vean con consideración y aprecio.

Lo mismo sucede con los países, la mayoría, los que se consideran que son interdependientes, que forman parte de una comunidad internacional, con los cuales hay que convivir, y entrelazar sus objetivos de país con los demás, para mejorar el bienestar de sus respectivos pueblos, tratan de proyectar una imagen, hasta de presumir de su identidad, y todos los factores que tienen a su favor, y que los mercadólogos han bautizado como la marca-país, para demostrar su nivel competitivo, a través de su cultura, música, tradiciones, productos, gastronomía, deporte, y hasta la manera de hacer negocios.

En resumen, los países en la era de la globalización, aspiran a posicionarse en ese conglomerado, volverse atractivos e inspirar confianza ante los demás países, para establecer relaciones amistosas, atraer turismo e inversiones.

El creador del universo ha sido generoso con los recursos que le ha asignado a Honduras. Hasta la mitad del siglo pasado tenía un clima envidiable. Un territorio lleno de bosques de pino y maderas preciosas; minas de oro y plata; montañas, ríos, agua abundante y valles, suficientes para garantizar su seguridad alimentaria; costas con el Atlántico y el Pacífico; bellas playas y el arrecife coralino; y las herencias de nuestros antepasados, Las Ruinas de Copán y Ciudad Blanca.

En fin, disponemos de una Honduras, para ser un paraíso terrenal, pero lamentablemente, sus hijos le hemos fallado, y no hemos cumplido con nuestras responsabilidades para honrarla y generarle grandeza a nuestra patria, con pocas excepciones como Morazán, Valle, Herrera, Cabañas, Trinidad Reyes, Rosa, Heliodoro, y otros más.

Ese juicio penal que se le sigue a Juan Antonio Hernández -por sospecha de participar en las actividades de narcotráfico- es una vergüenza para todos los hondureños, en especial para nuestra clase política, que lejos de llevarnos por la ruta del desarrollo, por sus ambiciones de poder y avaricia económica, se confabularon con estas actividades ilícitas.

Con todas las extradiciones que se han dado, y que participen familiares cercanos a dos expresidentes en estas actividades ilícitas, el mundo está en su derecho a insinuar que somos un narco Estado; que los hondureños no vivimos en un estado de derecho, porque algunos de sus hijos que cometen delitos en territorio hondureño, tienen que ser juzgados en los tribunales de Nueva York; con lo cual nos convierte en un Estado asociado de Estados Unidos, así como lo quería el expresidente Suazo Córdova en los años ochenta, y por eso, para que se haga justicia con nuestros connacionales, hay que recurrir a los tribunales federales de esa nación en Nueva York.
Esta imagen negativa que estamos dando, se suma a la imagen que ya teníamos, por los altos índices de corrupción, desigualdad, pobreza, ingobernabilidad, conflictividad e inseguridad. Más las caravanas de compatriotas que desean emigrar a otras naciones, por las razones anteriores y la falta de oportunidades de empleo, como consecuencia de los malos gobiernos.

Como que aquellos apelativos y dichos despectivos con que nos conocía la comunidad internacional en el pasado, se quedan chiquitos frente a la realidad actual. Recuerdan ¡Deudor por un siglo, por el financiamiento del ferrocarril interoceánico; el de República Bananera y que en Honduras tenía más valor una mula que un diputado!

Salir de este descrédito internacional, nos va llevar mucho tiempo. Cuenta el publicista Sergio Roitberg, en su artículo “Cómo construir imagen-país” que a Croacia -ex miembro de la antigua Yugoeslavia- le costó quitarse de encima la imagen vinculada con las atrocidades cometidas en ese conflicto de los Balcanes. Hoy Croacia es uno de los mejores destinos turísticos.

Los hondureños tenemos que replantearnos un futuro más prometedor, fortaleciendo las instituciones, promoviendo la independencia de poderes y elegir mejores líderes y gobiernos. ¡Ya basta de buscar líderes mesiánicos, populistas y demagogos! Necesitamos líderes cuerdos, honrados y capaces. Y debemos apostar por los jóvenes, a quienes debemos orientar en sus luchas cívicas.

Porque con esta reputación que tenemos actualmente, olvidémonos de más turismo y de más inversión extrajera. Bajo estas condiciones: ¿Quién querrá venir a Honduras?

Con lo que estamos viviendo los hondureños -si queremos sobrevivir en este mundo globalizado- estamos obligados a reinventarnos para construir una nueva reputación de país transparente, que busca afanosamente el bienestar de su gente, y es atractivo a compartir el desarrollo con los demás países.