Por Miguel Osmundo Mejía Erazo
*Profesor y periodista
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Cuando el doctor Arístides Royo Sánchez era presidente de Panamá, en una de sus visitas a Centroamérica dijo: “No hay revolución más violenta que la de los estómagos vacíos”. Esta expresión es el resultado justo de la imagen que presentan los barrios marginales de las ciudades, pueblos, aldeas y caseríos de nuestro país, el hambre y la desnutrición son cartas de presentación de los ciudadanos marginados, los campesinos y obreros que viven situaciones de subsistencia, poco a poco la clase media va desapareciendo y los pobres pasan a condiciones miserables. Después de la sacudida que nos vino a dar el huracán Mitch estamos sumidos en la pobreza, situación que enfrentó con toda valentía y transparencia el ingeniero Carlos Roberto Flores, después solamente en el gobierno del economista Ricardo Maduro pudimos respirar un poco y lo consideramos otro buen gobierno, especialmente en el manejo de las finanzas, obviamente por un experto en la materia, hoy en día si no fuera por los organismos internacionales prestatarios y los gobiernos amigos estaríamos en condiciones mucho más difíciles, pero sobre todo por la galopante corrupción y despilfarro de los fondos públicos en los últimos gobiernos.
Nuestros campesinos que todavía permanecen tierra adentro y los emigrantes que conforman los cordones de miseria de las grandes ciudades, hoy están en receso de ser utilizados en las campañas políticas para gritar a los cuatro vientos por el candidato de su preferencia, no importa que anden con los estómagos vacíos, sirviendo de escalera para que unos vivos que pregonan terminar con la pobreza y en verdad terminan con la pobreza de muchos aprovechados corruptos que llegan a ocupar cualquier cargo de elección popular. Los problemas que confrontan nuestros hermanos del interior del país urgen de pronta atención, esas caravanas de emigrantes no es por gusto, se necesitan más fuentes de trabajo y seguridad, mayor inversión en salud y educación, reducir el gasto público, un Congreso con menos diputados, menos derroche en los viajes presidenciales y sobre todo un alto a la corrupción.
El problema de la violencia en el mundo moderno puede considerarse como la mayor e incesante búsqueda a la respuesta de la interrogante planteada por la miseria que aumenta cada día por el acelerado crecimiento demográfico, en otras palabras el fenómeno de la injusticia social es similar al de la oferta y la demanda, a mayor cuantía de problemas sociales mayor cantidad de soluciones, sin embargo en la realidad existe un balance negativo, la tendencia se inclina a favorecer siempre a los más poderosos y los pobres siguen siendo más pobres o pasan a la condición de miserables. Las reacciones violentas de los jóvenes y adultos son producto de la inconformidad social no desadaptación social, dejará de manifestarse la violencia cuando vivamos en un mundo mejor, cuando no existan clases privilegiadas o personas que por tener riquezas acumuladas en forma honesta o deshonesta, creen poder jugar con el honor y la dignidad de los más humildes, corroborando una vez más que solamente ante Dios no hay acepción de personas. Cada día surgen nuevos elementos que distancian la familia hondureña, no se buscan los puntos coincidentes que nos puedan unir, más bien cada día se nos incita a vivir en una sociedad de odio y la cizaña por el simple motivo de no pensar igual.
Las Sagradas Escrituras enseñan que los primeros cristianos tenían todas las cosas en común y esa forma de vida no fue impuesta por la violencia, sino adoptado por las personas de la manera más pacífica y convincente que sistema alguno haya soñado, ese sistema le denominó Jesucristo el gran revolucionario, el sistema de libertad y paz, Él dijo: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”. La paz os doy, mi paz os dejo, yo no la doy como el mundo la da. Así fue estructurada una nueva y floreciente sociedad basada en el amor, la paz y la convivencia fraterna, como único medio para alcanzar la justicia y con la cual se puede evitar la rebelión y la violencia. A nuestro pueblo le gusta la política, unos por interés y provecho personal otros por la misma naturaleza del “homus politicus” y lo malo en esto es que unos se aprovechen de otros, pero busquemos personas con vocación de servicio, son pocas, pero hay. Mientras tanto preparémonos a escuchar muy pronto esos gritos aún con los estómagos vacíos.