Por José Antonio Pereira Ortega
Coronel ® [email protected]
Es imposible quedarse silente y no reaccionar ante la asidua y recurrente inseguridad que está ocurriendo en contra de nuestros jóvenes, adolescentes y menores, quienes son sometidos a cuadros de violencia en los diferentes ambientes en que se incluyen o desarrollan, debiendo recalcar un agravante en la situación para estos jóvenes al experimentar una doble desventura: el ser víctimas y el pertenecer (inducidos o reclutados) como miembros activos, colaboradores o simpatizantes de organizaciones pandilleriles, maras, y de otras organizaciones criminales.
Y es que por su edad e inmadurez, podemos decir que los menores y adolescentes constituyen un núcleo poblacional expuesto a más y mayores riesgos, derivados particularmente de su inmadurez, juicio inadecuado y falta de sentido común, convirtiéndose así en victimas del engaño fácil y por lo cual pueden convertirse en víctimas, autores o coautores de hechos violentos y hasta de hechos criminales constitutivos de delitos, enfatizando que estarán y continuarán en riesgo durante los años de su desarrollo biológico.
Aunque es grosero hacer comparaciones, en esta oportunidad y desde ya pido disculpas por si estoy equivocado en mi intento de poder comparar o establecer las características de unos y otros (generaciones adultas y las generaciones jóvenes) respecto a la relación entre el pasado, el presente y al futuro, tomando entre ellas el comportamiento, ejercicio responsable y la visión al futuro personal y familiar, en particular al enfoque disímil a los criterios sobre el respeto al prójimo, la responsabilidad, la urbanidad, el comportamiento y la que voy a referir con mayores detalles en mi tema de hoy sobre la seguridad personal y colectiva.
Por supuesto que en este enfoque no pretendo invertir tiempo buscando y señalando culpables o comparando las situaciones del ayer y el hoy, cual fue mejor o peor, lo que pretendo es despertar el interés en las nuevas generaciones por su propia seguridad y que se diviertan o realicen sus actividades familiares, laborales o de socialización con seguridad, promoviendo medidas preventivas y generar sus propios esquemas personales en todos los ambientes, que les permita conducirse y vivir seguros en la calle, en los centros de diversión, y en todas las actividades que les implique la compartimentación de otros espacios, al tiempo que trato de concientizar a las generaciones adultas a tomar responsabilidad en ese proceso.
Visto así, es inocultable que el hecho de la violencia contra jóvenes y menores es una realidad incuestionable, plenamente demostrada y divulgada en los diferentes medios de comunicación y redes sociales nacionales y mundiales. Por ejemplo según los hallazgos en datos de encuestas realizadas en 96 países el año 2018, se encontró que mil millones de niños de todo el mundo en edad de 2 a 17 años han sufrido violencia emocional, física o sexual iniciada desde sus hogares y entorno familiar.
Igualmente es necesario identificar qué factores o circunstancias promueven o causan esta condición de peligro para este grupo poblacional:
1. Por simple inspección deducimos que la norma general son las condiciones inseguras que nos acechan en el día a día.
2. La tolerancia social y en el seno familiar, subsumidos en un mal entendido del rigor disciplinario con maltrato.
3. Esa violencia manifiesta en contra de los adolescentes y menores no es enfrentada, ni siquiera es denunciada ni por las víctimas directas o indirectas, ni por los entes “responsables” de combatirla.
4. La victimización desmedida al hacer creer como normal la violencia, abuso y explotación de jóvenes y menores.
5. Procesos de divulgación inadecuados en algunos medios de comunicación que no hacen censura a los cuadros de violencia y maltrato a menores, solo importa el escándalo.
6. La creciente moda del consumismo mal entendido
7. La impropia estigmatización de la juventud respecto al pandillerismo.
8. Crear mecanismos efectivos de monitoreo y vigilancia de centros de estudios escolares.
9. La incultura del dinero fácil.
10. Excesivo culto al hedonismo.
11. Promoción al desorden utilizando a los jóvenes para las revueltas callejeras.
12. Inadecuada infraestructura del Estado para el desarrollo de los jóvenes y los menores.
13. Excesivas políticas de represión potenciando la puesta en funcionamiento de centros correccionales y abandonando los centros de capacitación y reinserción social de jóvenes y menores en riesgo.
Por supuesto se pueden tomar acciones preventivas y correctivas como ser:
1. Estimular la creación de centros de terapia cognitiva conductual. Y terapia multidimensional.
2. Crear programas que faciliten la reinserción de menores infractores en un ambiente pro social intensivo.
3. Revisar los programas reactivos de lucha de la Policía e insertar un modelo proactivo para reducir la violencia juvenil.
4. Promover una estrategia policial de puntos críticos con alta tasa delincuencial.
5. Mayores controles y una estricta regulación en la venta y consumo de alcohol.
6. Orientación y formación con programas dirigidos a los adolescentes en la prevención de la violencia.