DECÍAMOS ayer que una docena de las grandes economías del mundo están en vísperas o en riesgo de recesión. ¿Cómo esto nos afecta? Pues, en parte por influencia externa y en parte por falta de empeño interno, aquí también los mercados pierden vapor. Ya el FMI revisó a la baja los índices de crecimiento económico del país. Ahora las cifras indican que la mala situación se agudiza. Los precios de misericordia que pagan los consumidores en el exterior por las exportaciones del café hondureño, los crecientes déficits en la balanza comercial, la pérdida de las cosechas consecuencia de la sequía, que obliga a comprar granos básicos en el exterior para abastecer la demanda nacional, entre otros factores, inciden negativamente. A ello habría que agregar las pérdidas ocasionadas por la agitación en las calles, con lo que cuesta a la inversión extranjera y a la iniciativa privada local recuperar confianza para mantener su ritmo de operaciones.
Si bien el país no entra a recesión, el crecimiento económico se ha aplanado. El índice mensual de actividad económica del Banco Central de Honduras (BCH), revela que la actividad económica del país se contrajo casi 1% durante el primer semestre de 2019. El Colegio de Economistas señala que las dos principales causas del estancamiento se deben a “la inestabilidad política y a la falta de adopción de políticas de inversión”.
Representantes de la Cámara Nacional de Turismo de Honduras (Canaturh), alborozados por el feriado morazánico, suspiran desde ahora dizque por una movilización interna de al menos 2 millones de personas, un derrame de 2,000 millones de lempiras y 20,000 empleos temporales. Sin embargo, la Cámara de Comercio de Tegucigalpa, más cautelosa, alertó que, “las ventas han disminuido considerablemente a causa de múltiples factores, especialmente el desempleo”. “Yo sería prudente –refutó el gerente de la CCIT– en cuanto a la cantidad de personas que se van a movilizar y el consumo que se registraría, especialmente en ciudades grandes como Tegucigalpa y San Pedro Sula”. “Debido a la incertidumbre, temor y la falta de empleo, que es el principal problema que tenemos, no hay efectivo circulante y consumo –citando datos de una encuesta elaborada por entes empresariales– por tanto, la gente no puede comprar y ahorrar”. “No hay ninguna razón para que la tendencia cambie, estamos preocupados, sentimos una ralentización en el sector comercio, los empresarios no están cumpliendo con los presupuestos, ni de ventas y utilidades proyectados a principios de año”.
Dada la realidad nacional decíamos en editorial anterior que si bien el sector turismo se muestra regocijante por la inminencia del prolongado feriado del mes de octubre, cuando el pueblo entero se va de vacaciones; se paraliza el trabajo y las demás actividades económicas del país. Está bien que se favorezca un sector de la economía –bueno para los centros de atracción turística del país– aunque no descuidando la totalidad de las actividades económicas en momentos cuando el país lo que ocupa es agacharse a trabajar. No ignoramos que lo apuntado incomode a muchos ya que aquí para complacer al cansado auditorio se ocupa aplaudir el ocio. Aquí ya hicieron práctica del turismo interno aprovechando apelmazar, en un largo puente, varias efemérides cívicas. El feriado antes era para conmemorar la hazaña histórica o la memoria de los héroes. Pero ahora –nadie repara en lo que se celebra ni en los valores cívicos que deben rememorarse– se ocupan para mandar la gente a pasear. Retomando el problema del estancamiento económico. ¿Qué hacer? No pueden gobierno y sectores nacionales quedarse de brazos cruzados esperando resignados que la crisis empeore. Precisan de un plan urgente para enfrentar los desafíos. Del exterior solo se reciben los males que pueden afectarnos, no van a llegar soluciones milagrosas. Nadie va a venir a darnos lo que no hagamos, con trabajo y sacrificio, por cuenta propia.