Por Rodolfo Guillermo Pagán Rodezno
Abogado y Notario
Máster en Derecho Empresarial
Se considera al agua como el elemento más importante para la vida, razón por la que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció al agua y el saneamiento como un derecho humano. En ese sentido, la Constitución de la República de Honduras fue reformada específicamente en su Artículo 145, incluyendo además su aprovechamiento y uso equitativo así como la preservación de las fuentes de agua, por lo que el Estado tiene la obligación de garantizar el acceso a la misma, adoptando todas las medidas necesarias en ese sentido, para gozar del agua de forma saludable y suficiente.
Sin embargo, en la realidad en Honduras, muchas personas carecen del acceso al agua potable, especialmente en ciudades como Tegucigalpa y Comayagüela, en las que desde hace décadas se presenta ese problema, el que se ha acrecentado por diversas razones como los fenómenos climáticos, aumento de la población incluyendo la migración del campo a la ciudad, los incendios, la deforestación, y la falta de previsión por parte de las autoridades nacionales y municipales, las que más bien han autorizado la construcción de proyectos residenciales en las zonas protegidas como el Parque Nacional La Tigra, similar a lo que ocurre en la ciudad de San Pedro Sula con la coordillea del Merdendón.
A pesar de lo anterior poco o nada se ha realizado en ese sentido, ya que desde el año 1992 que se concluyó la construcción de la represa de La Concepción, no se han construidos nuevas represas que permitan aumentar la capacidad de almacenamiento del agua, especialmente en los años en los que las lluvias son relativamente abundantes, por lo que la ciudad capital se ha enfrentado a una de las peores crisis de escasez de agua en los último años, con racionamientos de hasta 8 días, con la posibilidad de que los mismos aumenten a 10 o hasta 15 días si las condiciones no mejoran, por lo que el uso de las famosas “cubetas¨ seguirá siendo una necesidad.
Resulta sumamente preocupante que la historia se repita todos los años, sin que se pase de las meras promesas de construir nuevas represas en la ciudad capital, lo que constituiría una solución extremadamente cara y a mediano plazo, por lo que el problema se agudiza con el paso del tiempo, por lo que es urgente que en la agenda de las autoridades, el tema del agua ocupe un lugar prioritario, aunque lamentablemente no es un tema atractivo ni rentable políticamente hablando para generar simpatías, especialmente en tiempos de elecciones.
En el caso de algunas de las comunidades del interior del país, la situación es igual o más compleja, ya que la falta de lluvias ha generado la pérdida de gran parte de los cultivos, especialmente de granos básicos como maíz y frijol por lo que se presentan casos de severa escasez de alimentos, repitiendo así la historia de los últimos años, lo que resulta paradójico en un país como Honduras, que cuenta con una gran cantidad de recursos hídricos, los que pueden y deben ser aprovechados adecuadamente para el consumo humano, riego de cultivos y generación de energía entre otros.
Así como la corrupción, la impunidad ocupan lugares centrales en el debate nacional, es imperativo adquirir conciencia de la crisis del agua, utilizando de manera racional la misma, así como participando en las jornadas de reforestación, ya que ante dicho panorama tocará seguir implorando el famoso “San Isidro Labrador, pon el agua y quita el sol”.
Que Dios bendiga a Honduras.
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