Otra crisis política

Por Óscar Antonio Oyuela Castellón

La primera crisis política sucedió en 1979 cuando Washington, ante el temor de eventuales subversiones en Honduras como sucedía en Nicaragua, presiona a la alta jerarquía castrense para que entregara el poder pacíficamente a los civiles y convocara una Asamblea Nacional Constituyente. El enviado especial estadounidense William Bowdler se reunión con el alto mando militar para establecer las bases del proceso de transición hacia la democracia. Disgustados pero obedientes, las Fuerzas Armadas hicieron el mandado, con el apoyo de algunos líderes políticos que aún cuando estaban cómodos cogobernando con los militares anhelaban hacerse directamente del poder. Fue decisivo el respaldo de la Iglesia Católica y del empresariado nacional. El Tribunal Nacional de Elecciones convocó a una Asamblea Nacional Constituyente presidida provisionalmente por el jefe de las Fuerzas Armadas hasta que se ungiera al nuevo presidente de la República. El candidato del Partido Liberal resulta victorioso, asciende a la Presidencia pero aún no gobierna porque instituciones estratégicas del aparato gubernamental están bajo el control de altos jerarcas del Ejército que manejaban discrecionalmente el presupuesto de la Secretaría de Estado asignada por el Ejecutivo, como parte de los acuerdos para la transición.

La segunda crisis política, se registra con el gobierno liberal que reinició la etapa democrática de Honduras. El estrenado presidente, sin duda alguna, animado por algunos de sus consejeros, en 1985, intentó romper el orden constitucional para perpetuarse en el poder. Los movimientos políticos internos de ambos partidos, frustran las aspiraciones continuistas, esto fue el germen del caos político de tal magnitud que fue enviado a prisión el presidente de la Corte Suprema de justicia por mandato expreso del titular del Ejecutivo. Para evitar males mayores en la creciente división política, los candidatos presidenciales del torneo electoral del 87 suscribieron el pacto denominado ¨Opción B¨, propuesta que nadie sabe de qué genio salió, aún siendo una fórmula inconstitucional la dirigencia nacional la aceptó para salir del impase y seguir consolidando la aún débil democracia. El candidato nacionalista aceptó competir solo contra los cuatro adversarios liberales, que aun cuando individualmente no ganaban, en la sumatoria ¨en vaca¨ ganó el Partido Liberal. El mismo candidato nacionalista volvió a competir en el torneo electoral de 1989 y con una abrumadora mayoría de voto ¨le metió capote¨ a los liberales.

La tercera crisis política se origina con otro gobierno liberal que intentó cambiar el tradicional modelo económico y político del país que su antecesor nacionalista había respetado y le dejaba la ¨mesa servida¨, con todas las libertades fundamentales intactas, suficientes reservas en las arcas del Estado y saludable política fiscal . Todo el esfuerzo realizado por llevar al país a puerto seguro se vino abajo cuando el inquilino de Casa Presidencial empezó por destruir a su propio partido que lo había llevado al poder para después continuar con una política exterior alineada con la pandilla del socialismo del siglo XXI¨, que no prosperó por la oportuna reacción de las Fuerzas Armadas, actuando cautelosamente con la Corte Suprema de Justicia y el Congreso Nacional, apoyado por Washington, la Iglesia Católica, el empresariado, la sociedad civil con los ¨camisas blancas¨ y el reconocimiento de la comunidad democrática internacional representada por el G-16, se materializa el recambio o ¨sucesión presidencial¨ con otro liberal, exmiembro de la Guardia de Honor Presidencial del gobierno Ramón Villeda Morales.

La cuarta crisis política que es la continuación de la tercera del 2009, se agudiza en el gobierno nacionalista que asciende al poder en el 2014 y se agrava más en el 2016 cuando mediante una cuestionada resolución judicial el ciudadano Presidente se lanza a una reelección que debió reglamentarse previa consulta popular, contando con el apoyo de influyentes líderes políticos, empresarios, banqueros, militares, medios de comunicación e iglesias. Se recrudece la situación con las extradiciones de capos de la droga y las formales acusaciones por corrupción formuladas por la MACCIH y la UFECIC contra diputados y altos funcionarios del gobierno.

Hoy estamos en esta crisis política recogiendo los pedazos que aún quedan de la destartalada democracia con un grito desesperado del ¡Basta Ya! de la mayoría del pueblo hondureño que ha decidió romper el prolongado y prudente silencio para continuar apostando por el sistema de valores democráticos. Un nuevo periodo de transición que de fallar los esfuerzos internos no hay otra vía que recurrir nuevamente a los externos, como los buenos oficios de Washington, el Vaticano y la comunidad democrática internacional.