Por Juan Ramón Martínez
La falta de confianza entre los partidos no se resuelve de un día para otro. Por lo que, hay que tener paciencia. Y darles el espacio para establecer la tranquilidad en el reacomodo necesario. Hasta ahora, puede parecer lento el proceso; pero el que se hayan puesto de acuerdo en dos de tres instituciones electorales, es singular. No hay que escandalizarse porque no logren consensos. Y que por ello, hayan recurrido al sorteo del orden de dirección de las dos instituciones electorales. Desde fuera, hay que animarles para que salgan adelante y nos ofrezcan, más que conductas políticas partidarias, profesionalismo en sus acciones. Y para ello, hay que cooperar, vigilándoles y evaluando sus resultados, en función de las expectativas y necesidades del perfeccionamiento del sistema institucional. Elaborando propuestas de los cambios estructurales que hay que hacer para desmontar el centralismo, embridar al caudillismo patriarcal y machista, que nos permitan desarrollar una disposición mejor, para aprovechar la participación democrática en la forja de un respeto general a la ley.
Además, hay que leer bien la realidad. Esta, es dominada por los caudillos y no por la institucionalidad partidaria. Mucho menos por las bases. Sin olvidar que, no todos los caudillos están dentro del acuerdo político. Orlando Zelaya y Nasralla, están fuera. Y habrá necesidad de integrarlos. Las opciones no son esperanzadoras; pero hay que intentarlo.
Una de ellas, es que el Partido Liberal, se convierta en un “partido alquilado” que, consciente de sus debilidades, se adhiera al liderazgo de Manuel Zelaya. Cumpliéndose aquello que “si la montaña no viene, hay que ir a la montaña”. La otra es que, el Partido Liberal proponga como candidato a Salvador Nasralla, –para lo que tiene experiencia, lo que es un problema, porque el toro corrido es de difícil manejo– para frenar la debacle final y anular su posible desaparición. El problema es que las masas del Partido Liberal, –descuidadas desde hace varios años–, no estén dispuestas a aceptar como candidato a un hombre que no es de sus filas. En la historia de ese instituto político, nunca han aceptado a un hombre fuera de los suyos, como candidato. Cuando le propusieron la candidatura a Carías Andino en 1923, era un caudillo liberal. Él declinó la propuesta. Organizó al Partido Nacional y lo dirigió en la contienda para enfrentar a un Partido Liberal dividido como ahora, en que su fundador, Policarpo Bonilla creó –en un antecedente lejano de Libre– otro Partido Liberal, para mantener su enemistad con Juan Ángel Arias, candidato oficial.
Además, Nasralla está muy debilitado. No es el mismo de la contienda pasada. Ha perdido mucho de sus encantos y sus virtudes. Dudamos que, aunque el Partido Liberal, lo aceptara y le dieran el respaldo necesario, logre resultados que le permitan ganar las elecciones de 2021. Sabiendo eso, no creemos que acepte ser candidato, sin autoridad y control. Sus votos, disminuidos y los de los liberales más resistentes, no le bastarán para ganar las elecciones. Y como en el pasado, Nasralla lució como una marioneta, es improbable que, quiera desempeñar nuevamente ese papel. Aunque quiera ser presidente, no creemos que esté dispuesto a ser subordinado de Flores o de Zelaya Medrano.
Al final, como lo sabe Manuel Zelaya, –hábil como Flores, aunque desestabilizador y tóxico–, la única forma de ganar a los nacionalistas, es uniendo toda la oposición. Individualmente, favorecerán un nuevo triunfo del PN, al margen de quienes sean sus candidatos. Zelaya Rosales y Flores son obstáculos para unificar a la oposición.
Mientras ellos sigan activos y enfrentados, los nacionalistas continuarán ganando elecciones. Nasralla solo puede servir para evitar la muerte del Partido Liberal. Libre tampoco puede ganar las elecciones, ni siquiera con Xiomara Castro como candidata. Más bien deben aceptar, que las elecciones no se ganan en las instituciones electorales, sino que en las urnas. Mientras Zelaya Rosales, siga activo en política, los liberales no se recuperarán. Y menos con un candidato como Nasralla que, por temperamento, no está dispuesto a buscar acuerdos o lograr respeto de los liberales.
Al estar Libre en los órganos electorales, está comprometido a validar los resultados. Por manera que, al final de su carrera, Zelaya Rosales aunque no gane, legitimará al ganador. Apoyando la estabilidad y la paz de la nación. Después, caducará, inevitablemente. Como Policarpo Bonilla.