“EL POPURRÍ”

LA asamblea anual de la ONU es el foro de convergencia del mundo de los Jefes de Estado. Una oportunidad para dar a conocer los temas prioritarios de su agenda, sus quejas y reclamos, aunque la atención estará centrada en los discursos de las grandes potencias mundiales y de las zonas conflictivas. Para los países en el inmediato vecindario al sur, con los Estados Unidos, la cuestión migratoria es primordial. Por la diferencia abismal en las condiciones de vida entre los de arriba y los de abajo, los masivos flujos migratorios son neurálgicos. Visto desde la perspectiva humanitaria cuando la necesidad obliga, también son inevitables. Sin embargo, el gobierno norteamericano –bajo la advertencia de castigos arancelarios–hizo que el gobierno mexicano facilitara su territorio como especie de muralla de contención, tanto a los suyos como a los procedentes de los países centroamericanos. Las caravanas han menguado una vez que AMLO accedió a desplegar una impresionante fuerza militar para detener peregrinos, evitar que crucen la frontera y regresarlos a sus lugares de origen.

Arreglada la ruta mexicana tocó su turno al Triángulo Norte. Negociar con el gobierno guatemalteco, el salvadoreño y el hondureño, acuerdos de “cooperación de asilo”. Una variación de “tercer país seguro”, abreviada terminología que ninguno quiere usar, desde que Jimmy sacó de la manga de la camisa el acuerdo secreto que negociaba con los norteamericanos que desencadenó airadas reacciones en la opinión pública guatemalteca. Lo que yace al fondo de las preocupaciones de estos pintorescos países acabados es ¿cómo harán para lidiar con las raíces del problema –ello es, la inseguridad, el desempleo, la violencia, las paupérrimas condiciones en las comunidades– que son el real motivo de las oleadas migratorias? Dudamos que este asunto de mayor trascendencia para el istmo vaya a ser abordado en los discursos con la franqueza deseada. Así que queda el otro asunto relevante. Más distante para estos pueblos, pero siempre sensible por los niveles de padecimiento de su población. El caso venezolano. Nicolás no va a la ONU. Algo teme que no quiso aventurarse. Manda al ataque, a defender una revolución fracasada y a un país arruinado por la autocracia a sus más vocingleros colaboradores. El autoproclamado venezolano manda a su delegación, aunque incierto su reconocimiento en la asamblea. Anticipando la controversia el Secretario General de la ONU tomó partido aclarando que “no, eso no está en el plan”, refiriéndose a si había reunión prevista con Guaidó.

Como ese evento lo utilizan para las sesiones de grupo y las bilaterales, sin duda POTUS –aparte de los encuentros que tenga con los pesos pesados– convocará a los del grupo de Lima. Sin duda que invocar el Tratado de Asistencia Reciproca, TIAR –un ataque contra cualquier país del hemisferio se considera como una agresión al bloque que impone una respuesta en conjunto, incluso militar– sería, como eventualidad, algo que ya comenzó a ventilarse en la OEA. Se suma al popurrí, siendo que el eje central de la asamblea gira sobre el cambio climático, el estreno del brasileño Bolsonaro en la tribuna. Como contrapeso a la derecha latinoamericana siempre hay atención a los discursos de los líderes cubanos. Sin embargo, el actual presidente tampoco se hará presente al cónclave. Tiene problemas locales ingentes. Actualmente la isla atraviesa una severa crisis de abastecimiento de combustible. Tampoco va AMLO –que les tiene alergia a los viajes– a lo que habría sido su debut en la ONU. En medio de reñidas campañas electorales sí van los presidentes de Argentina y Bolivia.