Por Boris Zelaya Rubí
“…el plan de odio de la oposición parece no tener fin. Aquí la noche o el día se abren paso, invariablemente, con alguna noticia desagradable: la muerte, la destrucción de bienes materiales, o la demencia. Yo ya decía que el asunto no es como para sorprender mucho, pues para actuar con tanto odio en las calles, para quemar vivos a nuestros semejantes, para destruir algo tan sagrado como los alimentos del pueblo, para poner a los niños en la primera línea de una avalancha de protesta violenta, hay que estar fuera de toda razón; y a ese estado, si no se llega por un camino natural de enfermedad, o a través del vil mercenario, se llega entonces con drogas que anula todo valor de los seres humanos”.
Creímos durante algunos días, que lo pregonado por todos los medios en relación a la selección de las personas a integrar los nuevos organismos electorales, sería con ciudadanos probos, poseedores de una carrera profesional inmaculada, que llenaría de esperanzas a todo el pueblo hondureño. Por fin nadie dudaría del resultado en las próximas justas electorales, serían limpias y el pueblo quedaría satisfecho, con la seguridad que el triunfo representaría su voluntad expresada en las urnas, sin trampas ni moloteras posteriores ni alegatos de fraude, pero lo decepcionante es que se hayan repartido los cargos entre personas fieles a sus institutos políticos, con la excepción de unos cuantos.
El posible candidato presidencial por ahora presidente del Congreso Nacional, experto político con una tolerancia solo superada por el Presidente abogado Juan Orlando Hernández, ha manifestado que el único camino para cualquier enredo político es el diálogo. ¿miedo a las moloteras de los insurrectos del tal “Mel”? Si ese fue el motivo de repartir los cargos, seguiremos demostrando debilidad y a cualquiera que no le parezca una decisión del gobierno lo arreglará en las calles, con las fuerzas insurreccionales del comandante llanero y con la gran posibilidad de la paliza que recibirán en las urnas alegarán que hubo fraude.
La “gárgola” infiltrada ya empezó a jurar que defenderá su partido político hasta con la vida, será que, parodiando a José María Vargas Vila: cuando la derrota es un martirio, el suicidio es un deber. ¿Creerá que nos olvidamos del dinero del “carretillazo” tirado en una pensión de mala muerte, situación que fue subsanada con el acuerdo de Cartagena, pero la sustracción de esos fondos, el pueblo lo recuerda como un delito y las aspiraciones de la continuidad de un mandatario y sus secuaces de seguir pegados a la ubre del Estado? ¿Y el transitar por instituciones del Estado firmando documentos con empresas multinacionales de dudosa reputación? Bueno, en Honduras todo pasa sin que pase nada. Pero al final solo a uno le cayó el muerto, por cierto, que como le dijimos en una ocasión era el que más trabajaba y eso le ha costado el exilio voluntario. Por favor, aunque la derrota le amargue la existencia no se vaya a hacer el “harakiri”, todavía puede presenciar unas cuantas victorias de los contrarios a su ideología.
Mientras llegamos al río de las verdades, seguiremos pidiéndole al Gran Arquitecto del Universo que nuestro gobierno no ceda en los caprichos de los insurrectos por miedo a las moloteras y a los “magníficos” defensores de los derechos humanos, parcializados con los tirapiedras e incendiarios. Los enfermos por la llanura tildan al actual mandatario de dictador. ¡Ojalá que actuara como tal, los tendría vacacionando en las playas de Cuba, en Venezuela o ya de perdidos en el balneario que alguna vez fue de la familia Somoza!
Esperamos que los dirigentes del Partido Nacional, no permitan la participación en las elecciones internas de “cohetes quemados o cachinflines”, que no conquistan ni el voto de su empleada doméstica, y lo único que pretenden es cuota de poder, para seguir pegados a la ubre estatal, hay quienes dicen que ya andan con las coronas en el lomo y las candelas en la bolsa. ¿Abrirán paso a nuevas figuras sin negociaciones o reparticiones bajo la mesa?
De rodillas solo para orar a Dios.