AQUELLA TEGUCIGALPA

Estamos por conmemorar el próximo domingo 29 los 441 años de Tegucigalpa y su rica historia no solo debe recordarse con el bailongo y la estridencia de alocados conciertos, sino con el conocimiento de esa grandeza que encierra el viejo poblado desde cuando se le conoció como Real de Minas en 1579, Villa de San Miguel de Heredia en 1761, noble y leal ciudad de Tegucigalpa en diciembre de 1821 y capital de Honduras desde octubre de 1880.

Las fiestas de celebración siempre, desde la época colonial se fueron haciendo una tradición especialmente en el viejo barrio de los tejeros del Guanacaste, donde para la feria patronal se organizaban conciertos de marimba, competencias de juegos como los encostalados, el palo encebado, la carrera de cintas y la noche de la vigilia con los desfiles de los mamarrachos con Nana Yaca, el toro fuego, las carreras de bombas y la quema de pólvora.

2 En aquella plaza central nuestras abuelas se encontraban para platicar en las mañanas dominicales.

Para hacer recuerdos de aquella Tegucigalpa que muchos añoramos por lo apacible, señorial y llena de historia, hoy vamos a hilvanar remembranzas con algunas pequeñas crónicas acompañadas de antiguas fotografías, algunas descoloridas o amarillentas por el paso de los años, únicos testimonios de ese pasado tegucigalpense que se quedó prendido en los laberintos del tiempo dejando una huella de imborrables recuerdos.

Nos situaremos allá por los años treinta del siglo pasado en la plaza central de la capital cuando al costado norte del jardín Morazán frente al antiguo edificio del Tribunal Superior de Cuentas se estacionaban los automóviles de los taxis de punto que estaban a disposición de los pobladores para transportar pasajeros en viajes o carreras expresas (foto 1).

En esa plaza histórica perdida por el urbanismo, nuestras abuelas se encontraban en las mañanas dominicales antes o después de misa en la Catedral, con sus blancas cabelleras cubiertas por sus “tapados”, platicaban y después pasaban a realizar sus compras al mercado (foto 2).

3 En la avenida Cervantes otro recuerdo del ayer tegucigalpense.

Hoy, una de las calles más transitables, es la avenida Cervantes, allá por los años cuarenta también era un sector de gran desplazamiento por la influencia de los negocios instalados, uno de ellos propiedad de don Pedro Asfura que originalmente se llamó “Almacén El Aguila” y después como “El Capitolio” contiguo estaban al este la Casa Quan y al Oeste Quinchon Léon (foto 3).

Recuerdan el Cinema Clámer (foto 4), su fachada era majestuosa y sobresalía entre las casas del lugar. La gráfica nos muestra las carteleras en las paredes exteriores que se utilizaban para anunciar las películas que se exhibían en la sala cinematográfica. En la casa contigua de la parte superior nació el insigne ciudadano Dr. Ramón Rosa Soto en 1848 y hoy es una plaza de estacionamiento y una venta de lotería.

Todo ha cambiado en la zona peatonal que termina a inmediaciones del Museo de la Identidad Nacional antes avenida Paz Baraona hoy paseo Liquidámbar. Entre los edificios que se construyeron en los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado estaban el almacén La Urbana, la tgienda de don Francisco J. Jones y el Hotel Lincoln de la familia Asfura, estaba la residencia del Dr. Juan Manuel Gálvez, presidente de Honduras de 1949 a 1954.- La casa tenía dos entradas y dos hermosas ventanas enrejadas, por la primera contiguo al hotel era un portón que daba acceso a un corredor para llegar al interior y la segunda en la parte central permitía el ingreso a la sala principal y a un despacho y biblioteca del demócrata exmandatario (foto 5). Hoy en el lugar funcionan negocios de comidas rápidas.

4 El teatro Clámer de la Avenida Cervantes.

Esta vista era muy familiar hasta los años sesenta (foto 6) cuando las autoridades municipales de la capital decidieron demolerlo. Era el mercado Los Dolores una sólida edificación de piedra que albergaba el más importante centro de abastos de la ciudad con dos módulos unidos para salvar el paso de la calle por una pasarela techada que le daba un toque de elegancia. La gráfica fue tomada desde la plaza frente a la Iglesia observándose carretas y mulas que servían para transportar productos que se vendían en el lugar.

Muchas de estas casas no existen o fueron remodeladas (foto 7) es una estrecha calle que partiendo de la Catedral conectaba con el Callejón Casco. A la izquierda se aprecia el lugar donde operaba la Agencia de la Cervecería Hondureña donde se vendían o distribuían los productos elaborados en San Pedro Sula porque existía en el Barrio Abajo la planta de la industria cervecera capitalina. Recordamos que en esta zona estaban el bazar de doña Carlota Membreño, la colchonería de Genaro Berríos y en la esquina la primera sede de la Cruz Roja Hondureña. La única casa antigua que se conserva en ese sector es la esquina de Tito Aguacate.

Solo el edificio que originalmente fue el Hotel Palace, después las oficinas de la compañía de seguros “El Ahorro Hondureño” es lo único que queda de este rincón capitalino (foto 8). Fue un corto callejón central que comunicaba a las avenidas Colón y Paz Baraona a la altura de la Plaza Morazán donde estaban el Museo Nacional y a la derecha una casa propiedad del Dr. Marcos Mendoza, donde estuvo la Farmacia Unión. Ubicándoles en el presente, este lugar es hoy el sitio por donde tienen instalados sus puestos los lustrabotas del centro.

Y concluimos estos recuerdos gráficos con un medio de transporte popular allá por los años sesenta, los famosos busitos VW utilizados en varias rutas ideales para circular en las estrechas calles capitalinas (foto 9).

Para nuestros contemporáneos estos son gratos recuerdos y para las generaciones de hoy un regalo del ayer que forma parte de la grandeza de la ciudad donde nacieron o viven.

Feliz cumpleaños Tegucigalpa…….Hasta la próxima semana.