Algo más, sobre el problema grave de la contaminación

Manuel Aguilar Palma

Dijo algo más, porque ya en días pasado, nos hemos referido al tema que conserva dimensiones nacionales, pero que hoy al igual que lo hicimos días atrás, queremos enfocarlo, por lo que vivimos, observamos, si es que en realidad conservamos algún grado de observación, aquí en la capital y lo que nos cuentan y hemos visto, en nuestras giras por el interior de nuestra geografía nacional.

La reflexión, me vino a mi mente, con mayor intensidad, pues hace años conservo esta carga de preocupación cuando por razones de salud, me tocó salir a altas horas de la noche, y hacer un recorrido obligado por las calles cercanas al río Grande, tuve que soportar el desagradable mal olor que desde los ríos Grande y Chiquito, vuela como perfume de mal gusto por las calles de la vieja Comayagüela y Tegucigalpa, tanto me molesté, que uno de los infantes que me acompañaba resultó, con ligeros malestares estomacales y alérgicos, lo que provocó que lo llevara a un centro médico privado, donde me cobraron algunos reales, por la asistencia médica, dichosamente los medicamentos correspondieron al tratamiento y retornamos a casa.

Ya en mi vivienda, reflexionaba de lo que he venido reflexionando durante muchos años, de la necesidad urgente de que las autoridades correspondientes tomen las medidas necesarios, para dotar a la capital hondureña de un adecuado servicio de aguas negras o serviles, como dicen nuestros profesionales de la ingeniería, la preocupación cada día más se agiganta, en vista de que si antes conservábamos la seguridad, de que por el verano teníamos que vivir con esa desagradable fetidez y en el invierno, aunque la hedentina siempre se percibe conservamos también el peligro de inundaciones cuando los ríos se salen de sus causes, hoy parece ser, como en efecto lo es, que el hedor ya causó permanencia (todo el año), y ya no solo percibimos malos olores de los ríos mencionados, hoy se han agregado quebradas y otro tipo de ríos, que corren tanto por la periferia, como por el centro de la capital, lo que nos está convirtiendo en un volcán de explotación de malos olores, con las consecuencia para la salud a mediano y largo
plazo y lo peor de todo esto, es que no hay autoridad que repare en ello.

Insistimos en el problema que es innegable conservar dimensiones nacionales, y de lo que hablaremos en artículos posteriores, tal como lo apuntamos líneas arriba, por hoy, nos concentramos con lo que sucede aquí, en nuestra casa, por ser esta porción de tierra, Tegucigalpa, que carga con el histórico nombre de capital de la República de Honduras, a la cual respetamos y amamos de corazón.

En todas partes del mundo, la capital de cada país es como el espejo donde se mide el desarrollo industrial, cultura, seguridad, y la belleza, como la generosidad de su pueblo, en fin por la capital se mide la categoría de país. Cuantas veces hemos escuchado a turistas que han visitados países que tienen excelentes capitales, que son un agrado como San José de Costa Rica, ciudad Guatemala, que aunque bien llena por tanto problema social, mantiene una ciudad bien limpia, urbanizada e higiénica, no digamos aquí en Latinoamérica, capitales como Santiago de Chile, Montevideo que cuantas veces las hemos visitado nos han dejado una impresión de por vida, o en Europa ciudades como Praga, una belleza de primer orden, y cuantas otras más ciudades del planeta, que nuestros turistas cuentan maravillas.

Lo que aquí afirmamos podrá considerarse como una utopía, pero en realidad se trata de que nuestras autoridades correspondientes, tenga amor por esta capital, voluntad, y deseo de cambiarle el rostro golpeado a nuestra capital, pues en esto, es bueno recordar las palabras del gran José Martí: “las utopías de hoy, son realidades del mañana”.

Periferia de San Miguel de Heredia