La importancia de la confianza

Por Marcio Enrique Sierra Mejía

La confianza, es una emoción positiva o una actitud afirmativa que concierne al futuro, en la medida que este futuro depende de la acción de otro, pero que en Honduras, aún está bastante alejada de ser uno de los pilares centrales de la vida en nuestra sociedad porque predominan los vicios autoritarios, la fragmentación, la violencia y la corrupción, causando que los ciudadanos, desvaloricen su interés en desarrollar relaciones seguras con sus pares, así como en la representación de las instituciones. En consecuencia, la confianza no es ese pegamento que une diversos objetivos, valores y necesidades de la sociedad para lograr sus metas comunes. Actualmente vivimos enfrentando una confianza que está en crisis y que debemos estudiar y caracterizarla para ver cómo la trascendemos y nos conducimos hacia una sociedad en la que sea un pilar central en nuestra vida social.

Debemos poner atención a dos dimensiones de la confianza para estudiarla y analizarla sacando a la luz científica sus características: una es la apreciación que podamos tener sobre los vecindarios, la comunidad más directa y la cohesión social. Hay que caracterizar el ambiente social y cómo confluyen las expectativas ciudadanas en la generación de formas específicas de percibir el desorden y de descubrir cuáles son las mejores formas para fortalecer el orden social. En la medida que podamos entender la mirada general sobre el “otro” podremos definir una manera de entender y tratar de enfrentar la vida en común, ya sea de forma asociativa o basada en el individualismo más evidente. Necesitamos fortalecer la confianza interpersonal porque sin ella es compleja la realización de proyectos comunes, la búsqueda de solución a las limitaciones sociales (por ejemplo, el deterioro de los recursos naturales) y la consolidación de una imagen de sociedad integrada. La otra dimensión de interés científico es la caracterización de la confianza institucional de forma tal que nos permita descubrir la magnitud de las fortalezas sociales para consolidar el Estado de Derecho, así como las instituciones democráticas. Hay un poder que le hemos entregado al Estado para la regulación de las actividades sociales que requiere de grados de reconocimiento por parte de la población para la realización de las complejas tareas de orden de la vida social que, todavía no hemos estudiado con rigor, y no conocemos en qué estado de desarrollo está.

Ambas dimensiones se interconectan y en la medida que sus dinámicas estén separadas una de la otra no se pueden generar lazos de confianza entre los ciudadanos y difícilmente podemos esperar que la confianza institucional sea sólida. Esto porque realmente las instituciones están formadas por un conjunto agregado de personas que toman decisiones de acuerdo a intereses que entendemos, deben ser aceptados por la mayoría. De ahí que para analizar el proceso de erosión o fortalecimiento de la confianza tenemos que asumir un enfoque integral para revisar el proceso sinérgico de sumatoria permanente en la que interpersonal e institucionalmente se van “consolidando miradas similares en la población” (Lucia Dammert, 2016). Si no hay confianza de los ciudadanos en las instituciones públicas nuestra democracia va a funcionar mal porque precisamente la confianza constituye un pilar “fundante” para establecer la legitimidad de sus actuaciones. (Dammert, 2016).
En nuestra sociedad la confianza interpersonal es débil a pesar de constituir un requisito para la formación de organizaciones secundarias que, a su vez, constituyen un capital social y un factor clave que contribuye poco, a generar un alto dinamismo económico debido a la desconfianza en relación con el desempeño de las instituciones gubernamentales, la cual es muy fuerte.

Pareciera que el rápido proceso de modernización que ha experimentado Honduras en las últimas décadas, sigue un patrón de desarrollo que no contribuye a generar seguridad y certeza, sino que más bien riesgo y miedo social generalizado, los que contribuyen a diezmar los niveles de confianza de los hondureños. Percibo que los avances modernizadores “jalan” un simultáneo malestar social porque la inseguridad, la incertidumbre, la exclusión, el miedo al otro y el miedo al sin sentido: galopan en contra.

Hasta qué punto el proceso capitalista modernizador que tenemos en Honduras configura un contexto en el que “los miedos a los otros, a la desprotección y a la incertidumbre hacen imposible la mantención o desarrollo de la confianza social”. (PNUD, 2012). Necesitamos conocer con mayor rigor científico los lazos de confianza que existen en Honduras y medir a través de estudios de opinión los niveles de confianza promedios que tenemos hoy por hoy. ¿Qué nivel de confianza promedio tenemos en relación con el promedio latinoamericano? ¿Hasta qué punto las débiles relaciones de confianza interpersonales están asociadas al mal desempeño institucional?