Manuel Aguilar Palma
Viendo el canal estatal de la Universidad Nacional, me llamó la atención ver en gráfica de aquellos años, (1919) cómo el doctor José María Ochoa Velásquez, comayagüense hasta la médula, aparece montado en una hermosa bestia, supongo mular, viajando por aquellos pueblos del departamento de Yoro, en plena campaña política, para las elecciones de 1920, en las cuales era candidato para vicepresidente, luciendo un elegante traje, atravesando uno de los caudalosos ríos de aquellos momentos, orgullo también por aquellos días, hoy con seguridad una tristeza por su sequedad.
También hace algunos días, ojeando un libro, sobre la destartalada vida política de nuestra casa, me encontraba con una postal fotográfica donde aparece el entonces ministro de Gobernación y Justicia, J. Salomón Jiménez Castro y el jefe de Estado, don Julio Lozano Díaz, como otros personajes no identificados, en plena campaña política, por la ciudad de Tela, vistiendo elegantes trajes, que por lo que pude observar eran de fino casimir, de ese que conocemos en nuestro medio, que además de pesar muchas libras, provocan mucho calor, máxime en una ciudad como Tela, eternamente cálida.
En la costa norte, particularmente en las ciudades , donde conservaba sus intereses, las compañías fruteras, que operaron desde finales del siglo diecinueve, hasta bien entrada la centuria de los veinte, los altos ejecutivos de las empresas usaban traje, de naturaleza fresco, por ser de tela blanca, bien tallados, con seguridad manufactura de los Estados Unidos, que los distinguía del resto de trabajadores nacionales.
Pero donde ha reinado por años, quizá por siglos, la tradición de tan destacado atuendo es en los profesionales del Derecho, en todas partes del urbe, particularmente en los países latinoamericanos, el presentarse bien vestido, no es de otra manera que vestir trajes de las mejores telas, de las conocidas tanto ayer, como hoy, de origen italiano, como de otros países asiáticos.
El abogado Hernán Cárcamo Tercero, quien desempeñó funciones diplomáticas en varios países de Latinoamérica, en representación de nuestro gobierno y pueblo, particularmente en República Dominicana, me relataba en una agradable conversación, que sostuviéramos en un café en el mero corazón de la capital, que en Santo Domingo, su capital, una ciudad, muy caliente, cuando se visita un profesional del derecho en su oficina o en su centro de trabajo, siempre se le encuentra bien vestido, con su traje correspondiente, también me contó cómo países como Cuba, Panamá, Nicaragua y otros países ubicados en Las Antillas, al profesional del derecho, que lo llaman “doctor”, su presentación es siempre con su traje, el cual no olvidan jamás, en el desempeño de su labor.
En nuestra casa ha existido algo interesante, hasta los años cincuenta y unos años más, los estudiantes de la Escuela de Derecho, estaban obligados a presentarse a sus clases bien vestidos, con su traje y corbata en orden, algunos abogados que ya partieron me contaban, cómo en cierta ocasión el doctor Esteban Mendoza, profesor de Derecho Internacional, sacó de su clase, -lo que en realidad siempre lo hacía cuando se presentaban estos casos-, a uno de sus alumnos porque estaba con la corbata en forma inadecuada (por un lado), la justificación que dio el maestro, fue que eso, era una falta de respeto para su profesor, y agregaba: “que un futuro abogado, no debe hacer eso”.
Ahora, para asistir a clases en la siempre eterna Facultad de Derecho, ya no se observa en el alumno la vestimenta que comentamos, sino que, el educando se presenta a sus clases, en cuerpo de camisa, como se suele decir en el ambiente, como también aquel comportamiento de nuestros escasos ejecutivos empresariales y particularmente de nuestros políticos, cuando no habían los medios de comunicación terrestres y aéreos que hoy conservamos, de recorrer el territorio nacional, en sus campañas políticas, siempre con el tradicional traje, y con el tradicional sombrero de pelo o extenso, ( hoy en desuso) costumbre bien enraizada, en todos estos países latinoamericanos, hasta el final de los años cincuenta, han pasado a formar parte de solo un recuerdo.
Lo que sí llegó para quedarse es la costumbre de que el profesional del Derecho, debe andar siempre por donde esté en sus labores profesionales, bien presentable y la mejor forma de hacerlo es siempre presentarse con el traje correspondiente, así lo ve mejor el cliente que observa en la forma de vestir, seriedad en quien contrata sus servicios profesionales y en funcionarios estatales y judiciales, respeto y seriedad en el profesional que requiere atención, en sus asuntos sometidos a su jurisdicción y competencia.
Periferia de San Miguel de Heredia