José María Leiva
Daniel Sawka, es un cineasta sueco radicado en Estados Unidos. En el año 2016, escribió y dirigió un cortometraje para su proyecto de tesis de maestría del American Film Institute, que llamó “ ”. Posteriormente, este corto fue preseleccionado para los Premios de la Academia 2018. Ganó el Premio del Gran Jurado en el festival AFI (“conocido en español como Instituto Americano del Cine o Instituto Estadounidense del Cine, una entidad cinematográfica independiente y sin fines de lucro, cuyo cometido es educar cineastas y honrar el patrimonio de las artes cinematográficas en los Estados Unidos”).
Además, se proyectó en el Festival de Cine de Telluride, ubicado en las montañas de Colorado, el cual se distingue “por su atmósfera casual, decididamente no hollywoodense. No hay manera de encontrar alfombras rojas ni paparazzis, y hasta los ejecutivos más poderosos del cine que llegan en jets privados se pasean por el pueblo en jeans”. Un festival, considerado “una rara avis dentro del panorama de certámenes anual, pues no hay ni premios ni jurados, ni pases de prensa o de mercado, y toda la programación se concentra en cuatro días, tradicionalmente a finales de agosto/principios de septiembre”.

Por su relevancia, Daniel Sawka logró convertirlo en un largometraje de HBO, que “responde a un emotivo thriller que retrata la tragedia humana, social y política de los inmigrantes centroamericanos (en este caso apenas unos adolescentes) que intentan ingresar a los Estados Unidos en búsqueda de mejores horizontes existenciales y materiales”, señala Horacio Ramírez en el sitio https://www.cineyliteratura.cl/.
El filme, cuenta la historia de Oscar (Anthony González) un pequeño de doce años que toma la difícil decisión de dejar su familia en Honduras, para marcharse ilegalmente a los Estados Unidos de Norteamérica en pos de una vida mejor, empezando por proteger su vida, pues escapa de la violencia de las pandillas que ya le tienen atrapado en su redes de delincuencia, so pena de matarle si intenta evadirlos y salirse de ellas. De hecho, Óscar lleva grabado en el pecho un tatuaje que los pandilleros le pusieron a la fuerza, quedando marcado como un delincuente que no es.
En su huida, apenas si lleva algunas posesiones en su bolsa, más el número de teléfono de su tío Manuel (Omar Leyva), quien vive ilegal en Arizona, dedicado al oficio de jornalero agrícola. No obstante, su viaje se interrumpe cuando es atrapado por la patrulla de la frontera y colocado en “la nevera”, un gélido centro de detención para niños inmigrantes hispanos, desde donde intentará en vano enfrentar con éxito el estricto sistema migratorio estadounidense y conseguir su libertad.
Un complicado asunto en el que habrá de ayudarle Manuel (el hermano de su madre), y una periodista de investigación, encarnada por la actriz Génesis Rodríguez. Mientras tanto, en su mente se repiten: “Ya no puedes ser más un niño, tienes que crecer ahora”, las últimas palabras que tiene presente de su agobiada madre y que le hacen eco en la celda fría de un gran bodegón, que comparte con otros niños separados de sus padres.

Al final de su película, el director denuncia en la pantalla que durante el rodaje, el procurador general estadounidense, Jeff Sessions, declaró que los migrantes que llegan huyendo de la violencia de las maras no son aptos para pedir asilo. A destacar desde luego, el rol encomendado a Anthony González, un joven actor estadounidense de interpretación y voz. Hijo de Inmigrantes Guatemaltecos. Ha aparecido en la serie de televisión “El Puente” (2014) y “Mentes Criminales: Sin Fronteras” (2017). Asimismo, prestó su voz a Miguel, el protagonista de la película animada “Coco” (2017), obra de los estudios Pixar.
Por cierto, quien vivió una situación de inmigración parecida en la década de los ochenta, fue el referido actor mexicano Omar Leyva, crecido en el central estado mexicano de Puebla, cuya abuela lo llevó a Los Ángeles cuando tenía ocho años a reunirse con su padre y cuya madre conoció cuando tenía 30 años. Así mismo, en una entrevista con Notimex, el director Sawka, dijo que quiso llevar esta situación a la pantalla grande porque él pertenece a una familia que ha migrado durante años. “Yo no lo viví directamente, pero mi familia tuvo que migrar a otros países”. Definió que lo que se está viviendo en los centros de detención es “una situación de tortura que se ha empeorado” y manifestó su deseo de que haya más presión para resolver esa situación.
Por su parte, la crítica no ha parado con merecidos elogios: “Como pocas películas, este filme capta el diario vivir de los menores recluidos en estos centros de detención y cómo encaran su precaria situación lejos de sus familias sin otro apoyo que el de las amistades que logren forjar durante su cautiverio”. «La película se apoya en los matices narrativos y la sutileza dramática para sumar puntos y generar empatía». (Variety).
«Más que indignación, lo que Sawka busca es compasión, aunque al final lo más probable es que los espectadores acaben sintiendo las dos cosas, además de una considerable frustración por los temas que trata”. (The Wrap). «Una película dolorosa y desgarradora (…) Sawka deja que los niños sean niños (…) HBO merece reconocimiento por reconocer su importancia”. (CNN). Y una última: «Tiene un estilo interpretativo sobrio, naturalista y extraño que ayuda a vender la historia». (The Wall Street Journal). Sin duda, una conmovedora película, con un mensaje orientado a crear conciencia social.