EL pobre pueblo pobre sale de un apuro para caer en otro. Alcanzado en su presupuesto familiar. No solo son los impuestos al gobierno central escamoteados de su sueldo. Hay que agregar los extras. Los recibos de la luz. Los pasajes del transporte. La factura del agua potable que no recibe, peor ahora con los groseros racionamientos. Avisan que ya no van a echarla una vez a la semana sino cada quince días. Los impuestos y las contribuciones a la alcaldía municipal. Para empresas el pago del impuesto de ventas más lo que gastan por permisos que tramitan. Para las familias el pago del tren de aseo. El impuesto sobre bienes inmuebles, que acaban de duplicar a grandes segmentos de la población, mediante la argucia de subir el valor catastral a las propiedades. La tasa vehicular. Que sufrió un drástico aumento, menos para los taxistas que consiguieron rebaja del incremento cuando se revolvieron.
Informan que solo el pago de la tasa vehicular generó más de 750 millones de lempiras en ingresos en apenas dos meses, de julio a agosto, según datos proporcionados por la jefa de Recaudación del Instituto de la Propiedad. Para que tengan una ligera idea de cómo crece el hormiguero. Asómbrense. El parque vehicular en los últimos ocho años prácticamente se ha duplicado, de un millón de carros en el 2010 a casi dos millones en el 2019. Mientras la ciudad crece desaforadamente. Sin contar con el mínimo de servicios básicos demandados por el desenfrenado crecimiento. Las construcciones se riegan aceleradas a lo largo y ancho de la ciudad. Se otorgan permisos para construcción de complejos residenciales a la garduña sin el debido estudio del impacto ambiental. El reciente incidente escandaloso es la denuncia de pobladores y ecologistas de daños a la reserva forestal de La Tigra. Las distintas etapas del anillo periférico fueron diseñadas como vía rápida de alivio vehicular. Sin embargo, no tardó mucho en que la misma autoridad municipal las transformara en caminos de herradura, dando permisos de construcción a todo tipo de negocios, en la mera falda de la carretera. Con accesos directos a la pavimentada. Para agravar lo anterior súmenle a la total carencia de hábitos de ahorro, el despilfarro de energía y el derroche de gasolina. Anuncia la CREE, que “los ataques a dos refinerías de la petrolera en Arabia Saudita, podrían cambiar las expectativas de rebaja a la tarifa de energía”. Quizás induciendo al auditorio que se olvide de las rebajas.
Sin embargo, a las pocas horas sale esta otra noticia: “El precio del petróleo intermedio de Texas (WTI) cayó un 5.7 por ciento (3.56 dólares) y cerró en 59.34 dólares el barril, después del anuncio de Arabia Saudita de que los suministros de petróleo han vuelto a los niveles previos a los ataques con drones del pasado fin de semana a sus principales refinerías”. ¿En qué quedamos, habrá rebajas o incrementos? Leímos este otro suelto informativo. “El presidente del BCIE reaccionó preocupado de que un 30 por ciento de la población hondureña no cuente con el servicio de energía eléctrica, un factor que genera más pobreza y afecta la productividad”. Igual asombro debe causar que más de la mitad de los vecinos de Tegucigalpa y Comayagüela no cuentan con pegue a los servicios del agua potable. Y aunque haya conexión a los tubos no hay agua. El sistema de suministro de la ciudad colapsó. El mismo cuento viejo para engañar incautos todos los años. Anuncian nuevas represas que nunca construyen. Por último, el café. La cosecha 2018-2019 cierra con 400 mil quintales y cerca de 250 millones de dólares en divisas, menos de la meta anticipada. Habrá quienes enciendan candelas a los santos rogando que la sequía que afecta a Brasil contraiga la oferta de café para que los consumidores paguen mejores precios por la próxima cosecha.