MÁS SIMBÓLICO QUE EFECTIVO

TAL como anticipamos. Después del fracasado complot contra Nicolás los resignados venezolanos no volvieron a manifestarse en las calles. A partir de allí, el impulso que llevaba el autoproclamado comenzó a perder envión. Para tumbar una autocracia sin escrúpulos se ocupa más que pronunciamientos y meras ilusiones. La presión de la comunidad internacional ha sido insuficiente y a lo más bastante inconsistente. A Nicolás no lo van a asustar con agitarle en la OEA la Carta Democrática. Las sanciones impuestas por el imperio no del todo dan en el blanco cuando pegan contra escudos –que desvían la acometida– facilitados por los rusos y los chinos. El Grupo de Lima se vio diezmado con la neutralidad de los mexicanos y la dualidad de los uruguayos. AMLO recurrió a la Doctrina Estrada de la no intervención pese a que su país votó por la injerencia –si la democracia sufría trastornos– cuando suscribieron la Carta Democrática de la OEA. El esquivo gobierno uruguayo a veces entra al grupo y otras veces se sale.

Varios gobiernos latinoamericanos y europeos que en un inicio desconocieron la reelección de Nicolás inclinándose por reconocer al autoproclamado, acabaron en un grupo de contacto auspiciando pláticas entre ambas partes. Música a los oídos de Nicolás que utiliza los diálogos como tregua distractora para aburrir, cansar, divagar, no ofrecer nada, tomar aliento, agarrar impulso y atornillarse a la silla. Las pláticas de Barbados, instigadas por Noruega, fueron boicoteadas por Nicolás. Dejó a la delegación opositora esperando varias semanas una respuesta. Quedaron silbando en la loma. No volvió a mandar a nadie a la mesa negociadora.

Mientras –vaya sorpresa– hurgaba la oposición para dividirla. Ya consiguió desprender varios partidos opositores arrimándolos a un “Acuerdo de la Mesa de Diálogo Nacional”. “Grandes logros”. Que regresen diputados chavistas a la Asamblea Nacional. Y como prenda de la benevolencia de Nicolás. Soltó un preso político, al vicepresidente de la Asamblea Nacional, al que detuvieron para darlo como trofeo de una concesión.

Qué bonito. Los agarran para tenerlos de rehenes y después entregarlos como muestra de magnanimidad en la negociación. Los opositores de Guaidó perdieron su mayor aliado en la Casa Blanca. Despacharon a Bolton el asesor halcón en asuntos de seguridad. Entre otras cosas, porque POTUS no estaba conforme con su manejo en Venezuela.

Los partidos políticos que negocian con el oficialismo tienen muy poco caudal electoral y muy poca representación real. Sin embargo, son útiles como trofeo. Para demostrarle al mundo que Nicolás dialoga y llega a acuerdos con los opositores. Parecido a aquel candidato presidencial que compitió en las pasadas elecciones que solo sirvió para legitimar el proceso a Nicolás. Perdió por barrida y trapeada y nunca volvió a asomar el cacho. Así que este arreglo ofrece un golpe más “simbólico que efectivo”. Pero es un golpe a una oposición que comienza a lucir dividida y lastimada. La Unión Europea sobre esta pantomima de diálogo fue la primera en rechazarlo por “falta de representación de todas las facciones de la oposición venezolana”. Robert O’Brien, un eficaz negociador de rehenes, es el nuevo Asesor en Seguridad. (A ver si tiene éxito donde fracasó su antecesor).

Nicolás juega a una estrategia de desgaste. Hacia el enemigo. No para él ya que no hay desgaste posible de alguien que mal gobierna un país en la ruina. Con sostenerse, a como dé lugar, es suficiente. Mientras hace que los venezolanos, al no ver resultados rápidos y concretos de cambio, pierdan la fe en el liderazgo del autoproclamado.