Catafalco mundial

Por Francisco Zepeda Andino
Cnel. (r) FAH

¿Estamos construyendo el catafalco de la raza humana en el planeta Tierra?. Algunos consideraran el asunto como exagerado. Otros, al contrario, aseguran que hemos llegado al punto de no retorno en lo referido a degradación ambiental, contaminación del aire y océanos o cambios climáticos. Es posible que la verdad se encuentre en un punto intermedio.

Los niños o adolescentes capitalinos que disfrutamos nuestra infancia a mediados de los años 50 del siglo pasado, recordamos como era el abrir la llave del agua en los sistemas de casas o habitaciones y recibir el preciado líquido a cualquier hora o día del año. Las llamadas “pilas del Picacho”, nos abastecían a los aproximados 100,000 habitantes de las ciudades gemelas. El bosque nublado de La Tigra mantenía suplido el sistema de agua potable capitalino. Nuestro clima era más que agradable y solo en los meses de marzo y abril registrábamos ligeros ascensos en la temperatura ambiente. Esos meses se consideraban la “temporada seca” porque, religiosamente en los 3 primeros días de mayo empezaban las lluvias, durando hasta mediados de septiembre.

Por razones desconocidas nunca se estimó necesario aumentar la capacidad de almacenamiento de agua en El Picacho y ahora estamos pagando las consecuencias de nuestra deficiencia en planificación. Los megaproyectos en Los Laureles, La Concepción y otros en lista de espera, nublaron la visión de estadistas y funcionarios. La no sustitución de tuberías instaladas hace 60 ó 70 años, también nos pasan la factura en el siglo XXl. La desforestación inmisericorde, crecimiento poblacional urbano desmedido y un régimen de lluvias alterado, nos ponen en las circunstancias actuales.

Está vigente una oposición popular al desarrollo de un complejo habitacional que se pretende construir en sectores aledaños a la montaña La Tigra pero nadie expresó la más mínima queja cuando se eliminó totalmente el área al este y sureste de la aldea Suyapa, con inmensa floresta de pinos y riachuelos, lotificando sin consideración alguna para el futuro que ahora es desafortunadamente, el presente de sequía y calor.

Los problemas que afectan la mayoría de sectores nacionales, son un microcosmos de otras situaciones a nivel mundial. El deshielo de cascos polares, incremento en niveles de mares, sequías extremas o inundaciones severas, aumento en la ferocidad de huracanes, tifones o ciclones, temperaturas ambientales en Europa u otras regiones en ambos extremos de los termómetros, ríos perdiendo su caudal y más, deberían levantar las alarmas a nivel mundial, pero en la mayoría de situaciones, las ventajas comerciales, elaboración de productos, sostenimiento del PIB o balanzas comerciales favorables, derivan en gobiernos centrales ignorando las señales de la madre Tierra.

Los Estados Unidos de América, China, la India y otras naciones son las principales generadoras de gases o partículas contaminantes hacia la atmosfera. Países con menores índices industriales también contribuimos a la general degradación del planeta mediante contaminación del aire, ríos y océanos. Los incendios forestales, uso del plástico, aguas residuales o servidas, generación de monóxido de carbono proveniente de diferentes fuentes, están aumentando el cerco ambiental a nuestra forma de vida.

En reciente gira por el Golfo de Fonseca pudimos observar flotando en sus aguas botellas plásticas, vasos y otros contaminantes, que nos dan los primeros avisos sobre el peligro latente a corto o mediano plazo cerniéndose sobre ese bello sector de nuestra Honduras. No esperemos a ver formada una “isla” de desperdicios y basura desplazándose en el Golfo.

Debemos cuidarnos de aquellos hondureños o extranjeros utilizando los peligros ambientales que nos amenazan, queriendo vivir o sobresalir de un pretendido interés en darles solución. Cualquier “ambientalista” inserto en movimientos políticos partidistas, tiene como meta escalar posiciones y pasar a vivir del Presupuesto Nacional.

Atrás quedaron los días cuando podías disfrutar de un baño en el río Choluteca en su paso por la capital o la poza El Vacilón, Loarque, Germania o la Poza del Hombre al norte del parque La Concordia.

¿Estamos preparados para tres años de sequía continuos, si llegara a ocurrir? Una teórica explicación sobre la salida de los mayas de Copán y su desplazamiento a la parte norte de la península de Yucatán alrededor del año 600 de la Era Cristiana, es, precisamente ese fenómeno meteorológico. Consideremos la posibilidad y si no sucede, demos gracias a Dios.