MEDIA docena de las grandes economías del mundo están en vísperas o en riesgo de recesión. La economía británica se contrae y un Brexit sin acuerdo podría lanzarla al precipicio. Italia no crece, está en franco estancamiento. La economía mexicana es débil y apenas esquiva los tres trimestres consecutivos de contracción.
La china, consecuencia de la guerra arancelaria con los Estados Unidos, crece a un ritmo bastante lento. Alemania depende de los bienes que vende a China y los Estados Unidos. Y si los mercados se contraen, sufre la economía alemana. Brasil padece de una producción industrial débil y de creciente desempleo. La economía de Estados Unidos confirmó su ralentización al registrar un avance a un ritmo anual del 2 por ciento en el segundo trimestre de 2019, una décima por debajo del cálculo preliminar oficial para ese período.
También la guerra arancelaria con China ya hace mella en las exportaciones y los mercados norteamericanos. El 34% de los economistas encuestados por la Asociación Nacional para Economía Financiera dijo que, cree que la desaceleración de la economía estadounidense conllevará a la recesión en el 2021.
¿Cómo esto nos afecta? Pues, en parte por influencia externa y en parte por falta de empeño interno, aquí también los mercados pierden vapor. Ya el FMI revisó a la baja los índices de crecimiento económico del país.
Ahora estos evidencian una tendencia a la baja, más aguda a lo anticipado. Los precios de misericordia que pagan los consumidores en el exterior por las exportaciones del café hondureño, los crecientes déficits en la balanza comercial, la pérdida de las cosechas consecuencia de la sequía, que obliga a comprar granos básicos en el exterior para abastecer la demanda nacional, entre otros factores, inciden negativamente. A ello habría que agregar las pérdidas ocasionadas por la agitación en las calles, con lo que cuesta a la inversión extranjera y a la iniciativa privada local recuperar confianza para mantener su ritmo de operaciones. Si bien el país no entra a recesión, el crecimiento económico se ha aplanado. El índice mensual de actividad económica del Banco Central de Honduras (BCH), revela que la actividad económica del país se contrajo casi 1% durante el primer semestre de 2019. La Cámara de Comercio e Industrias de Cortés (CCIC) consideró que, “el Producto Interno Bruto tiene una tendencia a la baja, lo que significa que nuestra economía está en proceso de recesión”. De acuerdo al criterio del Colegio de Economistas “el país no enfrenta una recesión sino un estancamiento”. Aún así, hay acuerdo vigente con el FMI. La Secretaría de Finanzas “prepara una nueva colocación de bonos soberanos que servirá para enfrentar los vencimientos de deuda pública y los costos que representa la reestructuración del sector eléctrico hondureño”.
El Colegio de Economistas señala que las dos principales causas del estancamiento se deben a “la inestabilidad política y a la falta de adopción de políticas de inversión”. Y el otro factor que inquieta es que tampoco se está reduciendo la pobreza, ya que para hacerlo se requiere crecimiento a tasas superiores al 6%, lejos de alcanzar. No les va a agradar lo que vamos a decir. Pero no deja de ser irónico tanto ocio cuando el país enfrenta estos apuros. Estamos en las vísperas de otro dilatado puente de asueto. El sector turismo regocijante por la inminencia del prolongado feriado del mes de octubre, cuando el pueblo entero se va de vacaciones; se paraliza el trabajo y las demás actividades económicas del país. Aquí ya hicieron práctica del turismo interno aprovechando apelmazar, en un largo puente, varias efemérides cívicas. El feriado antes era para conmemorar la hazaña histórica o la memoria de los héroes. Pero ahora –nadie repara en lo que se celebra– se ocupan para mandar la gente a pasear. Retomando el problema del estancamiento económico. ¿Qué hacer? No pueden gobierno y sectores nacionales quedarse de brazos cruzados esperando resignados que la crisis empeore.
Precisan de un plan urgente para enfrentar los desafíos. Del exterior solo se reciben los males que pueden afectarnos, no van a llegar soluciones milagrosas. Nadie va a venir a darnos lo que no hagamos, con trabajo y sacrificio, por cuenta propia.