Líneas sobre el 3 de octubre

Por Óscar Armando Valladares

Concluyeron los actos alusivos al rostro incompleto del 15 de septiembre: el de la proclama independentista de 1821. Los desfiles vistosos -con las “palillonas” de torneadas piernas en la alegre vanguardia- y el despliegue marcial -con las naves y el paracaidismo como emocionante espectáculo-, colmaron la algarabía dominguera, por caso en el Estadio Nacional capitalino, donde una variopinta asistencia -con empleados públicos “incitados” a acudir y el grueso de la gente, trasladada en idénticos buses amarillos- cubrían las gradas del inmueble balompédico. En las primeras planas, los diarios en sus ediciones del 16 realzaron en colores el suceso, igual que años atrás: “Civismo, fervor y espectáculo”, (La Prensa); “Fervor patrio”, (LA TRIBUNA); “Fiesta cívica”, (El Heraldo); y ni qué decir tiene la transmisión en vivo del complejo audiovisual.

Como siempre, la otra cara de la efeméride pasó inadvertida, más bien oculta con intenciones: la fecha relativa al martirio de Francisco Morazán, en 1842, por procurar dejarnos una patria común independiente y soberana. El concurrido encuentro, celebrado a la altura del 13 de septiembre en la Casa de Morazán, fue la nota distinta y distanciada del entramado oficial, en la cual disertantes e invitados(as) concordaron en el compromiso histórico de vitalizar -en esta hora aciaga- los principios del gran luchador unionista y reemprender la causa liberadora a que se entregó de lleno.

A pocos días de arribar al jueves 3 de octubre -que memora su natalicio-, nuevamente las mismas caras devendrán sin cambio alguno: del lado castrense, la celebración del Día del Soldado -en cuyo cuerpo se subsume la figura del héroe-; por el lado del gobierno, el abyecto propósito de anular la efeméride morazánica mediante el expediente de un período vacacional, aprobado en el Congreso, un feriado que la cómplice barbarie juega, vergonzosamente, con el libérrimo apellido del vencedor en La Trinidad, Las Charcas y en otras célebres batallas. A propósito, ¿qué dirían los cubanos si por ahí se emprendieran “vacaciones martianas” o “distracciones bolivarianas” en la natal Venezuela del Libertador?

En acto de desagravio y además protestatario, la Casa y el Instituto que tutelan su figura, le ofrecerán otro público homenaje, al que seguramente concurrirá el sector morazanista que conforma, en su patria de origen, la posteridad más digna.

En ese 3 de octubre venidero, revivirán los términos de su pieza tribunicia, dedicada al “pueblo de Centroamérica”, en el que contrastaba -en su tiempo (y en el nuestro por qué no)- el comportamiento de quienes “han abusado de los derechos más sagrados del pueblo por un sórdido y mezquino interés y que él identificaba como “enemigos de la independencia y de la libertad”, que al pueblo han “humillado, insultado, envilecido y traicionado”, y aquellos “patriotas de que se componen los estados de Nicaragua, El Salvador, Honduras, Los Altos y parte de Guatemala”.

Véase este ejemplo de su requisitoria visionaria: “Cuando vosotros disfrutabais de una patria, no podíamos nosotros pronunciar ese dulce nombre. Recordadlo. Vosotros habéis gozado muchos años de los bienes de esta patria que buscáis en vano. ¿Encontraréis en la República de Centroamérica algunas señales de ella? No. Aunque le dais este nombre, más extranjero sois por vuestros propios hechos en el pueblo que os vio nacer, que nosotros en México, en el Perú y en la Nueva Granada. Por la identidad de nuestros principios, como los que sirven de base a los gobiernos de estas repúblicas, nosotros hemos hallado en ellas simpatías que vosotros no encontraréis en el propio suelo de vuestros padres (que ya no os pertenece) desde el momento mismo que se descubran vuestros engaños”.

En esa misma fecha -3 de octubre-, el Instituto Morazánico presentará en su nueva etapa la primera edición de su Revista, portadora de artículos e ilustraciones sobre la vida y obra del repúblico, al que le tocó enfrentar el asedio sucesivo de dos imperios, el hispano y el inglés. En misiva admirable -que recoge la Revista- puso a la orden su espada frente a la agresión de Inglaterra en un puerto fluvial nicaragüense. Dijo: “Si consultamos la historia veremos en ella, que el derecho de las grandes naciones se ha fundado en algún tiempo en causas de tal naturaleza que solo habría excitado la burla y el desprecio si no hubiesen sido sostenidas con las armas… Si más de tres siglos de posesión nunca interrumpida, no nos ha dado el derecho al puerto de San Juan, ¿cuál es en el que fundan el suyo tantas naciones que por los mismos medios han adquirido los inmensos territorios que poseen? Y si al cabo, no se pudiese lograr una transición honrosa para la República, quedará por lo menos a los centroamericanos la satisfacción de haberla procurado y de acreditar al mundo entero que si se les coloca entre la humillación y la guerra, elegirán siempre el último partido, aun cuando tengan la certeza de no poder salvar más que el honor”.

[email protected]