Día del Maestro (2019). El reto de los mentores

Por Jorge Roberto Maradiaga

Doctor en Derecho Mercantil, catedrático universitario
y especialista en Derecho Aeronáutico y Espacial

No cabe la menor duda que septiembre es uno de los meses de mayor significación en el país, justamente por las distintas celebraciones que tienen una trascendencia de primera y un impacto sustantivo en nuestro acontecer en todos los ámbitos. Como se recordará el uno (01) de septiembre se celebra como día consagrado a la llegada de los pliegos de la independencia; el diez (10) de septiembre el Día del Niño; luego el quince (15) de septiembre, día que signa el aniversario de nuestra emancipación política y que el año dos mil diecinueve, concreta el ciento noventa y ocho (198) aniversario de la independencia patria y a partir de entonces emerge como un país libre, soberano e independiente.

Concretada esa celebración patriótica apuntamos, que el martes 17 de septiembre, se celebró el Día del MAESTRO (A), lo que entraña un reconocimiento real y efectivo, oportuno y procedente para los hombres y mujeres que con firmeza, convicción y decisión se entregan a una de las tareas sustantivas y de gran trascendencia, como es la formación del elemento humano, empezando desde el jardín de niños hasta llegar a los niveles universitarios.

Esta celebración del Día del Maestro nos hace recordar con verdadera alegría y satisfacción que nuestra primera profesión fue justamente la de Maestro de Educación Primaria, misma que ejercimos por el término de dos años, siendo el primero de ellos en Nueva Armenia, F. M. y luego en la Venta del Sur, F.M. en la cual fungí como director de escuela.

Luego la docencia la ejercí por una significativa cantidad de años en la UNAH.

Dada nuestra condición apuntada, queremos señalar que hoy más que nunca y en función de la crisis que se ha vivido en el sector educativo público a nivel primario y secundario, estimamos procedente citar la Oración del Maestro, que literalmente estipula: “Señor… al comenzar un nuevo día, al ver la luz que surge ordenada y quieta, te encomiendo mi labor. Tú me hiciste para esto. Pusiste en mí el fervor, la paciencia, la comprensión. Mi labor es la tuya. Quiero amar a mis muchachos con la misma ternura que Tú amaste tu mundo. Déjame respetarlos con el mismo respeto que Tú tienes al hombre. Déjame conducirlos con la misma destreza que Tú guías tus astros. Quiero ser el ejemplo de tu doctrina pura, quiero ser seguidor de las palabras santas, que pronunció tu Hijo: “Porque cualquier cosa que hiciereis a estos pequeñitos, a mí lo hicisteis”. Llévame por tu senda, dame tu mano fuerte, pon en mis labios mieles de místico consuelo para yo darles a ellos todo lo que desean. Porque dando es como recibimos. Así sea”.

Se trata de una oración de primera y qué lindo sería que los docentes a todos los niveles y obviamente en el caso concreto de lo que ocurre en nuestro país, a nivel primario y secundario, se reflexionara seria y objetivamente y se adoptara un compromiso formal e irrenunciable de cumplir de principio a fin el papel o la función de educar en forma abnegada y sustantiva a los educandos, impartiendo valores de primera y predicando con el ejemplo.
Hoy más que nunca se torna un imperativo categórico la suscripción de un compromiso patriótico, ético y moral por parte de todos los docentes a través de sus organizaciones profesionales, de convertir la educación en el eje central de la transformación cualitativa del país. Ello entrañaría entre otras cosas la dedicación ejemplar a su labor educativa, sin interrupciones de ninguna naturaleza y con una observancia irrestricta de la metodología que impone el proceso enseñanza-aprendizaje.

Somos del criterio que, en función de los avances en el contexto internacional en materia de tecnologías de la información y la comunicación, se torna un imperativo la dotación del Internet y de todo el equipo electrónico requerido en cada uno de los centros del saber, de tal manera que las nuevas generaciones tengan un conocimiento efectivo de las nuevas tecnologías y su consiguiente aplicación. Procedería la incorporación de la bimodalidad: clase virtual y clase presencial e incorporar la clase de inglés como obligatoria desde el propio jardín de niños.

Recuérdese que el maestro (a) enseña cosas maravillosas, que seguramente el educando ni siquiera ha imaginado. Se trata de seres dedicados a su vocación, a su amor y esperanza en sus alumnos (as) a los distintos niveles. Por ello se dice que el maestro (a) se llena de orgullo y satisfacción cuando sus estudiantes alcanzan metas, sueños, al coronar con éxito lo que se había propuesto. La valoración y el reconocimiento de los (as) estudiantes no se hará esperar, pues se trata de algo que queda permanente en nuestra mente, sobre todo cuando recordamos la trayectoria de nuestros mentores.

La labor del maestro (a) la podemos comparar con el accionar en caso de una plantita así: cuando sembramos la semilla no vemos la hora que crezca para disfrutar de su presencia, y por eso le damos todos los cuidados que necesita, como agua, aire y sol. En la docencia: cuando se recibe a un nuevo grupo se ponen muchas expectativas en él y se ofrecen todas las herramientas necesarias para que puedan adquirir las competencias necesarias e implementarlas en su vida diaria.

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