LECCIONES PARA EL PATIO DOMÉSTICO

LO he intentado por todos los medios –se quejó el líder de PSOE compareciendo en la Moncloa– pero me lo han hecho imposible”. Culpó a las “fuerzas conservadoras” y a “una fuerza política de izquierda” la decisión de “bloquear la formación del gobierno que los españoles reclaman”. Después de una investidura fracasada en la cámara de diputados, cuando no pudo conseguir el apoyo de Unidos Podemos, rechazando la pretensión de Pablo Iglesias de colocar a sus nominados en ministerios claves de un gobierno de coalición, se acabó el tiempo para concretar las alianzas. Ya en esta segunda ronda quitó la oferta inicial de la mesa –integrar al gobierno militantes de UP, pero en oficinas técnicas– exigiendo un respaldo de la izquierda radical a la portuguesa. Ello es, no dar sillones en la administración pública sino comprometer a la izquierda más radical –dejándola fuera de los cargos públicos– en torno a 100 propuestas de un programa progresista. El líder del conservador Partido Popular lo contradice: “No ha intentado un acuerdo con ninguna formación política”. Parecido a los reproches del líder de Ciudadanos, quien en los últimos minutos lanzó la oferta de un pacto condicionado a cambio de los votos de abstención de su partido.

Dando a entender que en esta última ronda de conversaciones todo ha sido pantomima, sin intención alguna de llegar a arreglos sino forzar a nuevas elecciones. Solo que cargando la responsabilidad a los demás partidos de llevar a los españoles a una indeseable nueva ronda comicial. En realidad –para un público cada vez más escéptico a la verborrea política– todo ese teatro montado no ha sido otra cosa que apariencias, fingido discurso para influenciar a la opinión pública y un endoso de culpas de unos a otros. Eso pareció trascender de las quejas que cada cual de los líderes de las formaciones políticas fueron a ponerle al rey al ser convocados, por separado, para auscultar la posibilidad de nominar candidato para un nuevo intento de investidura. Una vez finalizada la ronda de contactos, el rey de España no propuso ningún candidato a la investidura como presidente del gobierno. La decisión abre el camino para la repetición de elecciones generales el 10 de noviembre. El próximo lunes 23 se disolverán las dos cámaras del Parlamento y se convocarán los comicios generales. Pero ¿a quiénes convenía realizar nuevas elecciones? Las conjeturas indican que al PSOE. Ello es si lograba ofrecer una coartada convincente. Y a su líder, Pedro Sánchez, que ha venido manejando las riendas del gobierno gracias a una moción de censura contra Mariano Rajoy, el depuesto líder del Partido Popular. Desde la Moncloa, logró capitalizar apoyo popular ganando las últimas elecciones con números superiores a los intentos anteriores.

Arrebatando a Unidos Podemos –la formación que mayores pérdidas ha sufrido en los últimos comicios con riesgo de seguir disminuyendo su caudal electoral en la próxima consulta– una buena tajada de la militancia de la izquierda. Estos empantanamientos del gobierno –como para tomar lecciones de otras experiencias– es cierto, son parte normal del juego democrático. Aunque también consecuencia de la proliferación de partidos. De forma tal que ninguno gana con mayoría absoluta, forzándolos a negociar pedazos del gobierno. En algunas ocasiones alcanzan acuerdos, cediendo a las fuerzas afines espacios dentro de la administración pública, pero, si no hay coyuntura, como ahora, no avanzan por el bloqueo político. Los astros esta vez no se alinearon. En apretada síntesis debido a “la insistencia de Sánchez y el PSOE de formar un gobierno monocolor con apoyo parlamentario de UP, y el empeño de esta formación de entrar en un Ejecutivo de coalición fueron la clave de ese desencuentro”. Mientras, el conservador Partido Popular y el liberal Ciudadanos no mostraron mayor intención de apoyar a Sánchez –ni siquiera con votos de abstención– más que negar pecado en el fracaso. Un nuevo testimonio de lo que cuesta construir consensos. Y aquí en el patio doméstico, cuando se logran –como ha sucedido con la integración de los nuevos entes electorales– no se salva la patria de quienes intentarán satanizarlos para que el pueblo no encuentre rumbo, ni Honduras horizonte de esperanza.