Por Óscar Lanza Rosales
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En Ciudad del Cabo, la segunda en importancia y la primera en turismo -5 millones de visitantes al año- de Sudáfrica, cuna del insigne estadista Nelson Mandela, se ha agudizado la crisis del agua, que se venía generando por la sequía desde 2014, producto del cambio climático, a tal nivel, que en enero de 2018, se dió la voz de alerta que las reservas de agua potable disponible de 13.5%, solo alcanzarían para un trimestre más, y que su población de cuatro millones de habitantes, tenía que someterse a un nuevo estilo de vida, en el uso y manejo del agua, si querían sobrevivir.
Al principio nadie creía en la alerta. La gente como ya había escuchado anuncios similares en años anteriores, no reaccionó ante la alerta. Pero cuando se anunció que solo se permitiría un consumo de 50 litros por día por persona (lpdp) -so pena de sufrir multas de 800 dólares o suspensión del servicio- cuando la costumbre era de unos 300 lpdp, mencionan los reportajes de esta crisis, que la gente entró en pánico, denominándose Día Cero al momento en que los grifos de la ciudad podrían cerrarse.
A pesar de las decisiones que se tomaron para aumentar la oferta de agua y las medidas de ahorro, la población de esa ciudad sigue viviendo una pesadilla inimaginable, al grado de reducir el consumo de 50 a 25 lpdp, a partir de abril 2018, en que todos los habitantes tuvieron que acudir a uno de los 200 puntos colectivos de abastecimiento que se abrieron en la ciudad para recoger su cuota.
Como soluciones, el gobierno instaló plantas de desalinización, realizó proyectos de agua subterránea y programas de reciclaje, que al final funcionaron. Teniendo en mente otras alternativas como la siembra de nubes, recolección de agua del aire e incluso el descabellado remolque de un iceberg de la Antártida de 100 millones de toneladas.
Entre las medidas de ahorro: Prohibió llenar piscinas, lavar coches, regar jardines y todo aquello que suponga un despilfarro de agua. Además, ducharse hasta dos minutos, dentro de piletas, para reciclar el agua en el sanitario; reciclar el agua de lavadoras, pero preferible enviar la ropa a lavanderías industriales que son más eficientes; la ropa ya no se lava después de cada puesta, sino que se pone al sol para que se airee; hasta en el retrete ahorran. Si lo que cae es amarillo no tiran de la cadena, hasta después de 4 orinas; y lavarse las manos con gel desinfectante.
Hasta una de las alcaldesas reveló que solo se duchaba cada tres días.
Los establecimientos comerciales y públicos también tomaron las mismas medidas. Los restaurantes utilizan platos y utensilios desechables, y los hoteles llenan sus piscinas con agua de mar.
Para disminuir el consumo también se estableció un sistema de tarifas escalonadas: A mayor consumo, mayor el precio. El resultado de todas estas medidas es que el consumo de la ciudad se ha reducido a la mitad (2014-2019). Las fugas se han sellado y los sistemas de abastecimiento se han renovado e innovado, recibiendo la ciudad premios por su creatividad.
En esta cruzada de ahorro, todo mundo se sumó a la campaña: las estaciones de radio con información para evitar el desperdicio; los artistas reproduciendo canciones de dos minutos para cronometrar las duchas; una calculadora online para que los residentes calculen su uso diario; y carteles gigantes en las autopistas del nivel de las reservas de agua.
La crisis del agua de esta ciudad aún no ha terminado, pero hay lecciones que aprender:
Se necesitó la amenaza de un día cero sin agua para que la gestión se volviera más eficiente y menos corrupta.
El Estado presente y la concientización de la sociedad fueron claves para sobrellevar la crisis. La gente entendió que el problema era muy grave y que solo se podría sobrevivir con un trabajo conjunto.
El cambio de hábitos para ahorrar agua fue fundamental.
Se reconoce que la crisis es una combinación de sequía, mala planificación y el aumento de la población; acusando al gobierno de no haber actuado a tiempo, y cuando lo hizo fue demasiado tarde.
En nuestra capital ¡iremos por el mismo camino de Ciudad del Cabo! En este mes de septiembre, no ha llovido y está tan caliente como si fuera marzo. Si nuestras autoridades no toman las decisiones y medidas correctas, es muy probable que lleguemos al Día Cero en el próximo verano 2020. Movámonos. Actuemos ahora para que eso no ocurra.