El salón de los espejos

Por José María Leiva Leiva

En sentido amplio, la política es la actividad humana destinada a ordenar jurídicamente la vida social. Por desgracia, el vocablo política también se da en un sentido vulgar, al identificársele con lo útil y lo hábil. De esta manera, existe una creencia reiterada, “que la política es sinónimo de habilidad para comportarse con beneficio propio ante una circunstancia cualquiera; y una cortesía utilitaria que cubre el egoísmo o la codicia; una hipocresía que se cubre de exterioridades, o bien, que condiciona su comportamiento a los fines requeridos, omitiendo la moral en los medios con tal de alcanzar el fin perseguido”.

La política es ciencia, arte, pero los que se valen de ello para lo turbio no son sino un buen puñado de lanas con más cara que espalda (léase sinvergüenzas), que aprovechándose de la ignorancia o el fanatismo ciego de sus incondicionales sempiternos; el cargo que desempeñan; su afán desmedido de poder y la complicidad de un sistema corrupto que les hace el juego, hacen y deshacen a placer. Entonces, ¡qué viva la impunidad carajo!
Desde luego, abundan los chistes o dichos de este tipo de politiqueros que en clave de historieta, sea oral, escrita o gráfica los retrata como lo que son, poniéndolos en total evidencia. Para el caso comparto dos que resultan añejos pero sin perder actualidad. El primero, se enfoca en una visión del fenómeno y actuar político entre regiones y países. Se refiere a que “cuando Dios hizo el mundo, para que los hombres prosperaran, decidió darles dos virtudes: Así a los norteamericanos los hizo ordenados y respetuosos de la ley. A los alemanes, tenaces y estudiosos”.

“A los japoneses, trabajadores y pacientes. A los italianos, grandes pensadores y artistas. Cuando llegó a los latinoamericanos, le dijo al ángel que anotara en una planilla: “Estos van a ser inteligentes, honestos y políticos”. Cuando terminó de hacer el mundo, al ángel le llamó la atención un detalle, y le dijo: Santo Padre, tú has dado a todos los pueblos del mundo dos virtudes, pero a los latinoamericanos les has dado tres. Eso hará que ellos prevalezcan por encima de todos los pueblos del mundo. Caramba, dijo Dios, es cierto, pero como los dones de Dios no deben quitarse, deberemos remediar esto”.

“De ahora en adelante los latinoamericanos conservarán esas tres virtudes, pero para que no prevalezcan sobre los demás, ninguno podrá ejercer más de dos de ellas simultáneamente. Es por eso que desde ese momento el latinoamericano que es político y honesto, no puede ser inteligente; el que es inteligente y político, no puede ser honesto, y el que es inteligente y honesto, jamás podrá ser político”. ¿Y qué tal esta otra perla? “Al padre Pascual le estaban haciendo una cena de despedida por 25 años de trabajo en la parroquia del barrio”.

“Un político miembro de la comunidad fue invitado para dar un breve discurso. Como el político tardaba en llegar, el sacerdote decidió decir unas palabras él mismo para llenar el tiempo. “Mi primera impresión de la parroquia la tuve con la primera confesión que me tocó escuchar. Pensé que me había enviado el obispo a un lugar terrible, ya que la primera persona que se confesó me dijo que se había robado un televisor, que les había robado dinero a sus papás, había robado también en la empresa donde trabajaba, además de tener aventuras sexuales con la esposa de su jefe”.

“También en ocasiones se dedicaba al tráfico y a la venta de drogas. Y para finalizar, confesó que le había transmitido una enfermedad venérea a su propia hermana. Me quedé asombrado, asustadísimo… pero cuando transcurrió un tiempo, fui conociendo más gente y vi que no eran todos así. Vi una parroquia llena de gente responsable, con valores, comprometida con su fe. Y así he vivido los 25 años más maravillosos de mi sacerdocio”. Justamente en este momento llegó el político, por lo que se le dio la palabra”.

“Por supuesto, pidió disculpas por llegar tarde y empezó a hablar diciendo: “Nunca voy a olvidar el primer día que llegó el padre a nuestra parroquia… de hecho, tuve el honor de ser el primero que se confesó con él”.

Señores políticos del palenque criollo, les propongo un interesante reto, visiten de incógnito el Parque Central o el mercado de su localidad. Es preciso que usen una peluca, gafas de sol y ropa casual que entone con las personas sencillas que van a encontrar allí, llámense lustrabotas, canillitas, vendedores o simples parroquianos, de tal forma que sin saber quiénes son ustedes, se ganen su confianza y puedan hablar en total libertad.

Y van a hacerles una sola pregunta: ¿Qué opinan de los políticos nacionales? Prepárense psicológicamente para sus respuestas. Pues entre estas van a encontrar palabras “tesoros” como: chorizos, cínicos, corruptos, estafadores, ladrones, oportunistas, payasos, narcos, sinvergüenzas, come cuando hay, vividores, léperos, mentirosos, arribistas, golpistas… y por supuesto, que no les extrañe que les mencionen a la progenitora de sus días, e incluso les diagnostiquen hasta la plaga que un día les llevará de inquilinos al barrio de los acostados. ¡Recapaciten por el amor de Dios, esto no puede seguir así!